2026-03-09

PERIODISMO

Nelson Castro vivió un escalofriante ataque de misiles en Medio Oriente y corrió por su vida

Nelson Castro corrió por su vida durante un ataque de misiles en Medio Oriente

La noche en Tel Aviv era tranquila y los destellos de las luces en la ciudad coincidían con la tranquilidad en el relato de Nelson Castro. Sin embargo, una calma tan perturbadora sólo presagiaba la inminente tormenta que estaba por venir. La emisión, enfocada en el aumento de la tensión política en Medio Oriente, avanzaba normalmente hasta que resonaron las estridentes sirenas, un ominoso recordatorio que obligó a la acción inmediata.

Nelson Castro, siempre profesional y comprometido con su audiencia, se encontró de repente en una situación que simboliza los peligros invisibles del periodismo en zonas de conflicto. Al escuchar la alarma, mencionó, con una calma tensa, que debía seguir las estrictas normas de seguridad aplicadas en Israel para salvaguardar su vida y la del equipo en caso de un ataque misilístico potencial. Sin más preámbulos, se disculpó con sus televidentes y dejó de transmitirse temporalmente. "Tenemos alarma Franco, tenemos alarma", comunicó velozmente mientras desalojaba la transmisión para dirigirse sin dilataciones al refugio subterráneo junto a su equipo.



El descenso hacia el refugio, cargado de incertidumbre, fue una carrera contra el tiempo. La voz de Nelson seguía narrando el compás del evento mientras cruzaban cada peldaño hacia la seguridad evasiva del subsuelo. "Nos trasladamos diez niveles hacia abajo, está prohibido el uso de cámaras, sólo veremos si algunos equipos consiguen funcionar en este contexto. Estoy camino al refugio," relató en esta improvisada emisión. Bloques de tensión y zumbidos transformaban el entorno en uno de esos momentos en donde el coraje y el deseo de la noticia se solapan inevitablemente.



Al alcanzar el refugio subterráneo del hotel, el nerviosismo cohabitado se mezclaba con un solidario intercambio de miradas y murmullos entre quienes se congregaban. Desde allí, Nelson Castro logró testimoniar las sensaciones y reacciones de las 60 personas que estaban junto a él. En un espacio que difícilmente era distinto del infierno propio de los civiles del conflicto, reportó sobre una comunidad clandestina obligada por las circunstancias. La naturaleza humana brilló a través de la adversidad, pues los presentes buscaban informes de su seguridad y la de los suyos. "Algunos intentan comunicarse con sus familias, otros permanecen en silencio", comentó Nelson, reflejando la desesperante espera por una calma momentánea.



Instantes después, el ominoso resplandor iluminó el cielo nocturno, los misiles fueron registrados por cámaras situadas en otras partes del hotel, provocando una sensación de desasosiego detrás de las paredes que prometían protección. Aunque la sirena continúa marcando el ritmo, Castro relataba los sucesos en directo desde la trinchera improvisada donde intuición noticiosa y angustia sobrevivían juntas. Un episodio del presente que inspira a reflexionar sobre una región acostumbrada al conflicto y las historias de quienes relatan desde el fuego.

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