2026-03-06

Gesta del 7 de Marzo: el recuerdo de los intentos para llevarse las banderas del Imperio del Brasil

El historiador Leonardo Dam habló con Radio Noticias en vísperas a un nuevo recordatorio.

Patagones vive su semana más importante en el calendario, con la Gesta del 7 de Marzo de 1827 más vigente que nunca, la fecha en donde se venció al imperio invasor del Brasil. 

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Leonardo Dam, historiador y actual referente del Museo Histórico Regional Emma Nozzi, dialogó en Radio Noticias y explicó: "Si bien las naves invasoras aparecieron en el horizonte en la desembocadura del río Negro el 25 de febrero, con falsas banderas norteamericanas, se desataron todas las alarmas. Igual la población estaba en alerta desde 1825 porque se había desatado la guerra y este lugar se transformó en una base para los corsarios. Brasil declaró la guerra a las Provincias Unidad del Río de La Plata el 10 de diciembre de 1825 y las Provincias le declararon la guerra el 8 de enero de 1826. Pero el 13 de diciembre del 25 ya apareció Francisco Fourmatin, un corsario muy conocido de aquí, con una nave brasileña apresada y con una patente de Uruguay. Entonces, la guerra llegó acá a tres días de la declaración del Brasil".

En relación a las famosas banderas apropiadas a Brasil, que permanece en la Capilla Nuestra Señora del Carmen maragata, contó: "Hay muchas historias alrededor de las banderas, cuando se iba a hacer el traslado de la capital, el presidente Raúl Alfonsín era un visitante asiduo a Viedma y en Patagones y una vez vino con el presidente de Brasil y hubo un rumor fuerte de que podría devolver las banderas, pero no pasó nada. Aunque sí hubo un intento que duró muchos años del Museo Histórico Nacional, que se conformó con Adolfo Carranza. De una forma poco diplomática, le envió una carta al gobernador de Buenos Aires donde le pidió las banderas porque eran de la Nación y no debían estar acá en el pueblo. El gobernador le reenvió esa nota al intendente, estamos hablando de los últimos años del Siglo XIX, y el intendente tardó en contestar hasta que le dijo que era algo muy caro para el sentimiento de los vecinos y envió la nota al Concejo Deliberante. Se discutió y varios años después dijeron que iban a entregar las banderas, pero como estaban muy lejos y la comunicación era por barcos, pidió que sea con todas las medidas de seguridad y con todos los honores". 

"Pidieron que se envié una corbeta de guerra, que ancle en el pueblo de Patagones, que dispare cañonazos y que todo el cuerpo municipal iba a bajar ceremonialmente para entregar las banderas. Todo esto está nota por nota en los archivos del Museo. Faltaba un pequeño detalle, que tenían que pedírselo al cura párroco, quien dijo que de ninguna manera iba a entregar las banderas, porque era el simple depositario y el dueño era el pueblo de Patagones. Esa fue la última carta y a partir de allí no hubo más insistencia, la situación duró como ocho años", indicó. 

Asimismo, señaló: "Lo llamativo es que hace poco encontramos una serie de telegramas, donde un capitán de corbeta les escribió a sus superiores de Buenos Aires, solicitando instrucciones porque estaba esperando las banderas y no aparecieron. Preguntó si seguía esperando o se iba, la corbeta había sido enviada pero las banderas nunca fueron entregadas". 

Dam precisó: "Las banderas fueron un trofeo de guerra, pero hoy ya para la comunidad es algo que tiene que ver con nuestra identidad y nuestra historia y ya en la década del 40 se resaltó un discurso que dice 'estas banderas ya no son trofeos, sino que son dos brazos abiertos hacia nuestros hermanos brasileños'. Y es lo que representa hoy, además hay que tener en cuenta que esas banderas no representan al pueblo de Brasil, sino al soberano que nació del otro lado del Atlántico, de origen portugués". 

La gesta

El 7 de marzo de 2013, la Legislatura rionegrina pidió rememorar y celebrar en Río Negro la gesta del 7 de marzo, y se propuso incluir en los diseños curriculares de todos los niveles y modalidades de la Educación de Río Negro contenidos y propuestas pedagógicas vinculadas al intento de invasión por parte del imperio del Brasil al Fuerte del Río Negro.

En este sentido, se recordó lo que fue la gesta que hoy sigue siendo motivo de orgullo. En la transcripción completa se expuso que el pequeño fuerte sólo contaba con el auxilio de los corsarios contratados por el gobierno y los negros del “Lavelleja”, que serían los primeros en tomar contacto con el enemigo en la batería de la desembocadura sobre la banda norte del río. Corsarios, negros, los gauchos del capitán baqueano Molina, vecinos y mujeres confluyeron en una sola voluntad frente al peligro de una invasión.

El primer choque de armas se produjo a las 9 de mañana del 28 de febrero de 1827, cuando la infantería de negros del coronel Pereyra abrió fuego de cañón y metralla contra el bergantín el “Escudero” de la Escuadra Imperial del Brasil.

El barco, que enarbolaba la bandera de las Provincias Unidas para engañar a los defensores, izó la bandera de su país al ganar las tranquilas aguas del estacionario, frente al camping que actualmente administra UPCN en el camino hacia “La Baliza” y celebro su victoria.

Detrás de este bergantín ingreso una poderosa corbeta, la “Itaparica”, que traspaso la línea de la defensa sin dificultades porque ya no quedaban municiones para atender la batería ni existían otros medios para enfrentar la agresión. Atrás quedaban los caídos de nuestros defensores: dos negros libertos y el corsario Fiori de origen italiano.

Sobre el mediodía, y en plena bajante, un tercer barco intento franquear la desembocadura, pero quedó varado en los bancos exteriores, impidiendo el desplazamiento de la cuarta nave que avanzaba detrás de él.

A esta altura de los hechos, y sin posibilidades de trabar combate con los invasores, la infantería se replegó en dirección al Fuerte junto a los corsarios de los comandantes Harris, Dautant y Soulín y los hombres del gaucho Molina.

Luego del choque en la desembocadura, y sin que se volviese a producir un nuevo enfrentamiento, el comandante de la corbeta nacional “Chacabuco”, capitán Jorge Santiago Bynon, es designado para ejecutar el plan defensivo, aunque no todos los vecinos están de acuerdo con la decisión adoptada por el jefe militar de El Carmen, el coronel Lacarra. Hay quienes opinan que el Fuerte no puede ser un punto de resistencia y aconsejan armar las naves corsarias para salir al encuentro de los agresores.

El informe de Melchor Gutiérrez será decisivo. Adelantado con un puñado de hombres al escenario controlado por los brasileños, Gutiérrez observa el deplorable estado que presenta la Escuadra por el desconocimiento que sus jefes tenían del río. La suerte de la “Duquesa de Goyaz”, que había varado el 28 de febrero en los bancos exteriores, era irremediable. El oleaje, y el insistente viento proveniente del mar la estaban demoliendo. A su vez, la “Itaparica” presentaba una encalladura en el estacionario. Estas novedades producen un giro en los planes: Bynon debe preparar una escuadra para pasar a la ofensiva y atacar la debilitada fuerza del comandante de origen inglés James Shepherd.

De todos modos, el desconcierto parece reinar entre los defensores. Algunos proponen, como el corsario Doutant, concentrar todas las fuerzas en Patagones y esperar a los brasileños. Otros, como Ambrosio Mitre -padre de Emilio y Bartolmé Mitre-, no confían en la fortaleza de las instalaciones y son partidarios de atacar por el río con las naves corsarias.

Nuestros pioneros no tienen un fondo estratégico para retirarse si el enemigo logra llegar al puerto. ¿Para dónde marchar? ¿Remontar el río con toda la población? ¿Internarse en el campo? ¿A quién acudir en caso de una retirada en pleno confín del mundo? No hay muchas salidas. Con el río bloqueado en poder de los invasores y a mil kilómetros de Buenos Aires, los hombres y mujeres del Fuerte del Río Negro deben pelear por su propia superveniencia.

Pero los hechos que nos interesan destacar comienzan en este punto del relato: luego de permanecer un día en alta mar, la “Constancia” logra atravesar la barra con los sobrevivientes de la “Duquesa de Goyaz” la corbeta insignia de la expedición que se hundió en la desembocadura tras permanecer cinco días encallada en los bancos exteriores.

Sobrepasada en su tonelaje y con el peligro de varar en el estuario, el comandante de la “Constancia” decide un desembarco en las inmediaciones del que hoy se conoce como el “Pescadero” para aligerar su carga y redistribuir a los náufragos en el resto de las naves.

El propósito de los invasores era desembarcar para marchar por tierra hasta la altura del estacionario donde estaba varada la “Itaparica” y el “Escudero”. Pero un grupo de milicianos que tenían la misión de custodiar la margen sur los tomó por sorpresa. Los invasores abandonaron sus botes de desembarco y gran cantidad de pertrechos que inmediatamente fueron incendiados por los defensores.

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