Ciencia ciudadana y pesca con devolución: el modelo rionegrino para proteger tiburones
En las costas de Río Negro, la pesca deportiva de tiburones atraviesa un cambio de paradigma, pasando de la captura con sacrificio a la devolución obligatoria y el monitoreo científico. En ese proceso, el trabajo articulado entre pescadores, organismos provinciales y organizaciones de conservación comienza a mostrar resultados concretos.
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En la mañana de Radio Noticias (105.5), Lucas Albornoz, biólogo radicado en la capital rionegrina desde 2013, integra el subprograma de tiburones y rayas de WCS Argentina, bajo la coordinación del doctor Juan Martín Cuevas. Desde allí impulsa en la región el proyecto de ciencia ciudadana “Conservar Tiburones en Argentina”.
“Nosotros no fomentamos la pesca de tiburón. Trabajamos con pescadores que ya pescan”, aclaró. El eje es transformar la práctica deportiva en una herramienta de generación de datos y conservación, en un contexto donde la actividad es legal en todo el país, aunque en provincias como Río Negro y Buenos Aires está prohibido el sacrificio.
Una ley basada en conocimiento científico
En 2023 Río Negro sancionó la Ley Provincial 5706, que establece la devolución obligatoria al mar de seis especies costeras de grandes tiburones y regula la pesca deportiva marítima. La provincia se convirtió así en la segunda, después de Buenos Aires, en avanzar con una normativa específica.
En paralelo, desde diciembre se colocó cartelería informativa en puntos estratégicos como el Balneario El Cóndor (Viedma) y el Puerto de San Antonio Este, con datos biológicos y reproductivos de especies como cazón, bacota, gatopardo, azul, martillo y escalandrún. El objetivo es explicar por qué son especialmente vulnerables a la presión pesquera.
Los tiburones presentan características que los diferencian de la mayoría de los peces óseos: fecundación interna, pocas crías y crecimiento extremadamente lento. En este sentido, Albornoz ejemplifica con el caso del tiburón bacota, que necesita alrededor de 20 años y superar los 2,20 metros de longitud para alcanzar la madurez sexual. “Son especies muy vulnerables. Si se practica pesca con sacrificio, se compromete seriamente su recuperación”, advirtió.
Un proyecto que impulsa la ciencia ciudadana
El proyecto que coordina WCS Argentina junto al Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata y el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia se apoya en una red de pescadores capacitados.
En Río Negro el trabajo comenzó en 2017. Hoy cuentan con alrededor de 120 pescadores activos en Buenos Aires, Río Negro, Chubut y Santa Cruz, que participan del programa de marcado convencional con devolución.
Los pescadores reciben una etiqueta plástica codificada que se coloca debajo de la aleta dorsal y registran datos clave: especie, sexo, largo total, fecha, sitio de captura y carnada utilizada. También son capacitados en buenas prácticas y en el uso de anzuelo circular, cuyo diseño evita que el anzuelo se clave en órganos internos y favorece que quede alojado en la mandíbula, permitiendo una liberación con mayor probabilidad de supervivencia.
Hasta el momento se registraron cerca de 4.000 tiburones marcados de diez especies (nueve tiburones y un batoideo) y casi 40 recapturas de cuatro especies diferentes: bacota, escalandrún, gatopardo y cazón.
Las recapturas permitieron confirmar patrones migratorios regionales. Se detectaron ejemplares marcados en Argentina que fueron recapturados en Uruguay, y un bacota recapturado en Brasil. “Ahora sabemos a ciencia cierta que nuestros tiburones son los mismos que los de Uruguay y Brasil. Para que las medidas de conservación sean efectivas, los países tienen que dialogar y tomar decisiones coordinadas”, subrayó Albornoz.
Un dato clave para el manejo
Según detalló el especialista, uno de los resultados más significativos del programa es la proporción de sexos, ya que entre el 70% y el 80% de los ejemplares marcados son hembras. El dato, surgido del propio monitoreo, tiene implicancias directas en términos de conservación.
“Si se practica pesca con sacrificio, mayormente se están sacrificando hembras”, explicó el biólogo. En especies de crecimiento lento y baja fecundidad, la pérdida de hembras reproductivas impacta de forma desproporcionada en la dinámica poblacional.
El trabajo en territorio incluye encuentros periódicos con pescadores en Viedma, Patagones, Puerto San Julián, Bahia San Blas, entre otros puntos. La respuesta, según Albornoz, es positiva: “Cuando conocen la situación real de las especies, nadie quiere matar una especie en peligro de extinción por diversión”, cerró.