MEMORIA
Las fotos de cómo lucen los protagonistas de Verano del 98 a 28 años del estreno
El tiempo es un viajero incesante, y en el mundo del espectáculo, pocos pueden eludir su caricia implacable. Sin embargo, hay historias que parecen detenerse en el tiempo, guardadas en la memoria colectiva de quienes las vivieron. Este es el caso de "Verano del 98", una telenovela argentina que, 28 años después de su estreno, sigue resonando en el corazón de quienes fueron testigos de sus dramas y alegrías bajo el sol de Puerto Esperanza.
Al escudriñar las imágenes contemporáneas de sus protagonistas, lo que emerge es algo más que el simple cambio físico. El ejercicio es como abrir un cofre lleno de recuerdos, donde cada rostro es una página viviente de aquella historia que entretejió la vida de muchos jóvenes a fines de los '90. Un verano televisivo eterno. Algunos actores, como Dolores Fonzi, han mantenido una carrera en constante ebullición creativa. Fonzi, desde aquel debut masivo, ha desafiado los límites del teatro y del cine, viajando por un camino que la define en cada nuevo proyecto. Hoy, la cámara le devuelve la imagen de una artista consolidada, una imagen que el público reconoce no solo por los cambios del tiempo, sino por una evolución sostenida que se ha vuelto su sello.
En el espectro de lo transformador, Agustina Cherri ilustra el crecimiento más allá de los estereotipos que el pasado televisivo pudiera haberle impuesto. Su trayectoria ha sido un crescendo de madurez y diversidad actoral, un viaje contemplado a través de cada lente que capturó su esencia entre el ayer y el ahora.
Dentro de este microcosmos de actores que emergieron en los '90, el contraste entre pasado y presente se dibuja con precisión en imágenes. Marcela Kloosterboer y Nancy Dupláa ofrecen capítulos diferentes de esta narrativa compartida. La primera se lanzó a un mar de teatro y televisión, siempre eligiendo el camino con menos centro de reflectores. Dupláa, en cambio, se afianzó en la ribera lumínica del cine y la televisión nacionales, donde su nombre continúa siendo sinónimo de presencia sólida y valorada. Sin embargo, los caminos divergentes comparten un rastro común de intensidad impresa en cada experiencia.
Así como algunos siguieron frente a las cámaras, otros descubrieron su voz interior en vías menos transitadas de la popularidad actoral. Juan Ponce de León, convertido en músico, encarna el espíritu que sobrevive en un vuelo más allá de los escenarios visuales. Para el aniversario, su composición apoyada por la magia de la inteligencia artificial conjuró una danza entre lo que fue y lo que es, un sutra entre las eras que reafirma que hay emociones que no necesitan pantalla para palpitar.
Fernán Mirás ha tejido prudente pero prolífica tela a través de películas y obras que rodean el circuito actoral, consolidándose en un actor que añora reinvenciones. Mientras tanto, Celeste Cid osa desafiar el molde clásico, dibujando andaduras que conspiran con la literatura, proyectos que son susurros personales al mundo que observó madurar desde la pantalla.
Y en este desfile de recuerdos, hay quienes dejaron a la ficción en sí misma, escogiendo caminos fuera del neón escénico hacia viajes interiores como la fotografía, la producción, o un destino lejano que llamaba desde algún rincón del planeta. Estos movimientos permanentes que algunos protagonistas de "Verano del 98" tomaron nos recuerdan que evolucionar puede ser un arte tan magnético como permanecer en la pantalla. Las recientes fotografías no solo exponen el transcurso del tiempo, sino que revelan el espejismo duradero de una era televisiva que, aunque efímera, nunca terminará de emitirse en el corazón de sus espectadores.