REVELACIONES
El desgarrador relato de Soledad Aquino sobre cómo fue enterrar a su primer hijo junto a Marcelo Tinelli
Soledad Aquino ha roto un silencio que mantuvo cerca de cuatro décadas. En una poderosa confesión, la madre abre su corazón sobre un episodio trágico en su vida: la muerte y el entierro de Santiago, su primer hijo, fruto de su relación con el famoso presentador de televisión, Marcelo Tinelli. Este testimonio tan personal se ofreció en un espacio íntimo del ciclo de streaming 'No tan Pronto', conducido por Matías Vázquez, donde la atmósfera se prestaba para verbalizar lo incalculable del sufrimiento humano.
Era el octavo mes de embarazo, justo cuando la esperanza de un nuevo comienzo se palpaba en el aire, cuando el destino tomó un giro inesperado. Una complicación médica apagó abruptamente ese sueño. Soledad Aquino, ya sin fuerzas, quedó confinada a un hospital, mientras su compañero de entonces, Marcelo Tinelli, debió enfrentarse solo al difícil momento del entierro.
Soledad recuerda con dolor el instante en que se enfrentó a la dura realidad. Al ver el pequeño féretro que llevaba el nombre de Santiago, su cuerpo se rindió a la contundencia de la tragedia: "Me desmayé al verlo", relata. Un desmayo que simboliza la parálisis emocional frente a una pérdida que resultaba imposible procesar.
El relato de Aquino también dibuja una imagen conmovedora de Marcelo Tinelli, quien desde otro ángulo del dolor, compartía el duelo. Una madre describe a su hijo deshecho, llorando profundamente por el hijo que no podría ser y por la madre que aún estaba hospitalizada. Cada lágrima compartía una carga de desolación acentuada por la impotencia del momento.
Durante todos estos años, ambos guardaron este dolor en un profundo rincón de sus corazones, un dolor que, como describe Aquino, no albergaba recriminaciones ni deseos de correcciones retrospectivas. El compartir de esta historia se sustenta no en el afán de impactar, sino en el deseo de liberar una herida encajonada en el tiempo.
El valor de la palabra en momentos donde el silencio se vivió como compañía. La historia de Soledad Aquino y Tinelli no fue complaciente en su narración; se ofreció como un cuadro de honestidad pintado con pinceladas de un duelo encapsulado. No buscó cosechar simpatías. Finalmente, el telón de palabras que nunca antes fueron compartidas ha caído, dejando que una parte del tiempo detenido ahora fluya en el río del recuerdo compartido. Así, este relato expuesto al mundo no solo añade una capa de humanidad a los protagonistas, sino que recuerda que el vínculo del dolor compartido, aunque desgarrador, puede ser un puente para encontrar nuevas formas de sanar.