INTERNACIONAL
Cuáles son los objetivos y funciones del Consejo de la Paz creado por Trump
En un movimiento que ha agitado las aguas del panorama político internacional, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado la creación del Consejo de la Paz, una organización destinada a reafirmar el unilateralismo de Washington. Este nuevo consejo, acompañado por solo un puñado de países, incluyendo Argentina bajo la presidencia de Javier Milei, es más que una mera idea nacida en un foro; es una reafirmación de la era Trump en la política global.
El anuncio tuvo lugar en el prestigioso Foro de Davos, un contexto que no es ajeno a las decisiones de alto impacto. Trump, en su inconfundible estilo directo, declaró que el nuevo organismo será un bastión para enfrentar la “ineficiencia crónica” de entidades como la ONU, buscando, según sus palabras, llenar vacíos y romper parálisis diplomáticas en conflictos globales, con especial atención al interminable conflicto en Medio Oriente.
Cabe destacar que, aunque Trump ofreció palabras conciliatorias respecto a la ONU, la estructura del Consejo de la Paz revela un diseño inclinado hacia el dominio estadounidense. Con Trump al mando como presidente vitalicio y un derecho exclusivo a veto para Estados Unidos, el organigrama del consejo remite a un liderazgo centralizado que deja a otros países en una posición secundaria, relegados al cumplimiento de las directrices de Washington.
Según información filtrada por diplomáticos durante el evento, los objetivos declarados del consejo pueden no ser más que la superficie de un proyecto más estratégico y político. Además de su enfoque en Oriente Medio, muchos ven al Consejo como una estrategia para consolidar una agrupación de naciones que apoyen los intereses exteriores de Estados Unidos frente a las potencias adversarias tradicionales como China, Rusia e Irán. La creación de este consejo podría ser el primer paso hacia una nueva reconfiguración de alianzas internacionales.
Finalmente, el compromiso de los países integrantes no es meramente simbólico; requiere también de un aporte financiero significativo. Miembros deben comprometerse con una inversión de mil millones de dólares tras un período de tres años para mantener un puesto permanente. Esto, según críticas, podría limitar la inclusión a naciones con el respaldo financiero suficiente para sostener tal compromiso, excluyendo a muchos por su capacidad económica, pero reclutando aliados en la agenda económica de Trump.