2026-01-17

Una familia fue clave en la confección de la indumentaria de la Regata y sueña con más

Los Beker trabajan largas jornadas con telas para entregar productos de alta calidad. Entre sus pedidos, se destacan la ropa para áreas municipales, de los guardavidas y hasta incluso algunos clubes deportivos. Su historia.

Una historia de amor, de adaptación y de trabajo familiar. Así se puede sintetizar a la familia Beker en un simple renglón. Jorge, Ana y sus hijos Brian y Boris tienen un pequeño emprendimiento de costura con un enorme potencial. Entre sus pedidos destacados, aparecen las remeras a todos los participantes de la reciente 50° de la Regata Internacional del Río Negro, a diferentes áreas municipales de Viedma y de Patagones, a clubes e incluso camisolines a los agentes sanitarios en época de la pandemia de Covid-19. 

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NoticiasNet concurrió al taller con aire de hogar para conocer de cerca esta historia. Ana Moskovic de Beker relató: "Nosotros comenzamos con este emprendimiento de jóvenes, a los 18 años, cuando teníamos un negocio en El Once (Buenos Aires). Hoy tenemos 55 años. Nos conocimos en la secundaria y ya estamos por cumplir 35 años de casados, con dos hijos y uno con discapacidad motriz, Boris, que ya está recibido como licenciado en Informática y es nuestro diseñador. Brian es nuestro hijo mayor y es nuestro bordador oficial. Mi marido y yo somos los confeccionistas, cortadores, tizadores y demás". 

En este sentido, agregó: "Es una pyme familiar, con ganas de crecer. Comenzamos con la confección de indumentaria cuando terminamos la secundaria, nos pusimos un negocio en El Once y fuimos distribuidores de una marca brasileña. Después vinimos con un pequeño negocio en la calle Buenos Aires de Viedma y por circunstancias de la vida tuvimos que cerrar. Luego nació Boris y cambió nuestra condición. Nuestra prioridad fue la salud de mi hijo menor, así que en vez de crecer comercialmente crecimos como familia e hicimos un equipo de cuatro. Le salvamos la vida muchas veces a Boris, porque tuvimos problemas de salud y tuvimos que viajar en avión sanitario de urgencia". 

"Gracias a Dios, quiso que se quede con nosotros y hoy es nuestro diseñador estrella. Se estabilizó, creció intelectualmente y económicamente y es parte de nuestra familia. A partir de ahí, empezamos con la venta mayorista y les vendemos a los estampadores de Viedma o de afuera. Empezamos vendiendo remeras a las personas que tienen emprendimiento de sublimación y luego seguimos en este taller con punto y plano, que nadie lo hace. Los talleres únicamente hacen punto o plano y acá incursionamos en ambas cosas. Hacemos desde pantalones de grafa para oficiales de la policía o de Cotravili y hasta remeras de algodón, buzos y camperas para escuelas o instituciones del Estado como Cultura o Turismo", detalló.

Jorge Beker se refirió a la capacidad de tareas y dijo: "En General recibimos pedidos de 20 para arriba, hay algunos clientes que ya son de muchos años y si nos piden menos se los damos igual. Tratamos de vender cantidades de 500 a 700 remeras, en nuestra zona no abundan estos pedidos, tuvimos en un momento la Correcaminata El Cóndor Ilumina, donde hicimos entre 1.500 y 2.000 remeras, pero Viedma no tiene muchos pedidos, así que estamos tratando de salir afuera para conseguir esa cantidad. Nosotros trabajamos en forma industrial, así que cuanta más cantidad es menor el valor. Estos pedidos los hacemos en dos semanas, con la impresión y la confección". 

La experiencia de la Regata dorada

En relación al pedido de remeras para participantes, para el staff y para la etapa "Finisher" de la 50° Regata del Río Negro, Ana señaló: "Nosotros tratamos de tener la mejor calidad y predisposición de cualquier necesidad que tengan, ya sea de banderas o banderines, remeras de cualquier talle o cualquier cosa. Nosotros somos de perfil bajo, somos de la zona y ellos siempre han dicho que les gusta nuestra producción y predisposición. Como la Regata es de esta zona, les gusta que la confección de las prendas sea de nuestra zona. Nosotros tratamos de que la gente valore lo zonal, mucha gente piensa que lo de afuera es mejor y usan una remera que no saben que está hecha acá". 

Vale subrayar que el matrimonio confecciona la indumentaria de la Regata en forma ininterrumpida desde hace siete años. En ésta última en particular se cerró tarde un último sponsor y el pedido fue recién el 22 de diciembre. De esta manera, Jorge y Ana estuvieron en su taller, con panes dulces y budines mediante, a contrarreloj, pero se respetaron los tiempos de entrega en forma. 

"Tratamos de hacer lo mejor posible y han conseguido un sponsor de último momento, así que corrimos y cumplimos con los plazos. Nos agarró Navidad y Año Nuevo, que cayeron en mitad de semana. Las empresas trabajaron lunes, martes y viernes y no trabajaron más y nosotros nos quedamos dos o tres noches sin dormir, pero cumplimos y entregamos todas las remeras el 6", señaló la madre de la familia.

"Siempre tratamos de cumplir con los clientes y ya llevamos entre seis y diez años con la Regata. Empezamos a hacer las remeras para un intermediario, que después se corrió y nosotros fuimos a hablar por si les gustaba nuestra confección y acá estamos", destacó.

La adaptación en la pandemia del Covid-19

Por otro lado, Jorge recordó a uno de los momentos más difíciles en el mundo, cuando se extendió la pandemia por el coronavirus. En este sentido, mencionó: "Nosotros teníamos el taller en la zona industrial de San Javier, en la entrada, pero no pudimos acceder por las burbujas de la pandemia. Se cerraron Viedma, San Javier y todos lados, por lo que no podíamos ir a trabajar. Nosotros teníamos una semiconstrucción en el fondo de la vivienda y empezamos a trabajar desde acá. A un particular le salió una licitación para proveer al Estado de 130 mil camisolines para los agentes médicos. Estaba desesperado por los camisolines y los barbijos y empezamos a trabajar por los camisolines. Trajimos telas de Buenos Aires, con el transporte El Vasquito que nos ayudó un montón". 
 
Asimismo, precisó: "Uno de mis hijos y un amigo aprendieron a doblar los camisolines por Internet, así que nosotros los confeccionamos y ellos los doblaban, porque tienen una forma específica porque los médicos no lo pueden tocar. Se lo colocan como capas de cebollas, donde los enfermeros se lo ponen y se lo sacan sin tocarlos". 
 
"Mientras estuvimos acá nos fuimos turnando para la confección y después trabajamos a fasón; es decir, le pedíamos los productos por cantidad, les dábamos otros cortes y así. De esa forma, ayudamos a muchas personas a sobrevivir en pandemia y así nació este taller que está acá", puntualizó y completó: "El inicio fue a las corridas, le dijimos al albañil que todavía estaba en construcción que lo termine como sea y cuando nos dejaron pasar a San Javier, con permisos del ministerio de Salud, trajimos las máquinas". 
 
El sueño de estar en el Parque Industrial
 
Los Beker se entusiasman cuando hablan de su trabajo y piensan en grande, puesto que hace varios años están pidiendo una plaza en el Parque Industrial de Viedma. Jorge detalló: "Hace más de diez años que lo estamos pidiendo y los chicos del Parque Industrial ya no saben qué decirnos. Hemos hecho nota, llenamos planillas, nos conocen y el interventor sabe que fabricamos desde hace años. Estamos a la espera, pero la idea es seguir creciendo". 
 
A esto, Ana sumó: "Nuestro conocimiento es amplio y tenemos ganas, queremos empezar a crecer en mayor cantidad y para hacer eso tenemos que tomar más gente, tener más máquinas y tener más espacio. Nosotros podemos trabajar cómodos con una persona más acá, pero en cuanto empezamos a traer rollos de telas necesitamos más depósito. Nosotros pedimos y confeccionamos, pero podríamos conseguir mejores precios de telas comprándole cierta cantidad de metros a las fábricas y no a los distribuidores". 
 
"Cuando es algodón hay que dejarlo descansar y si tenemos grandes cantidades acá no se puede. Tenemos una mesa que debería ser el doble de larga para que nos rinda el trabajo, necesitamos tizadas digitales, ahora hay máquinas patroneras que también necesitarían espacio, buscamos modernización y movimiento", subrayó.
 
Se trata de una familia que quiere invertir en la ciudad y emplear mayor obra de mano local, por lo que necesitan una puerta abierta. "Tenemos fe y esperanza, sabemos que las cosas van a mejorar y por el momento seguimos adelante con nuestros clientes, que siempre vuelven", concluyó Ana.
 
"Por licitaciones, hemos entregado 400 chombas al 911 que tienen seis bordados, a Vialidad Rionegrina 100 chombas, 50 chalecos reflectivos y 100 pantalones y todas a tiempo. Pero podríamos agarrar el doble o el triple de trabajo si tomamos más gente", cerró. 
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