2026-01-09

El pulso de la noche viedmense: cómo la gastronomía y la cultura transforman el verano

Horarios extendidos, nuevos locales y la apuesta por lo cultural marcan una temporada que genera puestos de trabajo y moviliza a locales y turistas.

Cuando el sol baja y el calor del día empieza a ceder, las calles de Viedma cobran una vida distinta. El flujo constante de autos anticipa lo que será una noche movida en los bares y pizzerías de la ciudad. Este fenómeno no es casual; responde a una planificación que los referentes del rubro inician mucho antes de que llegue el primer turista.

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Con la llegada de las altas temperaturas, el sector cervecero y gastronómico de la ciudad vive su etapa de mayor esplendor.  

El despertar de octubre

La experiencia la cuenta "Pate" Fernández, propietario de un cervecería y de una tradicional pizzería céntrica. "A partir de octubre se ve un alza importante de consumo. Es el momento en que abren los locales de temporada; este último mes, por ejemplo, abrieron tres nuevos locales - dos en Patagones y uno en Viedma - que ya nos piden nuestra cerveza", explicó.

La dinámica del verano también altera el reloj biológico de los clientes. Si en invierno a medianoche los locales ya están vacíos, en enero la historia es otra. "A las 12 sigue cayendo gente y terminamos cerrando a la 1 o 2 de la mañana", señaló.

Aunque reconoce un leve receso post-fiestas por las vacaciones de los residentes, asegura que se trabaja "a full" con el turismo corporativo y aquellos que regresan a la ciudad en febrero.

Empleo y profesionalización

El crecimiento del sector no solo se traduce en pintas servidas, sino en empleo genuino. Otro bar cervecero que aún no cumple su primer año, el equipo de trabajo es un reflejo de la magnitud de la operación. Nicolás, uno de sus propietarios, detalla que cuentan con 15 personas fijas: 10 en el salón y cocina durante la noche, un panadero en producción y dos operarios en la fábrica de cerveza, además de los socios gestores.

"La cantidad de gente depende muchísimo del clima. Las noches cálidas, a partir del happy hour (estrategia de venta con bebidas más baratas), el bar se llena y todo el equipo se exige al máximo", comentó. Su propuesta combina la agilidad del servicio (con llamadores que aseguran comida en menos de 15 minutos) con una oferta inclusiva que contempla opciones sin TACC, vegetarianas y una fuerte impronta artística con shows en vivo de músicos locales.

Cultura y reencuentro

Por otro lado, la ciudad ofrece espacios donde la gastronomía es el vehículo de un fin superior: el arte. Octavio Iommi, en el local contiguo a la Fundación Trama Cultural Patagónica, destaca cómo el público se renueva en enero.

"Vuelve mucha gente joven, estudiantes que están afuera y regresan para las fiestas", explicó Iommi. En este espacio, la actividad se activa recién después de las 21:30, cuando la gente regresa del río o del mar. Su propuesta se divide en dos: un patio gastronómico para momentos íntimos y la Sala Eduardo Lemos para conciertos de mayor escala. "Intentamos ser un espacio cultural además de gastronómico", definió.

Un sector que no se detiene

Más allá del cierre simbólico de la temporada cervecera el 7 de marzo, la gastronomía viedmense demuestra una resiliencia particular. Curiosamente, los referentes coinciden en un fenómeno inesperado: el "veranito de julio". Según Fernández, "en julio se trabaja muy bien, es un oasis en pleno invierno".

Entre hamburguesas, pizzas de autor, cervezas artesanales y espectáculos de títeres o música, la noche de Viedma se consolida como un motor económico vital, demostrando que, cuando el sol se oculta, la ciudad recién comienza a despertar.

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