CURIOSIDADES
Cómo fue el día que Lionel Messi visitó Bariloche y lo rebotaron en un boliche
Lionel Messi, el astro del fútbol mundial, es casi sinónimo urbano de idolatría. Sin embargo, hubo un momento en el pasado donde su nombre no garantizaba entradas ni privilegios. Retrocedamos a 2006, un año marcado en la historia del fútbol y en la vida personal del talentoso argentino, para explorar una anécdota inolvidable que lo humanizó ante sus seguidores.
La historia data de un período posterior al Mundial de Alemania. Messi, entonces un joven prometedor del Barcelona, aunque no el ícono que conocemos hoy, decidió descansar en San Carlos de Bariloche junto a su hermano Matías y su primo Emanuel Biancucchi. En búsqueda de un retiro momentáneo lejos de los reflectores, eligió la Patagonia para vivir una experiencia natural, alejada de la presión deportiva.
Durante su tiempo en Bariloche, Messi se adentró en las hermosas postales del Cerro Catedral, contempló la nieve -aunque el contrato con su club le negó aventuras arriesgadas como el esquí-, y disfrutó de una calma que pocos pueden imaginar hoy. A su alrededor, la típica efervescencia turística de Bariloche no se detenía a verlo como figura central, sino como un rostro familiar más entre la multitud.
Una noche, entre risas y momentos compartidos en el hotel, el grupo decidió aventurarse a un boliche próximo, conocido entonces por albergar a numerosos eventos musicales. El destino, quiso que esa velada en particular contara con la presentación en vivo de Emmanuel Horvilleur, algo que generaría un curioso desplante a Messi.
Sorprendentemente, el grupo no ingresó. La razón no fue otra que la política habitual del lugar de no tratamiento especial. Para sorpresa de todos, Messi, bajo las mismas reglas que cualquier otro, quedó privado de acceso temporal. Este rebote invisible podría haber sellado la noche con desilusión, de no ser por la intervención serendipia de músicos presentes, como Carca y Adrián Dárgelos, quienes pusieron sus rostros conocidos para allanar el camino del reclamo.
Dentro todo cambió. Aciagos minutos se convirtieron en alegrías cuando Messi y compañía compartieron entre conversaciones, fotos y la vibrante música en el VIP del boliche. Para Messi, la noche apenas fue otra pequeña aventura dentro del mosaico de experiencias que compondrían su vida llena de pasajes extraordinarios.
El viaje a Bariloche puede contemplarse ahora como una cápsula que guarda ciertas inocencias perdidas en el camino al estrellato. Lionel Messi interactuando en la templanza de un joven que, por un instante, pasó desapercibido como cualquier pasante juvenil. Hoy, una noche de barreras y diversión selle aquella postal de normalidad en la ya mítica narrativa de su vida.