INVESTIGACIÓN
El terrible relato sobre el acoso del marido de Maru Botana a su empleada: “La obligó a…”
La imagen pública de la reconocida pastelera Maru Botana ha sido nuevamente puesta a prueba al enfrentarse a una delicada situación judicial que involucra a su esposo, Bernardo Solá. En un giro inesperado, la denuncia por acoso laboral sacudió no solo a su círculo familiar, sino también a todos aquellos que siguen de cerca la carrera de Botana. Al saltar a la luz esta semana, el caso ha avivado un intenso debate sobre las dinámicas de poder en los ambientes de trabajo y la dificultad de procurar justicia laboral.
El inicio de la polémica está marcado por la revelación que realizó el periodista ÃÂngel de Brito en su programa de televisión. Documentación judicial llegó a sus manos, exponiendo una denuncia efectuada por una ex empleada de la pastelería de Maru Botana, localizada en la calle Echeverría. Según el relato, la mujer sufrió hostigamiento laboral, entre otras deudas salariales, en un contexto marcado por la conducta del esposo de Botana, el ingeniero Bernardo Solá.
Los detalles son contundentes. La acusación apunta a que Solá mantenía comportamientos incómodos para sus empleadas, describiendo un ambiente laboral tóxico donde gestos y miradas cruzaban la delgada línea del respeto profesional. El relato dista mucho de ser circunstancial, describiendo una serie de hechos que acorralaron a la denunciante, incluso afectando su conducta diaria hasta el punto de alterar su apariencia personal al acudir a trabajar.
A pesar de lo perturbador del testimonio, que debió ser enfrentado por los acusados en el tribunal, el caso encontró un desenlace en la forma de acuerdo económico. Sobre este punto, los involucrados gestionaron un arreglo que logró sellar el litigio en términos económicos pero que, sin embargo, deja abiertas numerosas interrogantes sobre el entorno de trabajo creado en el establecimiento gastronómico de Maru Botana.
El procedimiento judicial ha culminado con un acuerdo transaccional con la denunciante, quien reajustó su reclamo, incluía una compensación estimada en 50 millones de pesos teniendo en cuenta los intereses acumulados. El levantamiento del embargo y la resolución amistosa del conflicto parecen poner fin al litigio, aunque el impacto y las cuestionamientos éticos sobre el proceder laboral continuarán resonando con fuerza.