TRANSFORMACIÓN
Así está hoy Julieta Fazzari, la “chancle” de Grande Pa que se alejó para siempre de los medios
Durante los ’90, una adolescente de rulos y sonrisa tímida se volvió parte del ADN televisivo argentino desde su rol de “Angie”, una de las protagonistas del boom televisivo de la época. Julieta Fazzari quedó grabada en la memoria emocional de quienes crecieron con Grande Pa, aquel fenómeno que marcó a la tele y que todavía hoy despierta nostalgia.
Su personaje era tan familiar como el de sus compañeras Nancy Anka y Gabriela Allegue, las hijas de Arturo Puig en la tira disparaba el rating de Telefe por las nubes. Años más tarde, Julieta contaría en una entrevista un detalle que explicaba su vocación temprana: “Yo quería ser actriz y empecé a estudiar cuando tenía 6 años. Fue un remo contra corriente…”. Pero la popularidad no siempre abre puertas; a veces, simplemente confunde el camino.
Todo cambió cuando apareció en su vida Octavio Borro, recordado por su paso por Jugate Conmigo. Se conocieron trabajando en una gira de El mago de Oz y lo que empezó como una amistad teatral terminó en una historia compartida. Con él armó una vida nómada, de rutas, escenarios y hasta playas panameñas donde vendían artesanías mientras criaban a sus hijas, Nina y Mila, hoy adolescentes.
Ese movimiento constante terminó alejándola de los sets. Y cuando la tele quedó detrás del horizonte, Julieta sintió que no la extrañaba. Lo dijo sin rodeos en una nota reciente: “La verdad es que tampoco me llamaban… Hoy por hoy estoy bien como estoy”. Fue un cierre sin escándalos, casi un susurro: una actriz que se fue apagando del circuito sin enojo, sin golpes de puerta y sin arrepentimiento.
Con el tiempo, la familia se instaló en Quilmes. Allí, lejos del vértigo mediático, ella encontró otra velocidad para vivir. Siguió vinculada al arte, pero desde otro lugar: simultaneó la música con la maternidad, sin urgencias por volver a un set ni a un camarín.
En redes mantiene un perfil discreto. Cada tanto aparece con una guitarra, o compartiendo escenas cotidianas de una vida que eligió ser simple. La popularidad quedó atrás y no parece necesitarla. Lo suyo ahora es otra cosa: calma, afectos y proyectos pequeños pero propios.
Sin embargo, el recuerdo insiste. Para quienes crecieron con ella en la pantalla de los ’90, verla sigue generando un impacto inmediato. También para quienes vuelven a encontrar capítulos sueltos de la tira de Telefe en alguna repetición perdida y reconocen de inmediato esa cara adolescente.
Hoy, con 46 años y más de dos décadas junto a Octavio, Julieta Fazzari no busca regresar ni reivindicarse. Su historia se acomodó lejos del show, pero nunca del corazón de quienes la vieron crecer. La “chancle” de una generación que eligió otro destino, y encontró en él su mejor versión.