Qué se puede hacer con residuos domésticos y lombrices
Una especie a la que le afecta la luz, de menos de dos gramos de peso y que puede medir hasta ocho centímetros nació para reciclar y generar menor polución ambiental en el planeta. Todo lo que come se transforma en nutrientes que puede servir para la producción de tierra fértil.
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Se trata de la lombriz roja californiana (Eisenia foetida) es una especie de lombriz de tierra que, aunque su nombre sugiere un origen estadounidense, en realidad es europea, y se le llama así porque fue en California donde se iniciaron sus primeros criaderos y estudios científicos. Estas lombrices son muy prolíficas.
Comen desechos y se puede utilizar también como señuelo para los peces. Al desplazarse por el suelo o una maceta de grandes dimensiones crean túneles que mejoran la aireación, la absorción de agua y evitan la compactación de la tierra.
Comiendo una ración diaria que tiende a su propio peso, de ella, un 55% se traduce en abono, lo que hace muy interesante en su caso la lombricultura, dando lugar a la producción de humus que se puede usar en huertos y jardines.
Manos a la obra
Como son una excelente herramienta para reciclar residuos orgánicos domiciliarios, desde el Centro Universitario Regional Zona Atlántica y Sur (Curzas), dependiente de la Universidad Nacional del Comahue (Unco), se puso en valor una interesante iniciativa.
La herramienta para llegar a la comunidad es el proyecto de extensión denominado “Residuos y lombricompostaje” que buscar impulsar prácticas sustentables en barrios de Viedma junto a la municipalidad capitalina y el gobierno provincial.
A partir del miércoles 5 de noviembre desde las 15, vecinos de los barrios Norte, San Roque y Jardín 3 comenzarán a participar de esta iniciativa de manejo de residuos orgánicos a través de capacitaciones. Concretamente, separación en origen y lombricompostaje, tanto en los hogares como en espacios comunitarios.
El proyecto está dirigido por la docente e investigadora Graciela Pellejero con el acompañamiento de la agrónoma Teresa Doñate. Fue seleccionado dentro del Programa de Financiamiento Extensión Universitaria para el Desarrollo de Río Negro, con un presupuesto provincial de 10 millones de pesos para su ejecución hasta diciembre de 2026.
La doctora en Agronomía Graciela Pellejero explicó que la iniciativa “busca reducir el impacto ambiental, fortalecer el vínculo entre la comunidad y la universidad, y valorizar los residuos como recursos”, destacando que “queremos que la comunidad se acerque a las aulas y que habite este espacio que es de todos”.
Aclaró que el trabajo no se limita a las capacitaciones teóricas porque “incluye la visita de alumnos y docentes al barrio, a las casas de los vecinos, para enseñarles cómo armar las cunas o cajones para el lombricompostaje”. “Son actividades prácticas que hacemos en territorio y que fortalecen el lazo entre universidad y comunidad”, explicó.
El equipo ya firmó un acta acuerdo con la Municipalidad de Viedma y trabaja junto a la Secretaría de Ambiente local. En noviembre también se prevé la participación de estudiantes en una jornada binacional sobre Investigación y Extensión en Cinco Saltos, donde presentarán los avances del proyecto.
Una práctica cotidiana con impacto ambiental
La ciudad de Viedma genera diariamente un importante volumen de residuos sólidos urbanos: cada persona produce en promedio un kilo por día, y al menos la mitad corresponde a desechos orgánicos. La falta de separación en origen y de educación ambiental dificulta su tratamiento y sobrecarga el sistema municipal de recolección, además de generar impactos negativos sobre la salud y el entorno.
Desde el proyecto, el objetivo es revertir esa situación con herramientas simples, accesibles y sostenibles.
“La experiencia es muy enriquecedora porque nos permite aprender, poner en práctica e intercambiar conocimientos con la comunidad”, comentó Gimena Busnadiego, una de las estudiantes que participa del proyecto. “Con el lombricompostaje reducimos gran parte de los residuos que generamos y obtenemos un producto útil para macetas, huertas y jardines. Lo más valioso es entender que la sustentabilidad no es algo lejano, sino que puede empezar en casa con pequeñas acciones”, definió.
Por su parte, el alumno Lucas Gallego destacó la dimensión educativa y social de la propuesta. “Transmitir biotecnologías como el compostaje y el lombricompostaje es fundamental para evitar que los residuos terminen contaminando el ambiente. Este proyecto abre oportunidades de aprendizaje y acercamiento a la comunidad, formando futuros extensionistas que sigan difundiendo estas prácticas sustentables”, expresó.
Universidad, comunidad y Estado: una alianza para la sustentabilidad
El proyecto “Residuos y lombricompostaje” representa una alianza concreta entre la universidad, el Estado y la comunidad, orientada a promover una cultura ambiental más responsable y a fortalecer la relación entre el conocimiento académico y la vida cotidiana de los barrios.
A través de la educación ambiental y la extensión universitaria, la iniciativa busca convertir un problema urbano en una oportunidad colectiva: transformar los residuos en recursos, y el aprendizaje en una práctica viva que une a la ciudad con su universidad