2025-10-07

La conmovedora liberación de Kamin y Kurag, los cóndores que ya están en los cielos de la costa marítima de Río Negro

El operativo lo encabezó un Programa de Conservación consolidando más de dos décadas de trabajo.

En un rincón de la costa patagónica, donde la estepa y parte de la meseta de Somuncurá se encuentran con el mar, Kamin y Kuraq, dos cóndores andinos juveniles nacidos en el marco del Programa de Conservación del Cóndor Andino (PCCA), fueron liberados esta semana en Sierra Pailemán.

A ese trampolín serrano de Río Negro llegaron luego de completar un puntilloso proceso de adaptación al entorno natural. Con esta ceremonia, que causa gran emoción entre los presentes, ya son 70 los cóndores sin experiencia de vuelo reintroducidos en la región.

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Daniela Rodríguez, bióloga del Ecoparque y parte del equipo técnico del programa, en el marco de esta puesta en valor, dialogó con NoticiasNet: “La liberación en bandada en Pailemán es un hito. Es la número 20 que realizamos desde 2003, y marca el resultado de un esfuerzo sostenido, técnico y comprometido. Pero aún hay mucho por hacer”.

Los cóndores, de aproximadamente un año y medio de edad, se instalaron en agosto en la provincia, provenientes de la Unidad de Proyectos Especiales (UPE), que funciona en el Ecoparque Interactivo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Luego de un período de adaptación en la base operativa de Sierra Pailemán, finalmente fueron liberados el fin de semana pasado, en un operativo que reunió a equipos técnicos, investigadores y voluntarios comprometidos con la conservación.

No obstante, el Programa de Conservación del Cóndor Andino, es un esfuerzo permanente y sostenido que inició en 1991 y trabaja en varios frentes: rescate, rehabilitación, incubación, cría en aislamiento humano, reintroducción, seguimiento poblacional y campañas educativas.

“El cóndor es una especie muy longeva, tenemos registros de ejemplares que vivieron más de 80 años en cautiverio. Alcanzan la madurez sexual recién entre los 8 y 10 años, por lo que cada individuo liberado representa una apuesta a largo plazo por la recuperación de la especie”, detalló la especialista.

En este sentido, Rodríguez fue clara sobre la liberación. Atraviesan una fase clave antes de recuperar su libertad: dos meses de aclimatación en una plataforma de liberación construida en plena sierra muy cerca de Somuncurá.

“Trabajamos con un aislamiento humano obsesivo. No queremos que los animales busquen al humano, sino que se comporten como cóndores” se refirió a los rescatados. Mientras que los nacidos en cautiverio, ya sea de forma parental y/o artificial son criados con ciertas particularidades “usamos títeres de látex para criarlos, cuando crecen y una vez en la plataforma, los seguimos a campo con radiotransmisores y monoculares desde refugios camuflados” mencionó la experta.

Una especie en peligro

El cóndor andino (Vultur gryphus) cumple una función ecológica vital: como ave carroñera, colabora con la limpieza del ambiente al consumir restos de animales muertos, frenando la propagación de enfermedades y permitiendo que otros carroñeros accedan a la carroña. Puede consumir hasta 4 kg de restos por día y almacenar alimento en su buche. Su pico fuerte y preciso le permite abrir el cuero de grandes animales, lo que lo convierte en una pieza central del ecosistema.

Además de su importancia ecológica, el cóndor ocupa un lugar sagrado en la cosmovisión de numerosos pueblos originarios a lo largo de Sudamérica.

Sin embargo, el mayor enemigo de esta majestuosa ave es el ser humano. La práctica ilegal del uso de cebos tóxicos, un veneno utilizado para controlar predadores en áreas rurales, se mantiene como la principal causa de muerte no natural en la especie. Pese a las leyes nacionales y provinciales que prohíben esta metodología, su implementación continúa. La urgencia de sanciones más severas y de una legislación nacional sobre trazabilidad y prescripción de sustancias tóxicas se vuelve indispensable.

Que se puede hacer para contribuir a la solución

-Evitá el uso de cebos tóxicos en áreas rurales y denunciá su utilización a las autoridades.
-Apoyá iniciativas de conservación y compartí información confiable.
-Promové una legislación más estricta que penalice estos delitos ambientales.
-Sumate a la red de ciudadanos que defienden la vida silvestre.

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