CONFESIONES
El escalofriante relato de Roly Serrano sobre la vez que casi se quita la vida por amor: “Estuve a punto”
En una sociedad que a menudo premia los triunfos y aplaude el éxito, pocas veces se detiene a pensar en las cicatrices que ocultan las semblanzas triunfantes. Tal es el caso de Roly Serrano, quien recientemente dejó a un lado sus facetas de actor para abrir el cofre de los recuerdos más personales y dolorosos que determinan lo que hoy, a sus 70 años, es: un sobreviviente. Hombre de sonrisa amplia y carácter entrañable, esconde tras bambalinas historias que consolidan no solo al artista, sino al ser humano que busca seguir adelante pese a las tormentas.
Recordado por sus icónicos personajes en series y películas de renombre nacional como "El Marginal", "Los Simuladores" y "Nueve Reinas", ha sido el verdadero personaje de ese drama del cual es imposible esquivarse: la vida misma. Con lágrimas en los ojos y una verdad a flor de piel, Roly Serrano confesó a Héctor Maugeri en una entrevista exclusiva para +CARAS el episodio más oscuro con el que le tocó lidiar.
Allí, entre el titilar de luces y sombras, aparece Claudia, la mujer que llegó para dejar una marca imborrable en su vida. Compañera por más de dos décadas, lograron juntos desafiar las adversidades que se interponen en la búsqueda de la felicidad. Pero la dicha se tornó pesadilla en el momento en que a Claudia le diagnosticaron leucemia, enfermedad que selló el destino de ambos de una forma desgarradora. "Era mi lucha, pero más doloroso aún porque sabía que no iba a poder ganarla", narra Roly, evocando un amargo sentimiento de impotencia al recordar el viaje inexorable hacia una despedida que casi lo lleva a quitarse la vida.
Ese mismo amor a Claudia que lo endulzó también lo ahogó en la desesperanza cuando se le escapó entre las manos. "Estuve a un paso de tirarme al río, de buscarle fin a mi dolor" -revela Serrano-, verbalizando en voz alta aquellos pensamientos clandestinos y teñidos de desperación. Sin embargo, el corazón del artista halló un rincón de resiliencia, optando por un camino de autodestrucción temporal que acarrearía nuevas preocupaciones para su salud. Poco después del fallecimiento de su amor incondicional, quien le brinda un contundente rapapolvo de realidad termina por ser el afamado nutricionista Alberto Cormillot, que con tenacidad lo saca de la pendiente hacia la autolesión más devastadora.
Sobreponerse del cúmulo de pérdidas que ha conocido desde joven, comenzando por una infancia que recuerdan sus orígenes de Guachipas en Salta, ha sido para Serrano una prueba cotidiana que tantas veces ha despertado en su interior alertas y marcha contramarchas. Su vida es testigo de que sobre la resiliencia crece la felicidad futura, haciendo de cada caída una nueva piedra sobre la cual erigir aprendizajes a tono de redención y paz.
Habiendo alcanzado el prestigio actoral que tantas veces acaricia mentes y almas en la industria nacional, la esencia verdadera de su relato se asienta en las batallas personales. Callejones que exigen gritar y, a su vez, sopesar con tranquilidad para salvarse desde el abismo. Como un espejo que reverbera vidas que parecen olvidadas, Serrano dialoga con el público, dejando esa gatante pregunta retumbar con eco categóricamente compartido. ¿Cómo levantarse tras el paso de las adversidades más abrumadoras? La respuesta la has pronunciado con firmeza: sonreír y vivir cada día al máximo, aún cuando nuestros pilares se ausenten, para seguir englobando esta ardua y a la vez hermosa suma de experiencias llamada "vida".