¿Corren riesgo los tiburones en el golfo San Matías?
El golfo San Matías es hogar de 14 especies de tiburones y se consolida como una zona clave para la biodiversidad marina. Investigadores advierten sobre su rol ecológico y la urgencia de reforzar su protección.
Entre las costas de El Cóndor y San Antonio Oeste se extiende un corredor marino que alberga una riqueza biológica única en Argentina. Allí, esa gran entrada del mar en tierra firma, la segunda más grande del país, concentra una notable diversidad de especies marinas, entre ellas 14 variedades de tiburones que hoy enfrentan serias amenazas producto de la pesca incidental y los cambios en su hábitat.
La doctora Nidia Marina Coller, vicedirectora del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos (CIMAS) y referente del Grupo Condros, subraya el rol ecológico de los tiburones y rayas en este ecosistema. “Son depredadores tope que regulan otras poblaciones de peces y su presencia indica la salud del ecosistema”, explicó.
Desde hace décadas, el golfo San Matías es reconocido como zona de cría y hábitat para especies como el pez gallo (Callorhinchus callorynchus), y en la actualidad ha sido categorizado como Área de Importancia para Tiburones y Rayas (ISRA, por sus siglas en inglés). Además, forma parte de las Áreas Importantes para Mamíferos Marinos (IMMA), según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), consolidando su valor a escala internacional.
El corredor marino que une a El Cóndor con San Antonio Oeste es hábitat de los llamados “cinco grandes”: delfines, lobos marinos, ballenas, orcas y tiburones. Especies como el cazón (Galeorhinus galeus), el gatuzo (Mustelus schmitti), el bacota (Carcharhinus brachyurus) y el tiburón gatopardo (Notorynchus cepedianus) son comunes en estas aguas. Muchas de ellas se encuentran hoy en peligro crítico, según la IUCN.
La pesca, aunque dirigida principalmente a otras especies, representa la principal amenaza para tiburones y rayas, que son capturados de forma incidental. “Existen medidas de mitigación, pero es difícil controlar el impacto de la pesca industrial sobre estas especies”, señaló Coller. A esto se suman las alteraciones en el hábitat y los efectos del cambio climático.
Pese a este panorama, existen esfuerzos en marcha. En 2009 se implementó a nivel nacional el Plan de Acción para la Conservación y Manejo de Condrictios (PAN-Tiburones), y en 2020 Río Negro dictó una resolución provincial que impone medidas como la devolución al mar de ejemplares vivos, límites de captura y prohibiciones específicas para evitar daños durante la pesca.
La investigadora también destaca la importancia de cambiar la mirada social sobre los tiburones, históricamente estigmatizados. “Hay que valorar su rol en los ecosistemas. Entender sus ciclos de vida nos permite comprender por qué su conservación es vital”, concluyó.
El caso del bacota es ilustrativo: una hembra tarda más de 20 años en reproducirse, con una gestación de 12 meses y apenas 20 crías por camada. Su baja tasa de reproducción lo convierte en una especie especialmente vulnerable.
El golfo San Matías no sólo representa un reservorio de biodiversidad, sino también un termómetro de la salud marina en la región. Proteger sus especies no es solo una cuestión ambiental: es asegurar el equilibrio ecológico de uno de los espacios marinos más valiosos del país.