PASIÓN
Historia de amor: cómo fue el primer encuentro entre Carla Peterson y Martín Lousteau
En el complejo tejido de historias de amor que el destino teje, la historia entre Carla Peterson y Martín Lousteau agrega un colorido tapiz de sutil desarrollo y eventual júbilo. Al igual que un vino fino que necesita tiempo para desarrollar su esencia, el romance entre la actriz y el economista fue una danza cautelosa que evolucionó lentamente, en contraste con los arrebatos tempestuosos que otras historias pueden mostrar. La recordada actriz Carla Peterson rememoró aquellos inicios con detalles que raramente se ofrecen al público, revelando cómo su relación con el actual senador de Buenos Aires encontró su arranque en la paciencia, intrigante persistencia y un ligero toque de destino que parecía determinado a unirlos.
En medio de un bullicioso día, Carla Peterson abrió su corazón en una amigable charla con Claudia Fontán y Guido Kaczka durante una entrevista radial. Allí, dejó claro que conquistas como la suya no se logran de la noche a la mañana. Le tomaron a Lousteau varios acercamientos invitándola a salir antes de que la actriz finalmente aceptara. Corría el año 2011, época en la que todos los ojos estaban puestos sobre ellos. Carla seguía cosechando momentos gloriosos en la pantalla chica, mientras que Martín Lousteau hacía eco de su paso por el Ministerio de Economía argentino, todavía llenando titulares tras el conflicto agrícola de 2008.
El puente que cruzaron ambos se trazó gracias a la actriz Eleonora Wexler, orquestrando su primer encuentro en el escenario público donde ambos navegaban en ferviente exposición. Carla, sin embargo, permanecía reacia en cierta manera, disuadiendo más de una invitación, manteniendo una postura que sugería que no era fácil impresionarla. El verdadero enlace se formó de manera bastante esporádica un día rutinario, al verla absorta por un programa de política económica, un simple instante que plantó la semilla de la duda: quizás valía la pena considerar conocerlo más allá de las salas de reunión.
Como admitió Peterson, este no fue un flechazo cegador. Su interés genuino se despertó gracias al carácter deliberado de Lousteau, su capacidad para articular de manera clara sus preceptos y la manera profundamente reflexiva que utilizaba para abordar cuestiones complejas le ganó un especial lugar en su corazón. Tanto así que, en medio de un sencillo viaje a Estados Unidos durante los estudios de Lousteau en la prestigiosa Universidad de Yale, la pareja jugueteó con la idea de un matrimonio apresurado, sin reglas primordiales, que se hizo realidad de manera bastante sorpresiva incluso para ellos.