REVELACIONES
Rocío Marengo habló del sufrimiento detrás de su embarazo: “Estaba acostumbrada a…”
Después de años de lucha silenciosa, Rocío Marengo atraviesa uno de los momentos más felices de su vida: está embarazada de Eduardo Fort y cursa la semana 19 de gestación. La noticia la dio hace unas semanas y todavía resuena fuerte, sobre todo porque el camino hasta llegar acá estuvo lleno de tropiezos, frustraciones y tratamientos que la pusieron a prueba una y otra vez.
En la mesa de Mirtha Legrand, Rocío decidió abrir su corazón y contar lo que hubo detrás de esa sonrisa radiante que hoy la acompaña. “Pasaron cinco años desde que empecé a buscarlo, y terminamos haciendo tratamiento in vitro”, relató en La noche de Mirtha (El Trece), con la emoción todavía a flor de piel.
La rubia no escondió ante las cámaras lo que significó transitar ese proceso: “Yo estaba acostumbrada a las piñas, a los ´no´, a ´volvé el lunes´. Todo el tratamiento es muy invasivo”. Así recordó la mediática aquel día en el que su médica le confirmó que, finalmente, el resultado era positivo, un momento que eligió dar a conocer primero en Chile, país donde es muy querida y famosísima desde hace años por su paso por la televisión.
Entre pinchazos, medicación y viajes de un país al otro, Rocío también tuvo que resignar parte de su carrera. “Me pasaba que tal vez tenía programas en Chile y el lunes tenía que estar acá para darme una inyección o para que me monitoreen, fue muy agotador”, explicó sobre la exigencia física y emocional que atravesó.
Por ese motivo, más de una vez Rocío se bajó de proyectos laborales. Si bien ella aseguró que siempre fue de ponerle mucho entusiasmo a todo, a pesar de las molestias, reconoció que tanto ponerle el cuerpo a sus tratamientos para ser madre terminó agotándola y bajoneándola, por lo que en varias oportunidades no tenía fuerzas para ir a trabajar.
Durante esos cinco años de intentos infructuosos, ella y su pareja agotaron todas las opciones: “Primero hicimos baja complejidad, después medicación y al final terminamos haciendo in vitro”. Y aunque asegura que siempre se esforzó en mantener la mente positiva, reconoce que el desgaste fue enorme.
Hoy, a los 45 años, Rocío puede hablar desde otro lugar. “Al principio tuve náuseas y mucho sueño. Dormía unas siestas terribles, el cuerpo cambia mucho”, contó sobre las primeras semanas de embarazo, que revolucionaron a toda la familia Fort. “Los hijos de él se lo tomaron con mucha alegría. Ya piensan en los nombres”, reveló entre risas.
Y sumó un detalle especial sobre los hijos del recordado Ricardo Fort: “Feli, el sobrino de Edu, se anotó primero para ser padrino, y Martita sería la madrina, mi gran compañera de tratamiento, ella me bancó mucho”.