Claudia Chaves, su historia de vida en la Cámara de Comercio de Viedma, donde dejó un legado
En los lugares de trabajo suelen tejerse historias de vida que traspasan las fronteras de las oficinas. Cuando uno está en el lugar indicado, y disfruta del ambiente laboral, de la camaradería y tareas, es allí que la perspectiva de lo que se va construyendo diariamente cobra otro sentido, sobre todo, cuando llega el momento de decir adiós, de despedirse de esa rutina.
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Este es el caso de Claudia Chaves, una histórica empleada de la Cámara de Comercio de Viedma, donde dejó su esencia e impronta tras su jubilación. Con toda una trayectoria dentro de la institución como secretaria administrativa, su nombre está escrito en la memoria de quienes compartieron tiempo con ella, y estampado simbólicamente en cada pared del edificio.
Claudia ingresó a trabajar el 9 de enero de 1990, cuando tenía 24 años. Sí, se acuerda la fecha exacta, un dato que no muchos tienen fresco en la memoria. Y allí donde empieza a gestarse este sentido de pertenencia que supo ir armando a lo largo de su estadía en la entidad.
“Tomó contacto conmigo un miembro de comisión directiva. El primer tiempo fue difícil, tiempo de aprendizaje. Yo venía de trabajar en ventas de un comercio, no sabía nada de trabajo administrativo, solo escribir a máquina. De a poco fui aprendiendo porque cuando tenés ganas de trabajar y aprender todo es posible. En esa época era presidente Carlos Zunzunegui”, le contó Chaves a NoticiasNet.
Consultada sobre los presidentes que vio pasar durante su estadía, sin titubear, y en orden, soltó: Carlos Zunzunegui, Daniel Fernández, Abel Degliantoni, Agustín Moggio, Hugo Reppucci, Juan Gazzia, Marco Magnanelli y por último Giselle Iacarino y Martin Lemos.
Sobre sus recuerdos, mencionó: “En estos años han pasado muchas comisiones. También compartí espacio físico con otras instituciones, obras sociales y entes de gobierno. Con la gran mayoría tuve una excelente relación y al día de hoy tengo contacto con algunos. Y voy a destacar muy en especial a dos personas con las que compartí mucho tiempo y de las cuales aprendí un montón: Sergio Peluffo y Cholo Aguirre. Dos señores.
“Siempre fue un gusto trabajar junto a personas que tenían bien en claro cuál era su responsabilidad para con la Cámara. Sabían que cuando asumían ese compromiso era para el bien común de la gente a la que representaban. Que en la institución debían dejar el ego en la puerta. Se trabajaba con respeto, amabilidad, con valores que hoy muchos desconocen", sumó Claudia.
En la búsqueda constante dentro de su memoria, aparecen nombre que, para ella, merecen ser reconocidos dentro de su recorrido. “También destacó a quienes ya ni están, pero fueron personas muy importantes para la entidad y para mí: Daniel Fernández, Betty Villanueva, Hugo Carlos y el ingeniero Juan Gazia. Siempre en mi corazón. Todos teníamos la camiseta puesta”.
Pero, como en todo, llega el momento de despedirse. De dar un paso al costado para darle lugar a otras pasiones. Entregarle parte del tiempo a otras cuestiones. En el caso de Claudia, no lo dudó: “Hoy me dedico a mi familia. Soy abuela a full”.
Sobre esa decisión, mencionó: “Ya hacía un tiempo que venía con ganas de jubilarme. Creía que mi tiempo estaba cumplido había que dejar el espacio para quien quisiera trabajar. Cuando hice el tramite estaba feliz porque por algunas circunstancias ya no podía seguir más”.
Sin embargo, y más allá de la decisión que tomó, hubo una fecha que se transformó en un quiebre: “Fue cuando me llego el mail con el aviso que a partir del 17 de julio ya sería jubilada. Me dio un poco de angustia porque terminaba con una parte de mi historia, pero a la vez me sentí liberada”.