“Me iba a volar la cabeza”: testimonio de un testigo clave en el intento de homicidio en San Javier
Esta mañana se desarrolló la primera audiencia en el juicio contra Richard González Conrado, un paraguayo de 35 años, que disparó a matar contra un jornalero de 27 años en San Javier. Marcos Quiroga, víctima del ataque, perdió un brazo en una amputación posterior y su calidad de vida nunca volvió a ser igual.
En medio de la discusión, seguida del grave ataque, estuvo involucrado otro trabajador de la cebolla identificado como Francisco Amaya. Él quiso separar a las partes y casi fue apuñalado.
Vía Zoom, dio su testimonio, desde la provincia de Córdoba, donde está trabajando en la cosecha de la papa. Amaya reconoció que este caso lo afectó profundamente en lo emocional: “Estuve con mucho miedo y no quiero volver más a ese lugar. Yo todos los años iba, me sentía bien, hacia mi platita y volvía. Estuve en Guardia Mitre para la cebolla, no me sentí bien y me vine a Córdoba para la papa”, comentó.
Vale subrayar que mientras hablaba Amaya, González Conrado susurró por lo bajo “Pibe chorro”, en alusión al declarante. Esas palabras sólo pudieron ser escuchadas por el cronista de este medio y el guardia que estaba detrás, ya que fue un susurro.
Qué pasó esa madrugada
Ante la pregunta de la fiscal Mariana Giammona, en torno a cómo fueron los hechos, mencionó: “Nosotros estábamos en el bar, lo trajimos a Marcos y nos fuimos a comer un lomo pizza en la casa. Escuchamos que Marcos salió afuera y estaba en una discusión. El paraguayo nos dijo que Marcos le tiró con un ladrillo al auto, pero yo no vi nada, llegué cuando ya estaba la discusión. Yo le dije a Conrado que lo deje, que era al pedo que tengamos una discusión”.
Lejos de calmarse, “me sacó corriendo con un cuchillo, caí y salí para un costado. Se reía y mis compañeros empezaron a tirar piedras. Luego Conrado se fue y volvió con un arma de fuego. Nosotros estábamos sentados en la casa, con chicos y apareció con una escopeta. Yo le vi el arma, agarré a Claudia (otra de las participantes de la sobremesa), a las chicas que estaban ahí, y el único que quedó afuera y no alcanzó a entrar fue Marcos Quiroga”.
“Richard gritó para que salgamos, ninguno salió porque vimos que estaba con un arma. Lo hizo arrodillar a Quiroga, rompió vidrios con la culata del arma y hasta rompió los vidrios donde estaban dos nenas. Dio vueltas, no se animó a entrar, dio cuatro pasos para atrás y le disparó a Quiroga. Salió corriendo y no sé a donde habrá ido”, prosiguió su testimonio.
“El lugar era una casa esquina, a la vuelta tenía cosas de madera. En esa casa vivían Manuel Gramajo (un compañero de trabajo) con sus dos nenas de 1 y 5 años, Quiroga, Claudia Gramajo con su novio, y yo”, comentó en cuanto a la composición familiar.
Sintió que pudo ser él
En otro orden de la declaración, Amaya dijo que González Conrado “se puso ciego” y que lo sacó corriendo con un puñal de doble filo antes de dispararle a Quiroga. Alcanzó a zafar porque un compañero gritó y lo distrajo. “Yo pensé que me mataba. No sé cómo me soltó, los otros le tiraron piedras. Él vivía a la vuelta, así que se fue corriendo. Al principio estaba con una chica, tratamos de evitar problemas y lo primero que hizo fue sacar un cuchillo”, narró.
“Le dio el auto a la chica y quedó solo. Salió corriendo hasta su casa, no pasaron ni cinco minutos que se fue y volvió. Yo pude mirar a través de una abertura de la cerradura y estaba con un arma. Golpeó la pieza de frente, me asomé a la puerta y vi que efectuó un disparo a seis pasos de distancia. Después del disparo, esperé que se vaya porque si no me iba a volar la cabeza”, remarcó.
“Quedé shockeado, sentí que si me quedaba afuera el tiro iba a ser para mí. Marcos me pidió que no lo dejara tirado, hacía mucho frío y nos decía cosas como despidiéndose de nosotros, que abriguemos a las niñas. Lo pusimos para un costado. Físicamente tenía un disparo de atrás y no quise tocar mucho, tenía todo abierto, me dio mucha impresión”, amplió.
“Había mucha sangre, en un momento se durmió y pensé que se había ido. Era un arma calibre 12 o 16, recortada”, acotó.
La defensa oficial sólo le hizo preguntas de rigor y lo más sustancial fue cuando le consultaron si se conocían con González Conrado. Allí negó todo: “No, nunca tuve contacto, sé que vivía a la vuelta de la casa. Mis compañeros habían trabajado con él, pero yo nunca tuve trato con ese hombre”.