2025-07-18

“Me metí entre los escombros”: el relato de un sanantoniense que fue rescatista en el atentado de la Amia

Enrique Dowbley tenía 21 años y no dudó en actuar. Hasta desestimó una orden de un superior de la Cruz Roja, con el fin de socorrer a las víctimas.

Hoy se cumplen 31 años del atentado terrorista más grande en la Argentina: contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia). El hecho se produjo con un coche bomba, el 18 de julio de 1994 en Buenos Aires, causó 85 muertes y dejó a más de 300 heridos.

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En medio de este caos, un sanatoniense fue protagonista: Enrique Dowbley. Era estudiante de Educación Física en la Universidad de La Plata, en esa fecha tenía apenas 21 años y no dudó en actuar cuando se enteró del atentado.

Dowbley hoy pertenece a la actividad de la pesca artesanal y actualmente representante al sector, en aquel momento era trabajador temporario como guardavidas en Rio Negro durante el verano.

Enrique relató su vivencia en el diario "El Día" de La Plata. Contó que se dirigió inmediatamente a la Cruz Roja Argentina para ofrecerse como voluntario. Junto a otros dos jóvenes, Manuel y Silvia, fue enviado a la sede central de la organización en Capital Federal.

Al llegar al lugar del atentado alrededor de las 17 horas, Enrique fue asignado a tareas de logística, como llevar agua y comida al personal de Bomberos y médicos que trabajaban en el rescate.

 Sin embargo, su deseo era colaborar de manera más directa. “Quería ayudar a sacar escombros”, relató. Ante la negativa del coordinador de la Cruz Roja, quien le indicó que los voluntarios no estaban autorizados para esa labor, Enrique decidió actuar por su cuenta. “Me metí entre los escombros y empecé a juntar restos del derrumbe, junto a los bomberos, pero ya no como miembro de la Cruz Roja, sino como voluntario particular”, explicó

Durante las 24 horas que permaneció en el lugar, no solo removió escombros, sino que también realizó tareas de apoyo, como reparar las ruedas de los tractores dañados, buscar tubos de oxígeno y transportar medicamentos hacia la sede provisoria de la Amia en la calle Ayacucho.

Además, ayudó a periodistas que cubrían el evento, llevándoles alimentos y agua en baldes para evitar que perdieran sus lugares de trabajo.

Terminó con un evidente cansancio, pero con la satisfacción de haber cumplido con su deber, Enrique destacó la Importancia de la solidaridad en momentos de tragedia. “Apenas me enteré de lo que había pasado, supe que tenía que estar ahí”, afirmó.

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