Los submarinos nazis en las costas de Viedma y un misterio que continúa vigente
La Fundación Histarmar y el periodista cazador de nazis Abel Basti continúan la cruzada de mantener vivo el enigma de la aparición de submarinos alemanes tras la segunda guerra mundial y la caída de Adolf Hitler.
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La Patagonia, esa vasta y remota región del sur de Argentina y Chile, no solo es famosa por sus impresionantes paisajes naturales y su rica biodiversidad, sino que también alberga una serie de historias que han alimentado la curiosidad popular. Una de las narrativas más fascinantes que ha cobrado vida en los últimos años es la supuesta llegada de nazis a la Patagonia, especialmente en la costa de Viedma, donde se habla de submarinos hundidos y secretos oscuros. ¿Hay algo de realidad en todo esto?
La historia de los nazis en la Patagonia comienza a ganar fuerza después de la Segunda Guerra Mundial, cuando varias teorías conspirativas comenzaron a circular sobre la fuga de altos mandos del régimen de Hitler. Se dice que algunos encontraron refugio en rincones recónditos de Sudamérica, entre ellos Argentina. La idea de que estos fugitivos pudieran haber llegado a la costa de Viedma, utilizando submarinos para desembarcar, añade un halo de misterio a la narrativa.
A lo largo de los años, testimonios de algunos ancianos que recuerdan relatos familiares han alimentado aún más esta creencia. Sin embargo, es importante señalar que la evidencia concreta es escasa. La mayoría de las historias se basan en rumores, anécdotas y relatos que no siempre tienen un respaldo sólido.
Uno de los elementos centrales de esta narrativa son los submarinos supuestamente hundidos en la región de Caleta de los Loros, a tan solo 120 kilómetros de Viedma. Los rumores sugieren que estos submarinos eran utilizados para transportar a nazis que huían de Europa. A lo largo de las décadas, varios grupos han intentado localizar estos restos sumergidos, pero hasta la fecha, no se ha encontrado evidencia concluyente sobre su existencia.
Las expediciones han arrojado más preguntas que respuestas. ¿Existía realmente una red de submarinos operando bajo las aguas de la Patagonia? O, ¿son simplemente elementos de una historia que se ha distorsionado con el tiempo? La falta de pruebas tangibles refuerza la teoría de que mucho de lo que se escucha puede ser más ficción que realidad.
Testimonios y relatos: la voz de unos pocos
A pesar de la escasez de evidencia concreta, algunas personas siguen afirmando tener conocimiento de la presencia de nazis en la región. Pocos, muy pocos, pueden ofrecer testimonios directos, pero esas voces son suficientes para alimentar la curiosidad. Estos relatos suelen estar llenos de detalles vívidos, que pintan un cuadro intrigante de encuentros clandestinos y actividades secretas. Sin embargo, al analizar estas historias, es fundamental cuestionar la veracidad de los relatos y considerar la posibilidad de que muchos sean producto de la imaginación o el deseo de contribuir a una narrativa emocionante.
En principio, la delgada línea entre la historia y la leyenda la planteó la señora de Paesani, quien desde su ventana en el casco de la estancia Bahía Creek vio cómo dos embarcaciones se dirigían hacia la caleta, pasada la guerra, tras lo cual desaparecieron. Hay algunas señales que se entrelazan.
Entre la década del ’40 y del 50, los alemanes –a través de Lahusen- tenían en la zona de la costa rionegrina unas 30.000 hectáreas de campo, que luego de la contienda bélica comenzaron a desprenderse de ella dando lugar a la compra por parte de familias viedmenses.
Si bien en ese momento, era común encontrar latas de combustible con la svástica, en la memoria colectiva se mantiene una leyenda de que a que un poblador, ubicado frente a la caleta- de apellido Nazabal, se le aparecieron en el casco de la estancia, una noche unos sujetos de origen alemán solicitando ayuda. El hombre está fallecido y quizás se llevó a la tumba el secreto a voces en virtud de que nunca se pudo verificar.
En su momento, Irma Veiguela de Stábile, contó a una productora televisiva porteña su experiencia sobre los submarinos, sin embargo en la propia familia se descree del hallazgo. En consulta con NoticiasNet, su hijo Guillermo fue categórico: “si a mí mamá le seguías la corriente, capaz que te llevaba a dar una vuelta en submarino".
Puede haber falta de evidencia concluyente y el predominio de relatos no verificables que presentan un desafío para quienes buscan separar la realidad de la ficción. Sin embargo, Roberto Yunes, propietario de un campo entre Nueva León y Winter, dijo haber visto sobre la playa una estructura de cemento –ya hundida- en la que se decía que allí con marea baja atracaban los submarinos, y que supuestamente, recibían apoyo de tierra de los propietarios alemanes.
Tal vez nunca se sepa toda la verdad detrás de estos misterios de la Patagonia, pero su existencia nos recuerda cómo la historia puede transformarse en leyenda y cómo los rumores pueden crear un mundo lleno de intriga. Sin embargo, la organización no gubernamental Histarmar ha publicado recientemente los resultados de las investigaciones que se hicieron a fines de la década del ’90, y que bien reflejó en páginas de La Mañana del Sur y Ámbito Financiero, el reconocido periodista Abel Basti.
Antecedentes de vieja data
10 de julio de 1945: luego de la rendición de Alemania, se entregó en Mar del Plata el submarino U-530, comandado por Otto Wermuth.
25 de julio de 1945: un informe secreto de la Armada señaló la presencia de un submarino en el área de Claromecó. Se dispuso un patrullaje aéreo y naval en la zona.
Entre julio y agosto de 1945: otros documentos secretos de la Armada Argentina reseñan la presencia de periscopios o de submarinos en las playas de Necochea y de San Clemente del Tuyú. 17 de agosto de 1945: un segundo submarino alemán se entregó en Mar del Plata: fue el U-977 comandado por Heinz Schaeffer.
Noviembre de 1996: un equipo liderado por el uruguayo Tony Brochado se sumergió en las aguas de Caleta de Los Loros, en aguas de San Antonio Oeste, en Río Negro, y contó con la colaboración del piloto Mario Chironi, que en 1957, sobrevolando la zona con un avión Piper PA 11, avistó la silueta de barcos sumergidos. Basti consiguió el testimonio de Chironi, también fallecido.
Hechos y conjeturas
Histarmar recordó que ambos matutinos enviaron a un grupo de reporteros por toda la región tratando de tomar contacto con testigos de avistajes de submarinos en 1945, grabaron y registraron todas las entrevistas. La mayoría de la gente de esa época ya había fallecido y lo que encontraron mayormente fueron historias de terceros, pero nada concreto. Basti sigue hasta estos días tratando de desbrozar lo ocurrido.
Siguieron no obstante adelante y en diciembre de 1998 tomaron contacto con la Fundación Albenga para realizar una investigación electrónica del sitio de Caleta de los Loros. Se arregló el pago de los costos de la operación por medio de Ambito Financiero. Albenga se puso en contacto con científicos de la Universidad Tecnológica de Noruega (NTNU) quienes aceptaron y comenzó un proyecto conjunto, por el cual se trajeron en forma temporal un sonar de barrido lateral de la NTNU y especialistas en su manejo.
Como resultados no se halló nada, aunque la búsqueda se realizó en forma científica y completa, investigándose al año siguiente en una nueva campaña los sitios con un equipo de buzos. Las lecturas de magnetómetro son por grandes formaciones de conchillas que tienen componentes férricos y también por afloraciones de hierro que hay en toda la zona marítima, ubicada a 140 kilómetros de Viedma.