Los perros de Odorología y su trabajo clave para echar luz en hechos delictivos
En la calle Puente Viejo de Viedma, en un alejado y perdido lugar para quienes no conocen a la ciudad de memoria, funciona el centro de la Sección Canes de la Policía de Río Negro. Allí se lleva a cabo un silencioso e importante trabajo por parte del área de Odorología.
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Esta especialidad es una técnica forense que se enfoca en el estudio de los olores, especialmente en el contexto de la investigación criminal, para identificar a individuos o determinar la pertenencia de objetos a una persona.
En la práctica, se basa en la capacidad de ciertos animales, como los perros, para detectar y diferenciar olores individuales, conocidos como "odorotipos". Estos odorotipos, según algunos estudios, son únicos para cada persona y están influenciados por factores como la genética, la dieta y el ambiente.
NoticiasNet tomó contacto allí con la sargento ayudante Claudia Castro, técnica superior en Criminalística y encargada de Odorología en Viedma. Con más de 20 años de experiencia como adiestradora canina, y responsables de alrededor de 30 pericias por año, una cifra única e incluso colaboran con otras provincias como Chubut.
El procedimiento es conciso. Los canes ingresan a una sala con cinco muestras (cuatro escogidas al azar y una de la escena del crimen). Les dan una prueba de olor del sospechoso del crimen y allí la vinculan o no a las moléculas extraídas en el campo. Primero pasa uno de los perros y después le sigue un segundo para tener una ratificación. Si es necesario, puede pasar un tercero para una segunda confirmación.
Las muestras de olor de los sospechosos se cambian de lugar, tal como se puede ver en un video con dos pastores belgas malinois ("Apolo" y "Hera") en acción. Pero el resultado es el mismo.
Los canes trabajan con un guía, como binomios, como una patrulla con una pareja de compañeros. El suboficial Principal Gastón Chiappes con "Apolo" (que con nueve años tiene más de 450 pericias realizadas), la Cabo Primero Estefanía Blanch con "Hera", la Sargento Primero Cristina Castro con "Adonis", la Sargento Primero María José Chico con "Zeus" para rastros específicos, y se suma al staff la cachorra "Atenea" que prontamente estará en funciones.
"Si el policía humano se toma licencia o está fuera por cuestiones de salud, el can que lo acompaña también tiene su descanso, hacen labores a la par", dijo Castro.
Asimismo, hizo la distinción de que los animales "son perros de laboratorio, no viajan como los perros de rastro donde tienen que ir y venir. Estos perros también trabajan con el olor humano, pero con otra técnica. Yo me sorprendo todos los días con ellos y hacemos trabajo de investigación. Por ejemplo, en El Bolsón llamaron un día a la 1 de la mañana, no querían que secuestremos una camioneta, usaron hisopos, mandaron las muestras con una orden judicial y dos de las tres personas dieron positivos, detectaron sus compuestos orgánicos volátiles de esas personas en ese vehículo".
"Ellos detectan lo que manipula cada persona, que tiene un olor único y está comprobado científicamente. Tienen el poder de discriminarlo, el principal órgano del perro es el olfato y ellos ven la vida con eso, por eso dicen que la nariz del perro son los ojos del alma", indicó poéticamente.
Los perros no se equivocan
Castro contó que hubo muchas resoluciones a partir de lo que encontraron con muestras de olor. El crimen más importante, develado con esta práctica, fue el del femicidio de Karen Álvarez. La niña tenía 14 años, cuando fue encontrada muerta en un descampado el 26 de octubre de 2014. Uno de los perros caminó durante 15 kilómetros y se dirigió hasta el domicilio de uno de los femicidas: Carlos Mobilio.
Cuatro años antes, en 2010, los perros contribuyeron a esclarecer otro resonante crimen en Viedma. Se trata del asesinato de Carlos Heisler en una vivienda de la calle Esandi del barrio San Martín. La sospechosa y un compinche idearon un macabro plan y lo mataron tras golpearlo en la cabeza. Los canes identificaron rápidamente moléculas en las armas homicidas y sirvieron para reconstruir la escena, que en primera instancia se creía que era un intento de robo.
Así también se han resuelto otros hechos donde los asesinos mienten acerca de su coartada. Los caninos marcan con 100 por ciento de eficacia en qué elementos han dejado sus huellas o si estuvieron en un determinado lugar.
Castro detalló: "A la odorología no la toman como una prueba, pero sí la toman como un indicio. Los perros marcan compuestos orgánicos volátiles en un elemento o un lugar del hecho, vincula a una persona o a más en el lugar del hecho. Ellos no dicen si la golpeó o la mató a la víctima, pero ubican en un lugar las muestras. Esto va de la mano con otras evidencias, como por ejemplo con las vainas servidas".
Sobre este último punto, la especialista puntualizó: "Nosotros hicimos una investigación porque se decía que con el calor del arma no quedaba ni ADN ni compuestos orgánicos volátiles en las vainas servidas. Hicimos un año y medio de investigación y comprobamos que en las vainas no se encuentra ADN, pero sí quedan compuestos orgánicos. Entonces, nosotros tenemos muchos abusos de armas y usamos eso. Por ejemplo, en el homicidio de Jonathan Caracciolo tuvimos 50 vainas para trabajar".
Un párrafo aparte se merece el detrás de escena del trabajo de Castro, ya que tiene en su casa a cuatro de los cinco perros ("Hera" vive con su hermana). De hecho, "Apolo" está próximo a jubilarse al cumplir una década de vida y mantendrá a este pastor belga malinois por sus propios medios. Un claro ejemplo de vocación y de amor por estos compañeros con un gran olfato.