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Las fotos de la increíble mansión en la que viven Florencia Bertotti y Federico Amador
Florencia Bertotti y Federico Amador, dos queridos artistas del ámbito argentino, han construido a lo largo de los años un refugio que no solo refleja su estilo y personalidad, sino que también se adapta a sus necesidades como pareja y familia. La transformación de su residencia en una mansión encantadora es patrimonio de sus elecciones, convirtiendo cada rincón en un espacio donde encontrarse y disfrutar momentos juntos.
Uno de los espacios más significativos de esta increíble propiedad es la cocina, que se destaca por su espíritu acogedor y funcionalidad. Aunque muchas veces este lugar pasa desapercibido en las reestructuraciones de las casas, para Florencia Bertotti y Federico la cocina es vital, un verdadero escenario en el que cocinar se convierte en una forma de expresión. El equilibrio se logra gracias a la elección de paredes y muebles blancos que intensifican la luz natural, potenciando la interacción en un ambiente cálido y armonioso. Las superficies de mármol aportan sofisticación, mientras que electrodomésticos y vajilla complementan la estética asequible y práctica.
Adyacente a esta atmósfera culinaria se extiende un elegante y amplio living. Este espacio es evidencia de combinaciones cosmopolitas que no sacrifican calidez por modernidad. Un generoso sofá de tonos claros se erige como el protagonista, complementado por almohadones en suaves tonalidades tierra y rosa pastel. Detalles complementarios como una alfombra con motivos orientales y una mesa ratona también en mármol blanco aportan elegancia y configuran la personalidad del lugar. Sin embargo, es el rincón con la guitarra de Federico lo que subraya el uso personal del espacio, nodos donde ambos miembros de la pareja dejan su marca.
El dormitorio principal de Florencia y Federico ilustra cómo se conserva la esencia del hogar en un espacio íntimo. La elección de colores claros es un tema recurrente de la casa, acompañado de elegantes detalles como plantas y una selección de arte visual en tonos verdes que aportan frescura y vida. Una original lámpara colgante destaca en el techo, aportando un toque contemporáneo indispensable. Todo acompaña al baño en suite que comparte los mismos principios decorativos, permitiendo que el minimalismo y la funcionalidad creen un pequeño oasis de relajación, donde la madera y pequeñas decoraciones convierten este espacio en un santuario personal.
Finalmente, el diseño del hall refleja el concepto de hogar abierto y arraigado en las interacciones cotidianas. Aquí, sombreros estilizados se exhiben en las paredes mientras un banco de madera acoge a los visitantes o funciona como un refugio transitorio. Este lazo de bienvenida sencilla se ve acentuado por zapatos cuidadosamente organizados, un gesto que simboliza la hospitalidad de este núcleo familiar. Todas estas decisiones demuestran cómo es posible infundir vida y autenticidad en cada esquina de una casa, haciendo de la coexistencia y el confort los verdaderos protagonistas.