Ana Estrabou, el nombre de una cineasta viedmense que no tiene techo
La joven cineasta de Viedma, Ana Estrabou no para de crecer en este arte y ahora está brindando talleres en la Junta Vecinal del barrio Lavalle.
Comenzó a estudiar cine en 2020, en plena pandemia del Covid-19. Apenas un año después, en 2021, se hizo acreedora del premio La Picasa LAB, que es un programa de formación para proyectos en desarrollo, con su primer guion Amen. Y, en 2023, realizó sus primeros cortometrajes en formato videominuto, los cuales fueron seleccionados en festivales tanto a nivel nacional como internacional.
Asimismo, su producción Yena, fue el único título argentino de la 20ª edición de FEST— New Directors, festival de cine y evento de formación que se celebró el año pasado en la ciudad de Espinho, Portugal.
Más allá de este talento en la dirección de cine, ahora se puso del otro lado del mostrador, como docente formadora, ya que brinda talleres todos los martes y jueves, de 17 a 19 horas, en la Junta Vecinal de las calles 13 y 18.
El cine a los barrios
Lamentablemente, muchas veces se asocia al barrio Lavalle con las crónicas policiales, sin tener en cuenta sus potencialidades.
Le consultamos a Ana sobre la idea de abrir este curso en la periferia de Viedma y mencionó: “Fue una propuesta que trajo Renzo Ortiz, el jefe del área Audiovisual y Visual del Centro Cultural. La idea es poder conectar los barrios con nuevas propuestas artísticas culturales como por ejemplo en este caso el cine y que los jóvenes conozcan nuevos lenguajes artísticos”.
En este sentido, amplió: “Está dirigido a personas desde los 15 años en adelante. Pueden venir sin experiencia previa. La idea es abordar temáticas que surjan ahí, de acuerdo al interés de los que hagan el taller”, a la vez que amplió que “la idea es eficientizar los recursos y hacer con lo que se tiene, que sea más bajado a tierra y no delirarse con grandes ideas que después no puedan materializarse”.
La entusiasta artista determinó que esta es una oportunidad “para abrir un mundo, quizás desconocido desde lo laboral o un oficio. También es una manera de conectar con el juego, el disfrute, la imaginación y la creatividad, como un espacio terapéutico y de autoconocimiento que nos lleva a mejorarnos como seres humanos y darle otro cáliz a la vida”.
Todo comenzó con producciones en un VHS
Estrabou viene del mundo de la fotografía, de las artes visuales, por lo que tiene un toque especial a la hora de comandar sus direcciones.
Sobre su puntapié inicial, recordó: “Yo vengo del mundo más visual, estudié Artes Visuales en la Escuela Alcides Biagetti de Patagones, pero también hice teatro y títeres. Como que siempre estuve conectada con ese mundo. De hecho, con mi hermano y mis amigos nos juntábamos a escribir cuentos y a filmar con una cámara VHS historias en mi adolescencia”.
“De chica, mi mamá me leía mucho, mirábamos películas y todo lo que fomentara ese lado de la vida estaba bastante presente. Creo que mi formación en artes visuales influyó en mi búsqueda de lo estéticamente ‘bello’, no en el sentido hegemónico de la palabra”, puntualizó.
Respecto a cuáles son las cuestiones que tiene en cuenta a la hora de rodar, resaltó: “Trato de tomar lo que me sirva, no importa realmente de quién, es una cuestión de que me emocione y diga – ‘esto lo quiero’-. Trato de quedarme con lo más cercano, porque si me voy a lo lejano se vuelve inalcanzable y no quiero que sea así”.
“El cine es tan complejo y tan caro que si me comparo con grandes realizadores no sería justo. Últimamente por ejemplo me encontré con videos de animación de RociÌo Quillahuaman que me encantan. Puedo decir que mi película favorita es Once de John carney, la elijo porque es sencilla y me emociona. Y quizás eso es con lo que trato de identificarme”, destacó.
Por último, en relación a cómo ve el cine patagónico y especialmente el de la comarca Viedma-Patagones, precisó: “Pienso que hay muchos artistas acá que le ponen corazón, y eso lo compartimos por igual. Hace poco se hizo el Festival Internacional de Cine Social del Río Negro Festival organizado por Sebastián Labaronne y Luciano Nacci, que es un trabajo bárbaro, me parece muy noble y un acto de servicio realmente admirable”.
A la par, ponderó también a la Casita de Nehuen, “un taller de cine en el barrio Guido que los chicos filman y realizan sus historias. Creo que el cine tiene esa magia que lo hace tan único y especial, por algo es el “séptimo arte”; involucra tantas aristas y campos que en su complejidad se vuelve tan desafiante y encantador”.