EL DATO
Alberto Cormillot explicó por qué las harinas son tan adictivas
Incontables veces, al observar una pizza dorada o disfrutar de una baguette crujiente, surge la pregunta inevitable: ¿por qué las harinas ejercen tal poder sobre nuestras elecciones alimentarias? El afamado médico nutricionista Alberto Cormillot vertió luz sobre este fenómeno en su reciente intervención en el programa 'Cuestión de Peso'.
Con singular claridad y respaldado por años de investigación, Cormillot desentrañó los componentes psicológicos y biológicos detrás de esta adicción moderna. Todo cobró fuerza al ilustrar la experiencia de José, un participante del reality y empleado de una pizzería, inmerso en un entorno profeso de tentaciones farináceas. "El ser humano", inició Cormillot, "por naturaleza busca aquello que le proveerá la mayor cantidad de energía en el menor tiempo posible." Con la voz de quien ha enseñado a generaciones sobre nutrición consciente, Cormillot agregó: "La agricultura marcó un hito que impulsó el sobrepeso, con el hombre descubriendo cómo convertir granos en suculentas formas de pan hace ya 12 mil años."
A medida que desglosaba el proceso físico de ingerir harinas al ilustrar un sencillo gráfico, Cormillot explicó que los hidratos de carbono de rápida absorción elevan el azúcar en sangre a gran velocidad, solo para dejarlo caer de la misma forma repentina, enviando señales de más hambre al cerebro. Verradarmente contrastante es el efecto de los carbohidratos complejos, como aquellos presentes en las verduras, que generan un aumento paulatino de azúcar mucho menos agresivo.
El auge temporal de glucosa genera una reacción en cadena en nuestro cuerpo. Según expuso Cormillot, "el páncreas responde dinámicamente, segrega insulina ante esta elevada carga glicémica. Prolongar este ciclo puede derivar en una fatiga pancreática, sumando a esto el riesgo silencioso de la resistencia a la insulina, precursor a la diabetes tipo 2."
Enfrentando esta dura realidad, el enfoque propuesto para José no conlleva abandonar las harinas abruptamente dado su entorno laboral, sino un ajuste paulatino. Arrancando su camino hacia una vida más sana, se le permitió a José una concesión honesta: disfrutar de dos empanadas diarias, un pacto entre el placer y la moderación, a la espera de cambios más saludables a mediano plazo, configurando así un retrato realista del proceso de desintoxicación del consumo excesivo de harinas.