Barriletes gigantes hipnotizaron El Cóndor en una jornada mágica del Festival del Viento
El cielo del balneario El Cóndor se transformó este sábado en una galería en movimiento que dejó a todos sin aliento. Fue en la tercera jornada del Festival del Viento, cuando los barriletes gigantes comenzaron a tomar vuelo desde las 10 de la mañana, en una postal que mezcló asombro, alegría y una conexión profunda con la naturaleza.
El evento arrancó temprano con preparativos coloridos y el despliegue oficial programado para las 11. Desde ese momento, todo fue magia en el aire: criaturas fantásticas, formas abstractas y figuras descomunales danzaron al ritmo del viento, guiadas por manos expertas y miradas curiosas.
Mientras tanto, en tierra, la feria de artesanos y emprendedores volvió a brillar tras una pausa obligada el día anterior por el exceso de viento. Esta vez, el clima acompañó con un sol amable y una brisa justa para volar sueños. Las familias recorrieron la costa entre risas, mates compartidos y tentadoras propuestas gastronómicas.
La experiencia fue mucho más que un espectáculo visual. Fue un homenaje al viento como fuerza vital, como aliado en vez de obstáculo.
El Cóndor se volvió, por un día, un rincón suspendido en el tiempo. Allí donde los barriletes gigantes flotaban como criaturas de otro mundo, las voces se elevaban entre canciones y exclamaciones de asombro. No había un rumbo fijo: solo la danza del viento marcando el compás de un viaje que, para muchos, quedará en el recuerdo como una postal imborrable.
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