2025-04-06

ESTILO

Así es la mansión de Soledad Pastorutti en Arequito

El oasis de Soledad Pastorutti

Soledad Pastorutti, una de las voces más queridas de Argentina, ha sabido perfectamente cómo equilibrar su vida profesional con un entorno que le lleva de regreso a sus raíces. Con una agenda que la tiene constantemente viajando por toda la nación, es en Arequito donde Pastorutti ha decidido asentarse y construir su refugio ideal. La elección no fue casual ni impulsiva, sino una declaración de su amor por las calles y paisajes que la vieron nacer.

A pesar de su gran éxito en la escena musical, mantener un pie en su tierra natal fue siempre su deseo. Arequito, el pequeño pueblo que la viera crecer, es ahora testigo de su lujosa mansión, una propiedad que no sólo es un premio a su arduo trabajo, sino también un bálsamo personal alejado del bullicio urbano. Representa su persistente deseo de estar en contacto con la naturaleza y llevar una vida que va mucho más allá de las luces del escenario.

Para Soledad Pastorutti, regresar a Arequito es también una cuestión de pertenencia. Durante algún tiempo, tuvo que instalarse en Buenos Aires, capital que le abría las puertas a innumerables oportunidades en su carrera. Sin embargo, la gran ciudad nunca fue su hogar en sentido pleno. Según ella misma afirma, residir en la cosmopolita Buenos Aires se tradujo en una dinámica de vida temporal, más parecida a un ciclo natural casi estudiantil, donde sólo la función o el evento justificaba su presencia. Volver siempre a su casa, allí donde los atardeceres son más largos y repletos de historias, fue siempre su plan.

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Pastorutti y su familia intentan trasladarse juntos a todas partes, siendo la expresión palpable de una unión cimentada en el calor del hogar. No es que compartan firmemente un pensamiento tribal o ajeno al resto del mundo, sino la innovación de vivir en manada. Desde hace tiempo en Arequito, han armado casi un patrimonio comunitario, donde conviven junto a su hermana y otros miembros de la familia. Esta distribución residencial, les permite conectarse con lo bucólico y lo agrícola de un modo que sus vecinos envidian.

En su propiedad, los entusiastas de lo rural encontrarían un verdadero edén. Gallinas, caballos, tortugas, y canes conforman el escenario cotidiano avisando del paraíso del que disfruta la familia. Pastorutti no sólo se satisface con la fauna que la circunda, sino que supo capitalizar la tierra generosamente dotándola de una huerta que complementa su dieta diaria y una piscina perfecta para disfrutar del verano santafesino. Finalmente, si su objetivo es pasar gratos momentos familiares, un fogón campestre completa el abanico de posibilidades para disfrutar del hogar. Construirse esta realidad ha sido un desarroLar constante que sólo se comprenden desde el amor inconfundible a lo propio. Esto, y no otra cosa, es el enclave campestre donde Soledad Pastorutti ha encontrado paz.

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