Torturas y cárcel: el calvario que vivió Julio Berardi desde el 24 de marzo de 1976
Julio "Cacho" Berardi fue dirigente sindical, integró la CGT Bahía Blanca y fue uno de los tantos argentinos que vivió el golpe de estado de 1976 en carne propia. Fue detenido, golpeado y torturado, luego liberado y vuelto a secuestrar hasta que finalmente lo hicieron renunciar al gremio para salvar su vida y la de su familia, con quienes se instaló por un tiempo en Mar del Plata, posteriormente se radicó en Río Negro. Primero vivió en Río Colorado y finalmente llegó a Viedma en diciembre de 1983.
Por entonces era dirigente de la Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (FATRE) en Médanos (zona de producción de ajos por excelencia), compartió con NoticiasNet su conmovedora historia de detención, tortura y resistencia.
La conversación se llevó a cabo en su modesta vivienda ubicada en el barrio 20 de Junio de la capital rionegrina, en donde comentó que “la situación política previo al golpe militar era tensa, marcada por la muerte de Juan Domingo Perón y la inestabilidad del gobierno de Isabel Perón”.
Según Berardi, con la aparición de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina (Triple "A") pergeñada por el ex ministro de Bienestar Social, José López Rega, y el clima de represión ya era evidente lo que se venía. “El golpe lo veníamos venir. Desde el 22 de marzo, los teléfonos de los organismos oficiales estaban intervenidos”, confesó.
En los primeros minutos del 24 de marzo el golpe se materializó. Berardi y varios dirigentes gremiales fueron detenidos ese mismo día y trasladados a diferentes comisarías, antes de ser enviados a un centro clandestino. Con tristeza, recordó que fue detenido en Mayor Buratovich y luego trasladado a Bahía Blanca, al tiempo que describió cómo fue golpeado brutalmente en el proceso. “Nos tiraron en el piso, nos golpearon, torturaron. Se escuchaban los gritos de torturas que sufrían otros compañeros, hasta que me tocó a mí”, recordó.
Los hechos
Después de días de sufrimiento, Berardi y otros detenidos lograron escapar de un intento de fusilamiento. Recordando aquellos hechos, señaló que “el 24 de marzo, en primera instancia nos tuvieron en una comisaría de Buratovich y a la noche pasó un camión del Ejercito y nos llevó a Bahía Blanca. Luego de recorrer varios lugares, a las tres de la madrugada, estábamos en la Comisaría de Villa Mitre, en Bahía Blanca, para entonces nos habían sacado los documentos. En un momento de esa noche apareció uno de los jefes militares y nos dijo, "bueno, los vamos a largar", entonces le dije “cómo vamos a salir a las tres con la situación que hay".
Además, dentro de la comisaría escuchábamos la radio de la Policía y era una situación complicada, éramos ocho los detenidos. Al salir nos dijeron: "si alguien los demora, díganle que los tuvo detenido por el Mayor Lems, del Ejercito". Nos hicieron salir de la comisaría de a uno, pero en la esquina nos esperaba un grupo de encapuchados. Nos fueron cargando en coches y camionetas, nos llevaron a otro lugar. Sabíamos que no habíamos salido de la ciudad porque fue un viaje corto, de no más de 10 minutos".
Recordó que "estábamos vendados. En mi caso, al salir de la comisaría me atraparon y me rompieron la cabeza a culatazos con una pistola de policía, porque ya no eran fuerza del ejército, eran policías. Nos llevaron a un lugar, nos tiraron en el piso, en un espacio tipo pasillo, nos golpearon y torturaron. Se escuchaban los gritos de torturas que sufrían los compañeros, hasta que me tocó a mí".
Agregó que "luego nos dejaron en celdas y a la noche siguiente, nos sacaron de madrugada en dos grupos. Noté que salíamos de Bahía Blanca, pero no nos pusieron esposas, nos vendaron los ojos. Habremos recorrido unos 25 minutos en vehículo hasta que en determinado lugar nos hacen bajar, nos dejan apoyados contra un alambrado, se venía el fusilamiento".
Continuó: "Tanteando siento que el alambrado de siete hilos tendía dos rotos, porque lo toqué con los pies. Entonces le digo a los compañeros vamos a escapar, y aprovechamos que los policías acomodaban las camionetas en la ruta para iluminarnos. Nos quitamos las vendas y corrimos entre las balas”.
Luego de escapar, de lavarse la cabeza en un tanque australiano junto a otros tres dirigentes sindicales volvieron a Bahía Blanca. Una vez en la ciudad, Berardi tomó contacto con un abogado sindical con el propósito de dar cuenta de la situación que tuvo que atravesar.
Recordando ese momento señaló, “por suerte llegué a la casa de un familiar, desde ahí llamé a un abogado de CGT Bahía Blanca, Carlos Chicola, pero cuando hablamos me dijo: "Mirá 'Cacho' están convocando desde el Comando del Ejército a todos los secretarios y delegados de gremio". Digo cómo voy, sin documento y todo golpeado, igualmente concurrí.
Sobre esto, narró que "estábamos todos los dirigentes sindicales de la época, expliqué mi situación de falta de documento, estábamos en el Comando 5º Cuerpo del Ejército. De pronto apareció el general Acdel Edgardo Vilas, y allí se vislumbraba la división del Ejército, tal es así que Vilas quiso presentarse como candidato a presidente de la Nación por el peronismo, por eso lo echaron. Del otro lado estaba (el entonces jefe de la Armada) Emilio Massera que sí logró armar un partido político que lo denominó (Partido) por la Democria y Social” antes de ser encarcelado en el marco del histórico "Juicio a las Juntas Militares".
Ese día, afirmó Cacho, “fue todo muy extraño, porque luego de las torturas estaba frente a Viola que dijo: "Voy a tener el honor a saludarlos a ustedes uno por uno porque son la columna vertebral del país", te imaginas hacia tres días nos venían reprimiendo y ahora éramos la columna vertebral del país, nos mirábamos azorados. Recuerdo que dijo que se iba a respetar todas las leyes sociales vigentes porque eran conquista nuestras, lo mirábamos cada vez más sorprendidos. Al otro día me dejaron ir a buscar los documentos, pero el clima era otro, a los pocos días comenzaron los desaparecidos y los muertos”.

Al mes siguiente, comentó que “el 21 de abril me vuelven a detener, pero ya estaba blanqueado, me llevaron al comando de Bahía Blanca y estuve en ocho lugares, terminamos en el gimnasio del Comando. Algunos los llamaban y volvían, otros no regresaban más. Estuve detenido cinco meses de los cuales, tres a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN)”.
El 25 de mayo de 1976 llegó a Bahía Blanca el presidente de facto Jorge Rafael Videla. Al respecto, Berardi señalo que “lo escuchábamos desde donde estábamos detenidos", al tiempo que añadió que a los pocos días "me llevaron a la cárcel, éramos siete, ahí conocí A gente de Viedma como Jorge Tassara, Carlos Entraigas y Hugo Daniel Costa, entre otros".
Quedó liberado el 21 de septiembre. No obstante, rememoró que "antes me pegaron una apretada y me dijeron la próxima vez que usted vuelva al gremio lo vamos a buscar y no tendrá alternativas", pero volví al gremio y en febrero de 1977 hubo un conflicto y me llevaron adentro una vez más".
Un comisario le dijo "a usted lo van a matar, me trajo una máquina de escribir y me dijo que renunciara al gremio, pero que ponga una fecha anterior". Cuando salí fui a la central (FATRE) en Buenos Aires y me llevé una sorpresa porque el gremio había sacado una adhesión al golpe, así que esa fue mi historia, no volví más al gremio y me fui a Mar del Plata a trabajar”.
En cuanto a su arribo a la capital de la provincia de Río Negro, señaló que “a Viedma llegué en diciembre de 1983, pero antes había estado en Río Colorado. Hoy a 49 años del golpe de estado de 1976 digo que a ninguno de nosotros se nos dio la oportunidad que tuvieron los militares cuando los juzgaron en un juicio público”.
Observó finalmente que "más allá de eso también veo que lo de entonces era un proyecto político no muy distinto del que hay hoy en la Argentina. Hacía falta una gran represión para desarticular a las organizaciones porque había un plan económico que querían llevar adelante y sólo se podía hacer con represión”.
Hoy, Berardi reside en Viedma, habiendo atravesado un largo camino de resistencia y supervivencia. Su testimonio es un recordatorio poderoso de la importancia de la memoria histórica y la lucha por la justicia, en un país que aún busca sanar las heridas del pasado.