El relato de una de las enfermeras del Hospital Penna: lo que vivió en neonatología y la escena en su casa
El Hospital Penna fue uno de los establecimientos que mayores daños tuvo en medio de la catástrofe que atravesó Bahía Blanca. En medio de las imágenes de las ambulancias con agua hasta arriba de las ruedas, de los traslados que se tuvieron que realizar, la postal que más impactó fue la del sector de neonatología, donde había bebés recién nacidos.
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Allí se pudo ver el incansable trabajo de las enfermeras, y la calma para afrontar tamaña responsabilidad en medio de la desgracia. Una de ellas fue Luciana Marrero, que no solo enfrentó esa escena, sino que también lo padeció en carne propia en su casa, donde se encontró con más de un metro de agua.
En diálogo con Radio Noticias (105.5) contó: "Yo había trabajado de 24 a 6 de la mañana, pero al igual que mis compañeras no nos pudimos volver a casa porque desde las 3.40 ya se había empezado a largar a llover muy fuerte. Cuando salimos a las 6.10 de la neo, que está en el subsuelo, ya la calle era un río, el agua ya llegaba arriba de la rodilla, y te llevaba, era una corriente terrible, así que no nos pudimos ir".
"Las que ingresaban a las 6 llegaron como pudieron, y nosotros volvimos a entrar para ayudar a las compañeras de la mañana que iban a necesitar manos para poder trasladar a los bebés. Cuando bajamos de nuevo al subsuelo ya teníamos el agua hasta la rodilla, y en cuestión de minutos hasta la cintura, y no nos quedó otra opción que trasladar y sacar del peligro a los bebés", remarcó.
Y siguió su relato: "Todo porque no sabíamos cuánto más iba a subir el agua, además, nos habíamos quedado sin electricidad. Mirándolo desde hoy, mejor que se cortó la luz porque hubiese sido peor con la electricidad. Había bebés a los que sólo les faltaba uno gramitos para ser dados de alta, así que a esos los llevamos con sus mamás, que estaban en la residencia. Había otros bebés que no tenían a sus mamás, así que esas mamás que estaban también quedaron a cargo de esos bebés, y con un grupito de enfermeras".
"Después, bebés más complejos, que eran cinco, bebés con 1 kilo, 1,200 kilogramos, con oxigenoterapia con una canulita y bajo flujo, que es mínimo, pero que lo necesitan para seguir respirando. Gracias a Dios no había ningún bebé con asistencia respiratoria mecánica porque hubiese sido peor todo. Habíamos tenido cinco anteriormente, pero justo ese día ninguno, por suerte", explicó.
Sobre el traslado, contó: "Fue a upa porque no podíamos subir las incubadoras por lo que pesan. Los llevamos a pediatría...los trayectos en el Hospital Penna son muy largos, así que fue salir al pasillo central, luego subir una escalera, todo por agua. Cuando llegamos a pediatría nos dieron dos habitaciones, y las enfermeras de pediatría también agradecerles porque estuvieron ahí con nosotras. Fue traslado a upa, siempre conservando la vía y la temperatura del bebé, porque estaban en incubadora, que es lo que viene a reemplazar el útero materno".
Pasado esa primera etapa, con los pequeños a salvo, contó que a las 17 fue a buscarlas le jefe de Servicio del nosocomio, pero no se pudieron ir. Finalmente, fueron sacadas de allí con los bebés en un camión del ejercito hasta la Clínica de Empleados de Comercios, donde el agua no era tanta. "La foto que salió con esa sonrisa, fue una sonrisa de alivio antes de entrar a la neo de OSECAC, por haber podido llegar a tiempo y que esos bebés reciban la atención que correspondía".
Su experiencia ante la catástrofe
En el caso de Marrero, la odisea siguió cuando logró llegar a su casa, que queda cerca del canal Maldonado, donde se rompieron las contenciones y la inundación pegó más fuerte. "Mi casa se llenó 1,30 metros de agua. Mi marido se fue a las 5 de la mañana a trabajar, lo pasó a buscar la combi para ir al puerto, y mis hijos (tiene 4) quedaron solos con el nene de 20", explicó.
"Pude tener comunicación con ellos, hasta se perdió, no había señal, los teléfonos no andaban, pero sabía que estaban bien. De todas maneras, la preocupación por ellos, pero yo sabía que me hijo iba a hacer todo lo posible para que sus hermanos estén a salvo. Mi marido logró volver a la 1, ya con el agua hasta el cuello, llegó agarrándose de las rejas. Cuando yo legué a las 7 de la tarde ya no había tanta agua, había drenado bastante, pero si me encontré con todo el desastre que quedó", explicó.
"Igualmente, no me habían contado que el agua había llegado tan arriba. Así que cuando llegué me encontré con todo eso. Por suerte, las pérdidas no fueron tantas. Yo tengo muchos muebles de algarrobo, que se lavaron, se secaron, y están en uso otra vez. Los electrodomésticos los estamos dejando secar, probando de apoco...los colchones si los perdimos, pero recibí colchones de las donaciones, también almohadas, sábanas y brazadas. La ropa y la estoy lavando para ver qué sirve y qué no. De a poquito nos estamos reconstruyendo como familia", subrayó.
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