2025-02-21

AVENTURA

Las fotos de Jimena Cyrulnik realizando el cruce de Los Andes a caballo

Elicón de coraje y naturaleza

Sumergirse en una aventura como pocas logró captar la atención de Jimena Cyrulnik, quien se decantó por realizar el icónico cruce de Los Andes a caballo. Enfrentando la adversidad y el desafío de las montañas más emblemáticas de Sudamérica, Cyrlunik se embarcó en esta expedición no solo con entusiasmo, sino que también con acompañantes que hicieron la travesía aún más especial.

Acompañada por su marido y un contingente de veintipico de aventureros, Jimena Cyrulnik decidió partir desde las imponentes tierras de Mendoza, lugar que marca el inicio de muchas travesías montañosas. Fue aquí donde comenzó su odisea, una experiencia que prometía y logró ser inolvidable. Amigos y desconocidos se unieron en esta experiencia que les ofrecía no solo imponentes vistas, sino también la oportunidad de trabajar en equipo y confiar en las habilidades individuales de cada uno.

El líder del grupo, Darío Gallardo, un gaucho correntino con una amplísima experiencia en cabalgatas a lo largo de la Cordillera, fue su guía. Esta sería nada más y nada menos que su aventura número 193 cruzando estas montañas, haciendo alarde de un conocimiento sin igual sobre cada piedra y cada recoveco del camino. Junto a él, tres baqueanos expertos proporcionaron el apoyo necesario para garantizar la seguridad y el buen desarrollo de la travesía.

Cuando los días se hicieron densos y el terreno resistente, la prueba no fue sólo física sino también mental. A pesar de contar con una experiencia previa de dos años de aprendizaje a caballo, Jimena tuvo que enfrentar su ingenio contra la naturaleza misma. Sin embargo, cada obstáculo se superó con disciplina y un espíritu inquebrantable. Como diría ella misma, mientras describía a su compañero de camino: "Parecía una cabra. Navegaba las rocas contra todo pronóstico, un espectáculo natural", comentaba con un tono de admiración.

Indicando la significativa proximidad con lugares históricos, Jimena Cyrulnik evocó ver la cordillera desde un ángulo impresionante, una montaña que guardaba historias trágicas como la caída del avión uruguayo en Los Andes de los años setenta. La reflexión sobre cómo el pasado se encuentra impregnado en esas tierras no dejó de sorprender a los excursionistas.



No todo fue disfrutar del panorama, las condiciones climáticas extremas recordaron que la Cordillera a menudo no perdona su intemperie. Los ventarrones helados, junto a un sol gobernante, aprehendían a quienes osaban avanzar sin proteger debidamente su piel y sentidos. Dolor, incomodidad, pero también una nueva apreciación por las bondades simples de la vida cotidiana fueron parte de las enseñanzas de esta travesía.

En medio de las dificultades Jimena celebró el Año nuevo bajo un cielo estrellado, a alturas donde la falta de oxígeno se contraarrestaba con la belleza escénica. "Brindamos en altitud, a 2800 metros sobre el nivel del mar, degustando un simbólico chivito frito bajo luz estelar y observando cómo los satélites surcaban las alturas como aves", relataba con el ánimo de quien encuentra de nuevo sus raíces y su propósito.



Este viaje no fue una mera excursión ecuestre para Jimena Cyrulnik, sino una llamada a desafiar los límites personales, y beber de las últimas gotas del desafío que la naturaleza brinda. Dado todo el aprendizaje y la nítida introspección de una experiencia tan repleta como esta, definió este recorrido como "una travesía de vida", ejemplar para quien busca valorarse a sí mismo en la amplitud de las montañas y más allá.

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