2025-02-06

Una foto de la primera casa de La Lobería despertó nostalgia y anécdotas de los primeros pobladores

La familia Mendioroz y Zabaleta cerca del 1948 cruzando varios campos para descubrir una de las playas más características de la zona.

Hace varias décadas, La Lobería, es una de las villas balnearias más pequeñas conformada por 11 familias, que eligen un entorno natural y con escasos servicios, pero suficientes para disfrutar de la costa marítima.

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Un lugar único a 60km de Viedma, la capital rionegrina, trae consigo la mística de la naturaleza, con una escasa conexión de internet, una red de trifásica y una iluminación pública modesta, que en la noche, la oscuridad es absoluta dejando ver las estrellas.

Elvio Mendioroz, sobrino de José Mendioroz y Lidia Zabaleta, fue testigo del nacimiento del pueblo como lo conocemos hoy: “Yo vivía en La Lobería desde que tenía un año, de diciembre hasta marzo, ahí en esa casilla y ya en marzo, nos íbamos con mi mamá a la boca, que tenía casa allá”.

Sin señal telefónica, ni gas natural y sin agua potable, la familia Mendioroz – Zabaleta se animó a construir la primera casa de La Lobería alrededor de 1948-1950.

Una construcción modesta, que acogía cada verano a familiares y amigos del matrimonio, entre ellos Elvio, que en un relató vivo, despertó la nostalgia de su casa de la infancia.


Elvio, con una foto de la casa sus tios

En una suerte de cueva y casi de manera sorprendente la casa estaba sobre el acantilado, sostenida con hormigón y materiales amigables con el medio ambiente – mayormente reciclados y recuperados – como madera y chapa.

Bajar a la playa no era tan sencillo como lo es hoy, por lo que, en aquel entonces, habían tallado en la piedra una suerte de huella, para trazar unas rusticas escaleras, hasta lograr una estructura un poco más segura.

“Criarse ahí es medio raro, porque la gente venia los sábados y domingo, que era la gente de los campos de los alrededores, que traían su asado, que traían la leña, unas damajuanas para tomarse unos vinos... que traían a la abuela, por una escalerita del acantilado… ¡cuidado con la abuela! decíamos todos” recordó Elvio.

Del lado del acantilado estaban las camas cuchetas, en la ventana con vista al mar funcionaba el comedor de día y por la noche se transformaba en un dormitorio con dos camas cuchetas más. El baño era un inodoro seco, que tenía un cono cerrado con cemento con piedras, totalmente hermético.

Era una zona de campo, los asados no faltaban nunca, pero cuando era difícil subir el acantilado las gallinas y los peces eran el plato principal. En uno de los laterales funcionaba un gallinero del que se proveían principalmente de los huevos y cuando ya cumplía su ciclo se consumía la carne.

Elvio, en varias oportunidades, afirmó que su tío Josecito a quien recuerda con mucho cariño, “fue el que descubre a La Lobería haciendo un recorrido del campo”. Seguidamente detalló que “todos los años hacían un recorrido alrededor de los cuatro campos vecinos para ver si se había pasado algún animal, alguna oveja y sobre todo para aguantarse a los cuatro vecinos y comerse un buen asado…”

El derrumbe de la casa

Con el paso de los años, Lidia y José fueron envejeciendo, por lo que vivir en playa les suponía un peldaño más a hacerle frente al paso del tiempo. Por este motivo, se mudan de allí, dejando su hogar a otra persona.

“Se la dan a un gran amigo de ellos, que no tenía mucha noción de lo que era vivir ahí, le puso mucho peso y bueno después se lo dieron a otra familia…” dijo Elvio.

“Después pasaron muchos años, y yo me fui de viaje, un día volví para ver... Me contaron que la casilla había sido tomada, dejada y usada para cualquier espanto entonces fui y vi que estaba semidestruida, un dolor”. Esta imagen, le despertó a Elvio una melancolía de los momentos compartidos.

Elvio, un día baja a la playa a pasar el día como solía hacerlo y se encuentra “con restos de un asado hechos con la madera de la casilla” eso fue demasiado para él.

La imagen de este suceso, lo llevó a tomar una difícil decisión “tenía un palo central que era el que sostenía toda la estructura, así que lo golpee y voltee todo lo que quedaba… La tiré y ya después el viento y el tiempo, hizo lo suyo”.

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