Quién es la moza que trabajó 32 años en un histórico restaurante de Viedma: su historia y transformación
María Elena Bellini, fue parte de uno los negocios gastronómicos que marcaron una impronta en la cocina de Viedma y Las Grutas con un pequeño salón, primero frente al mar y varios años más tarde en el centro la capital rionegrina.
Hace un poco menos de un mes que se fuera del restaurante Sahara, la vida de “Marita” dio un giro de 180 grados, tras 32 años de servicio como moza con la misma patronal. Esto le despertó sentimientos de agradecimiento y una nostalgia del presente.
Con apenas 22 años de edad, un matrimonio frustrado y dos hijas pequeñas, Marita recordó “estaba buscando trabajo, me estaba separando, así que bueno como siempre digo: no tengo nada que envidiarle a Pampita, porque a mí también me engañaron...". Allí fue el comienzo de un capítulo en su historia que le regaló momentos únicos.
Sus ganas de progresar - cambiar su realidad - tuvo sus inicios el 14 de septiembre del 1992, según detalló a NoticiasNet: “Ese día estaba en el cumpleaños de una amiga y me llaman para trabajar y me fui, me perdí la torta…pero estaba feliz, porque había conseguido trabajo".
Desde se momento, nunca dejó de recibir oportunidades de crecimiento personal y profesional, demostrando ser una resiliente. Trabajando codo a codo con los dueños del local, la moza explicó “uno cuida donde trabajas…lo cuidas, lo amas y también lo respetas".
Se logró ganar el reconocimiento de clientes y sus pares por la buena predisposición, compañerismo, lealtad y su vocación de servicio por los otros. Sin embargo, para ella también “fue un cable a tierra, por un montón de situaciones que he tenido que atravesar en la vida como cualquiera, y la verdad que yo llegaba a la pizzería y me olvidaba de todo…”.
El 28 de diciembre, sus compañeros decidieron homenajearla con palabras de agradecimiento, carteles con mensajes especiales y la cálida visita de familias que frecuentaban el lugar y con quienes el vinculo se transformó en una cálida amistad.
Marita, junto a clientes y amigos que la despidieron el último día de trabajo.
Un emprendimiento de decoración artesanal
Marita, en sus inicios de moza, trabajaba doble turno, mientras criaba a sus dos hijas de 6 meses (Yamile) y 2 años (Estefanía). El restaurante cumplió un rol clave, junto a sus amigas y familia, para una crianza respetuosa y llena de amor.
Ese cariño, se lo devolvieron años más tarde – Yamile (33) y Estefanía (36)- cuando la impulsaron a emprender con Makko Eventos, un servicio que se dedica al alquiler de mobiliario, decoración y organización de cumpleaños, casamientos, egresos, bautismos y baby shower.
No obstante, no fue inmediato, sino que fueron años de autoconocimiento de Marita, quien además se convirtió en una artesana y amante de las antigüedades y la estética. En su tiempo libre, lo ocupaba restaurando algún elemento que le resultaba llamativo o incluso pintando en horas de la madrugada.
El momento que la marcó un antes y después fue el cumpleaños de Yamile (a sus 30 años), donde Marita se puso al hombro parte de la organización del evento, diseñando el momento ideal para cumplir años.
Desde ahí empezó a animarse a decorar cumpleaños de amigos, conocidos y algunos familiares. Luego se consolidó como tal, asociándose con su amiga Corina, con quien logró poner su taller en Viedma.
La historia del restaurante
El sueño de un matrimonio con cuatro hijos, tuvo sus primeros inicios con las cortinas y manteles hechos por "la tía Angélica", un pizzero que a veces se convertía en el pintor. Una cadena de manos solidarias, donde el empleo no solo albergaba roles y un medio de vida, sino una forma de dignificar a través del trabajo.
En poco tiempo, el primer Sahara estuvo en Las Grutas, frente al mar, y al cabo de tres años se mudaron a un salón más grande y céntrico. Allí, con el apoyo de familiares, amigos y un equipo comprometido, llegaron a atender un promedio de 500 cubiertos diarios.
Tiempo después expandieron su pasión a Viedma, donde incorporaron las picadas de mariscos, las rabas y las pastas, además del "caballito de batalla" de las pizzas.
Una empresa familiar que incursionó en sabores atractivos, para los paladares de la comarca, en varias ocasiones presentaron propuestas que no fueron del todo bien recibidas, como lo fue la comida por peso.
Aunque en sus inicios se llamó Acrílico solo con pizzas, luego pasó a ser Brujas que ofrecía comida por peso. Y finalmente con Sahara se terminó de perfeccionar el proyecto gastronómico, donde se incorporaron hamburguesas, milanesas, lomo, y varios clásicos.
También valorizó productos locales de mar, creando picadas, pastas con mariscos, sin dejar de lado su producto estrella, la pizza. La decisión de cerrar, tras dos décadas no fue fácil para los dueños, ya que a través de un comunicado mencionaron que el negocio era muy prospero, por lo que solo se trataría de un momento de disfrutar el tiempo libre.
Sin embargo, según pudo saber NoticiasNet, corre la posibilidad de que resurja un nuevo local, encabezado por alguno de los hijos de los dueños.