APAGÓN
La mamá de Holder enfrenta un durísimo drama que comenzó hace una semana
Rosario, una ciudad vibrante con una gran población y comercio floreciente, actualmente enfrenta una de las peores crisis energéticas en su historia reciente. Una serie de fallos en los transformadores eléctricos, exacerbados por una inusual y persistente ola de calor, ha dejado a grandes porciones de la ciudad en penumbra. La magnitud de la crisis es tal que ha afectado a miles de hogares y comercios, sumiendo a sus residentes en un panorama de incertidumbre y dificultades económicas.
Entre los damnificados se encuentra Gisela Gordillo, madre del famoso influencer Tomás Holder. Gisela es una comerciante laboriosa y madre de dos niños pequeños, quien atraviesa momentos particularmente difíciles a consecuencia del apagón. La pérdida de su sustento diario es solo una parte del desafío. “Nosotros los rosarinos estamos sin electricidad desde hace varios días. Aquí la humedad y calor se sienten más intensos. Estoy peleando para mantener mi comercio a flote, ya que sin electricidad no puedo trabajar, y eso impacta en lo que puedo poner en la mesa para mis hijos”, expresó desesperada en una reciente entrevista.
La economía doméstica de Gordillo ha sido golpeada duramente. Sin electricidad, fue obligada a deshacerse de muchísima mercadería perecedera que almacenaba, especialmente carnes que se deterioraron rápidamente debido a la falta de refrigeración. “He perdido por lo menos 300 mil pesos en mercancía echada a perder. Aparte tengo el cumpleaños de mi hijo dentro de quince días, y no sé cómo voy a recuperarme económicamente a tiempo para celebrarlo como quería”, lamentó, evidenciando la gran magnitud del daño financiero.
Además de las dificultades económicas, Gisela está lidiando con una batalla emocional que revive dificultades del pasado. Ella recuerda cómo en el pasado también atravesó situaciones duras cuando su hijo Tomás era pequeño, en los calurosos meses de enero. “Enero siempre es complicado debido al tipo de trabajo que hago. Este calor sólo empeora las cosas. No me queda otra que enfrentar la situación, pero es muy frustrante”, reflexiona.
Gordillo tampoco ha sido inmune a las humillaciones impuestas por las circunstancias actuales. “No me queda más remedio que cargar el celular en la terminal de ómnibus; me da vergüenza, pero, más importante, necesito estar ahí para mis hijos”, revela, subrayando la precariedad de su situación actual.
Rosario y sus ciudadanos están esperanzados en un pronto restablecimiento de la electricidad. Entre promesas de las autoridades locales de que se están tomando medidas para restituir el servicio y prevenir futuros apagones, la fe de los rosarinos en ver pronto aliviados sus pesares sigue en pie, aunque desafiada. Lo cierto es que para muchos, como Gisela Gordillo, el regreso de la normalidad aún parece una meta distante. Los retos que esta situación ha puesto ante ellos dejan expuesto el estado vulnerable del sistema energético de la ciudad, cuya incapacidad para enfrentar las necesidades crecientes de sus ciudadanos se ha puesto penosamente de manifiesto.