Continúa el rescate de autos encajados en el balneario El Cóndor
En la costa atlántica de Río Negro, específicamente en las extensas playas de El Cóndor, hay una figura que se ha vuelto casi legendaria entre los veraneantes: Daniel Teramo, el remolcador de autos varados. Con varios años de experiencia, hizo de los médanos su hogar, hacia donde suele acudir pacientemente a quienes, desafortunadamente, encontraron dificultades en la arena.
Su labor viene teniendo un impacto positivo en la comunidad y en este emblemático trabajo, con el colectivo rescatado en las últimas horas, está llegando a casi un millar aliviándole el mal momento que suelen atravesar visitantes y residentes a la villa marítima ubicada a unos 29 kilómetros de Viedma.
Si bien en gran parte del año son muchos los visitantes, aunque se llena en el verano, que en medio de un momento inesperado se transforman en protagonistas o testigos del desafío que representa conducir sobre terrenos arenosos. Teramo aprendió a lidiar con una amplia variedad de vehículos y situaciones, convirtiéndose en el salvador de familias y amigos que buscan disfrutar de sus días bajo el sol sin preocupaciones.
Sin embargo, este verano podría ser el último en se lo vea en acción como remolcador de autos. A medida que avanza el tiempo, se dio cuenta de que lo suyo ya no sirve. Confiesa con una mezcla de nostalgia ante NoticiasNet que se siente desanimado con su tarea.
“De nueve llamadas que tuve en los últimos días, seis veces me trasladé inútilmente, porque cuando llego ya lo había sacado otro o avisado a la comisaria y ocuparon a los cadetes (de la policía) para realizar los auxilios de ‘onda’, y eso no le corresponde a ellos”, puntualizó con un dejo de desvalorización a su trabajo.
Insistió en que “la gente va a la comisaría para pedir ayuda, le pasan mi número pero a su vez van los cadetes, y “no digo que estoy a punto de tirar la toalla pero estoy cansado a veces voy –como el caso del colectivo a las ocho de la mañana-, y encima pongo en riesgo de romper mi camioneta”.