A 20 años del Yectafer adulterado que dejó muertes y madres afectadas
Diciembre no solo marca el final del año sino que también es un mes cargado de significados especiales para muchas personas. Pueden ser tradiciones, celebraciones y recuerdos que se entrelazan en un crisol de aniversarios que van desde lo personal hasta lo histórico. Entre estos últimos está el vigésimo aniversario del escándalo del Yectafer.
Mucho tiempo antes a diciembre de 2004, una banda en el conurbano bonaerense fabricó este producto farmacéutico, utilizado como suministro de hierro en humanos para combatir anemias, y su adulteración provocó el 23 de diciembre de ese año la muerte de la joven viedmense Verónica Díaz, la de otra mujer en Entre Ríos, afectando gravemente a las embarazadas Ángela Peralta de Cinco Saltos y María Salaya de Viedma. En Río Negro, el medicamento apareció ese año en una compra de Salud Pública a una droguería de Bahía Blanca.
Salaya recordó ante NoticiasNet, lo sucedido 20 años atrás. Estuvo a punto de morir cuando el 16 de diciembre 2004 recibió una inyección de esa especialidad farmacéutica ferrosa en el Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) del barrio Santa Clara.
Su agonía le cambió la vida al recibir la ampolla de hierro adulterado comprado a bajo precio al Laboratorio Gavazza por el Hospital Zatti. “Ni bien llegué a la puerta de ese centro me descompuse, estaba envenenada, me llevaron a la guardia del hospital, y luego me enteré por la doctora (Graciela) Rosbaco que había varias personas afectadas”, apuntó.
A la mujer que estaba embarazada le costaba hablar ya que le diagnosticaron una hepatitis tóxica porque tenía seis veces más de hierro en sangre que una persona normal. Estuvo derivada en el Hospital Argerich –el 24 de diciembre de ese año- ya que los médicos habían establecido que la salida era un transplante de hígado.
El día anterior ya había fallecido la joven viedmense Verónica Díaz. María se enteró cuando estaba internada hasta que finalmente lograron estabilizarle y en 2005 nació su hijo. “Me quedaron secuelas”, advirtió. Entre ellas problemas hormonales, crisis tiroideas y desajustes en el organismo.
Causa penal
El caso de la mujer que sobrevivió a una inyección adulterada de Yectafer es un sombrío recordatorio de los riesgos inherentes a la falsificación de medicamentos. Este suceso, que conmocionó a la opinión pública del país –junto con el incendio del boliche Cromañon ese año con cientos de muertos-, puso en evidencia la importancia de contar con sistemas de control rigurosos en la cadena de suministro farmacéutico y la necesidad de una mayor conciencia por parte de los pacientes. En eso está la Justicia desde hace un tiempo.