La historia de la mujer que encabezó la salvación del Centro Cultural de Viedma
El nombre de Elvira “Chichita” Domínguez pasa por estos días en forma inadvertida para la cultura de la ciudad. Apenas tuvo un pequeño homenaje en los 40 años del Centro Municipal de Cultura de Viedma. Si no hubiera sido por su inteligencia y valentía, y el acompañamiento de un nutrido grupo de apoyo, quizás hoy la región estaría lamentándose -sobre cenizas- de una fatídica oferta burocrática. Y en la actualidad, la comunidad podría estar reclamando su construcción.
A mediados de la década del ’60, con la fuerza de un apoyo colectivo emergió Domínguez. En 1964, dentro de la gestión municipal a cargo de Carlos Pellegrina, se armó un voluntariado llamado Comisión Municipal de Cultura. Estaban junto a “Chichita”, Adelina Casamiquela, Élida “Nenona” Frías, Jesús Andrés, Segundina “Tita” Andersen y Omar Fossatti, entre otros.
“Viedma vivía una importante eclosión cultural por entonces, dábamos clases de teatro en el hall de la Legislatura provincial, usábamos el Distrito Militar (actual edificio central de ARSA) para conciertos o tuvimos a el “Polaco” Goyeneche actuando en el bar del Hotel Comahue, y no teníamos edificio (para concentrar las actividades)”, contó a NoticiasNet.
Con el brío de la juventud, “Chichita” junto con Adelina Casamiquela trepó a su Renault 4 L. Viajaron a Buenos Aires, y desembarcaron en el Fondo Nacional de las Artes (FNA). Allí las atendió el titular, Juan Carlos Pinasco, tomando en cuenta que la idea era descentralizar la cultura. Por los pasillos, escuchó al arquitecto Juan Kurchan hablar de un edificio modular construido en Brasil, de carácter “multicultural”.
“Por qué no lo hacemos en Viedma”, preguntó “Chichita” por entonces. Sucedió un fenómeno maravilloso porque el fondo dio su aprobación en 1967 siendo Oscar Mauri el intendente. En ese momento, apareció para el gobierno provincial un crédito del FNA por 55 millones de pesos, con destino específico que dio lugar a una obra fantástica.
Con el cascarón armado, este espacio vital para la comunidad se encontró al borde del riesgo. Sin embargo, fue en este contexto de incertidumbre que “Chichita” y el grupo se convirtieron en figuras clave, pues la visión sobre la importancia de la cultura en la identidad local los llevó a actuar, a movilizar a quienes compartían su preocupación.
Es que entre 1969 y 1970 el intendente era Ángel Cayetano Arias, y ya estaba el general Roberto Vicente Requeijo en la gobernación de la dictadura militar de del general Alejandro Lanusse (1969-1972). La obra estaba lista, sólo faltaban las butacas de la sala mayor. “Un día vienen y me susurran al oído que ‘Arias le quiere dar a Requeijo el edificio para (usarlo solamente como) oficinas públicas’”, reveló a este medio. Ella era directora municipal de Cultura por entonces.
Cundió el pánico y en lugar de despertar iras, hubo preocupación porque los fondos tenían un fin específico. “Chichita” y el grupo convocaron a una reunión de vecinos, y decidieron “tomarlo” en forma pacífica a través de una aceitada operación durante un fin de semana.
“Gestionamos el apoyo de camiones, llevamos mesas, conseguimos bancos usados en el Consejo Provincial de Educación, lo llenamos….nos metimos adentro, y después anunciamos por radio que el lunes comenzaban allí las clases. Ni se lo dije a Arias”, recordó. La comunidad apoyó también donando pintura.
Esta pujante efervescencia artística que se observó con la concentración cultural fue encauzada hacia realizaciones mayores. Se buscaron asesoramientos calificados como la de Ana Labat en danza, Ernesto Epstein en música o la del director teatral Francisco Javier. Más allá de los apreciables resultados de una labor, quedó algo pendiente, quizás en relación al insólito hecho de la “toma”: el Centro Cultural, nunca se inauguró en forma oficial.