Juicio a Padilla Ibáñez: la primera testigo del choque relató la angustiante escena con la que se encontró
Continuando con el primer día del juicio contra Esther Padilla Ibáñez, acusada de las muertes de Juan Cruz de 28 Tomás (11) y Martha Andrade (75) en el accidente de la ruta 250 el pasado 17 de marzo, una de las declaró fue Clementina Arabela, la primera persona en llegar a la escena del choque.
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Antes de ella había hecho lo propio la oficial principal, jefa del Gabinete Criminalística de Viedma, Vanesa Suárez, y luego vino su crudo testimonio al ver que, quien estaba involucrado, era su compañero de trabajo Fabián Andrade. “Yo venía de Conesa, donde viajo seguido porque tengo a toda mi familia allá”, contextualizó.
“Ese día iba a salir antes, pero me retrasé…Yo venía detrás de dos camiones, estaba la noche muy oscura, los quise pasar, y pasando Guardia Mitre, hay una escuela por ahí, los quise pasar, y pasó un auto muy fuerte. Yo tenía miedo porque andan muchos chanchos por ahí. Pasé los camiones, pasé la Caminera, bajé la velocidad ahí…igual, venía a 80, 90 porque estaba muy oscura la noche, y ahí me encontré, llegando a la curva, que había muchas bolsas negras tiradas en la ruta…después me di cuenta de que eran bolsas de cebollas, y me tiré a la banquina”, recordó.
Ahí se produjo el encuentro con un Fabián desesperado: “Cuando bajo el vidrio me encontré con una persona que salió a los gritos desde la oscuridad diciéndome ‘por favor, llevá a mi hijo al médico que tuvimos un accidente’, y cuando miro, era Fabián”.
“Yo le dije ‘no te lo puedo llevar, Fabián, vamos a pedir ayuda’. Agarré mi teléfono y no tenía señal. Bajé del auto, prendí la linterna de mi celular, y saqué las llaves, porque lo vi tan desesperado, que pensé que me iba a agarrar el auto y querer salir”, contó.
Y siguió: “Me acerqué a la Duster y su nene estaba al lado de la camioneta, tapado con unos bucitos, entonces me acerqué, me arrodillé, y le dije: ‘Ahora nos vienen a ayudar, papito. Aguantá’. Le agarré la mano, él me miró, abrió los ojitos, y Fabián me gritaba ‘mi mamá está por allá, ayudame a buscarla’, y salí a buscarla, alumbrándome con el celular…me encontré con una pierna, miré debajo de la camioneta y había una mano con un anillo…y más adelante había otro pedazo más, y masa encefálica. Fabián se agarraba al costado y me decía que no podía respirar”.
“Yo le decía si se había chocado un chancho, y me dice: ‘No, fue una camioneta’. Ahí le pregunté cuantos eras y me dijo que tres, su mamá y sus dos hijos, entonces di la vuelta y vi al otro chico que estaba en el asiento de adelante. Lo toqué, pensando que estaba dormido, le toqué le cuello y estaba helado. Le dije ‘Fabián, falleció también’”.
Sin señal recordó que ella había pasado a dos camiones y que, por distancia, tenían que pasar por ahí. “Empecé a gritar, el camión primero no frenó porque venía muy fuerte, si frenó el de atrás, que no tenía señal, pero siguió y dijo que iba a llamar cuando agarrara señal. Atrás de los camiones apareció un chico, y lo mandé a la Caminera a pedir ayuda.