VIEDMA
Una vida entre maquetas: pasión sobre rieles en miniatura
Dentro del hogar de Horacio Asborno, un mundo en miniatura cobra vida. Conocido por tener la segunda colección más grande de pianolas en el mundo, también se enorgullece de su impresionante maqueta de trenes. Esta pasión se remonta a su infancia, cuando a los siete años recibió su primer tren eléctrico de la marca Marklin.
"A los siete años mi viejo llegó a casa con un trencito, que creo que fue para el Día del Niño de aquella época. Tengo dos hermanos y recuerdo que nos trajo una formación de trenes a cada uno, pero teníamos que jugar con las vías una vez cada uno. Estos trencitos eléctricos Marklin, que es una línea alemana, es una fábrica de juegos fines del siglo XIXy que tiene más de 100 años, pero en mi caso me concentro en trenes elaborados entre 1950 y 1980", contó a Noticias Net.
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La aventura de Horacio con esos trenes de fabricación alemana, se desarrolló durante su adolescencia. "Este hobby que comencé de chico duró unos años, hasta una temprana adolescencia porque era un juguete muy sofisticado que la verdad yo no sabía usar, porque es para grandes" comentó.
Los trenes pasaron a ser mucho más que simples juguetes; representaron desafíos eléctricos y mecánicos que requieren conocimiento y paciencia, desde elaborar tendidos ferroviarios completos hasta el mantenimiento regular de las locomotoras y vagones.
La colección de trenes que posee Asborno resulta una acolchada mezcla de materiales que a través del tiempo fue adquiriendo de lugares como Bahía Blanca o Córdoba. Inclusive hubo piezas que fueron rescatadas de sitios tan variados como Neuquén y Mar del Plata.
Todos estos elementos hicieron imaginable y tangible la espectacular maqueta instantánea situada en su casa. Explicó con detalle cómo cada tramo de la vía tiene una función, añadiendo una variedad de estructuras que se han ido acumulando, una mezcla de historia ferroviaria alemana y creatividad personal.
"Hay que armar un tendido, con conexiones eléctricas, con semáforos, pasos a niveles, una serie de elementos que para que funcionen correctamente hay que hacer conexiones eléctricas y mecánicas. Por otro lado, están las locomotoras y los vagones que hay que hacerles un mantenimiento", explicó respecto del funcionamiento.
En su maqueta se pueden observar edificios modernos, estaciones, una confitería e incluso una grúa que se manipula electrónicamente. Resulta un homenaje nostálgico a lo que Horacio describe como el ambiente ferroviario alemán de antaño, donde cada noche recrea historias pasadas mediante su mundo simbólico.
"La maqueta tiene todos tramos de vías individuales, ya sea con rectas, curvas o tramos de compensación, desvíos, cruces, desvíos dobles y triples, que uno va armando de acuerdo al material que se tiene y la idea que está en mente. La fábrica por supuesto que propone determinados planos que recrean estaciones y modelos de los años 40, 50 y 60, pero uno puede armarlo de la manera que quiera", sostuvo.
Y continuó con entusiasmo: "En esta maqueta empecé con un tendido sencillo y le fui agregando algunos tramos, la vía superior, la inferior, logrando ampliarla con el tiempo. Es material no es fácil de encontrar por el requerimiento que yo tengo, que tiene que ser acotado entre los años 50 y 80. Hay una zona moderna con edificios, una confitería, una estación de servicio, una fuente con algunas personajes, y siempre hay cosas que se pueden ir agregando"
"Hay un sector de tanques de agua, una zona de carga donde están los vagones que llevan autos y pasajeros, hay cabinas de señales, una grúa que funciona con un electroimán. En todo se trata de recrear lo que existió en el ferrocarril alemán de aquellas épocas. Aparece un depósito de locomotoras con compuertas, una zona de producción petrolera, de maderas, estaciones de carga, un barrio residencial donde hay una iglesia, casas particulares, calles, y después un puente que cruza toda la maqueta, lo que le da una vista particular", añadió.
Pero esta atracción por el ferrocarril no fue meramente suya. Es una herencia que corre por sus venas; algo que llevó consigo desde pequeño, cuando su bisabuelo emigró desde Italia y trabajó en las vías argentinas.
"De parte mía hay un amor particular hacia el ferrocarril", reveló Asborno, recordando con cariño la tradición ferroviaria familiar. Ahora, sigue dando vida a este amor con los trenes en miniatura y coleccionando recuerdos que simbolizan su apasionado espíritu.