2024-10-25

VIDEO: Haydee Arbués de Noceti, a sus 103 años, recuerda cómo eran Viedma y Conesa hace un centenario

Hizo mención a su infancia trabajando y divirtiéndose en el ingenio azucarero San Lorenzo. Su paso por esta capital, cómo sobrevivió al Covid-19, cuando conoció al Papa Juan Pablo II y más. Pasen y lean.

El 21 de octubre pasado, doña Haydee Arbués de Noceti, un emblema viviente, cumplió 103 años de edad en Viedma. Se trata de una de las vecinas más longevas de esta región, con su nacimiento registrado en General Conesa, localidad que ama y que siempre recuerda.

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La señora de las diez décadas nos invitó a pasar a su casa, donde dialogamos largo y tendido acerca de cómo era el país y las dos ciudades queridas 100 años atrás.

Consultada sobre cómo eran estas tierras hace un centenario, la mujer con una simpatía pura mencionó: "Era cuando se fundó San Lorenzo (ingenio azucarero de Conesa) más o menos, porque yo soy del 21 y San Lorenzo empezó en el 27. Se empezaron a mover las tierras y se prepararon. Yo tengo conocimiento desde los 2 años, cuando vino una seca muy grande, se murieron muchos animales y ahí dejamos de estar en el campo para irnos a San Lorenzo".

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El mencionado San Lorenzo era el ingenio azucarero que supo tener Conesa y que fue líder en el país. Fue una industria productiva, con la elaboración de azúcar de remolacha, que puso a la localidad ante los ojos del mundo.

Fue de vanguardia, se radicó en el Valle de Conesa en 1929 y funcionó hasta 1941. Su auge y posterior cierre marcaron la memoria local, haciendo de su historia parte importante de la identidad de toda la comunidad conesina.

Noceti se refirió a sus recuerdos de esta mega producción: "Mi padre tomó la contrata para allanar el piso y ahí se hicieron las primeras casillas" y agregó: "Primero se levantó todo el ingenio, se hizo la plantación, se hicieron las primeras casillas y se dieron hectáreas para que cada uno la produzca. Nosotros teníamos la chacra 13".

"Yo me recibí de profesora de corte y confección a los 14 años y tenía una academia. También ralié remolacha, se pasaba una máquina que la sembraba, con un chorro de semillas. Había que dar asadazos y dejar una planta o dos, los chicos teníamos un trabajo con la asadita y nos divertíamos", indicó con una sonrisa abierta.

En cuanto a Viedma, su segunda ciudad en el mundo, precisó: "Primero fui a la escuela en Conesa, cuando estaba San Lorenzo. Cuando ya no había colegio ahí, me vine a ver a mi madrina Mercedes González, la madre del Gordo Eliseo que fue intendente mucho tiempo y es muy conocido" y añadió: "Una relación que tengo es con la Escuela N° 2, que quedaba a la orilla, después fui al Colegio de Las Hermanas y al club Sol de Mayo".

"Mi abuelo Bartolomé Arbués fue uno de los fundadores de Conesa, con Macario Rodríguez y Francisco Belliú. Fueron los que hicieron las primeras cosas de General Conesa y se habitaba en el lado norte", puntualizó.

Por otro lado, Haydee se refirió al coronavirus que afectó a la población mundial y ella fue una sobreviviente: "Tuve esa porquería que me dejé medio enclenque, por eso no caminaba sola. Me compraron un andador y la pasé lo más bien, con poca fiebre. No tuve miedo, tuve ocho días con fiebrecita y un malestar en los huesos. A mí me atacó sobre todo en las piernas".

Y además, en su álbum lleno de recuerdos, contó que en 1986 pudo conocer al Papa Juan Pablo II, quien fue sumo pontífice durante 27 años. Fue en ocasión de que uno de sus hijos, Ricardo que es sacerdote salesiano, la invitó a Europa y concelebró misa con el Papa. 

"Él trabajó mucho por la juventud en Roma, entonces le regalaron un viaje a tierras santas y me dijo 'Mamá, si vos trajiste algo de dinero para recorrer Europa, te podes enganchar en este viaje'. Le dije 'A Europa podré venir otra vez, pero a tierras santas y con vos no, así que nos fuimos'. Fue un lindo viaje, conocé Belén, Jerusalén y todos los colegios de los curas", enfatizó.

En torno a qué mensaje le puede dejar a la juventud, expuso: "Que sobre todo sean buenas personas, derechos, decentes y que estudien. Estudiar te abre las puertas y la cabeza de uno".

Finalmente, agradeció a toda la gente de Viedma y de Conesa: "Todos han sido muy buenos conmigo y lo siguen siendo, tanto mis parientes como mis amigos. Yo tengo mi casa en Conesa, pero ahora estoy acá porque ya no me quedan parientes. Mis hermanas se murieron y yo soy la más duradera", acotó entre risas.

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