2024-10-18

MES ROSA

Cáncer de mama: Claves para los exámenes y una historia de superación

Se trata de una enfermedad que es la principal causa de muerte por tumores en Argentina.

El Concejo Deliberante de Viedma fue el escenario elegido para una crucial charla sobre la concientización y prevención del cáncer de mama, liderada por la médica ginecóloga Gabriela Ossés. Este encuentro surgió en el marco de los esfuerzos por subrayar la prevención como herramienta clave contra esta enfermedad, que actualmente es la primera causa de muerte por tumores en personas con mamas. 

En Argentina, se estima que el cáncer de mama es la causa de alrededor de 6.100 muertes al año. Es preocupante que el 33% de todos los diagnósticos de cáncer en mujeres en el país correspondan a esta malignidad, con una tasa de incidencia de 74 casos cada 100.000 mujeres. Aunque afecta principalmente a mujeres mayores de 50 años, el cáncer de mama puede presentarse a cualquier edad.

Una de las cuestiones más apremiantes en el grupo etario de mujeres mayores de 50 años es la supervivencia. Según las estadísticas, el 75% de los casos ocurren en este grupo de edad, mientras que un 5% afecta a mujeres menores de 40 años. En estadios tempranos, la tasa de supervivencia a cinco años puede ser tan alta como el 90%, pero en estadios avanzados cae estrepitosamente al 30%. Afortunadamente, en Argentina, se estima que el 80% de los casos se diagnostican en una fase temprana gracias a la prevención secundaria.

En cuanto a los factores de riesgo, la edad es una determinante significativa. Mujeres mayores de 50 años y con antecedentes familiares poseen un alto riesgo, siendo tales antecedentes responsables del 5%-10% de los casos por mutaciones heredadas. No obstante, el 75% de los casos se consideran esporádicos, es decir, surgen sin antecedentes familiares conocidos. Los factores hormonales como el tratamiento hormonal de reemplazo, menstruación temprana, menopausia tardía o edad avanzada en el primer embarazo, también tienen incidencia en el desarrollo de la enfermedad.
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Ossés resaltó la importancia de practicar la prevención primaria mediante una alimentación balanceada, evitar el consumo excesivo de carnes rojas, realizar actividad física, moderar el consumo de alcohol y no fumar. Asimismo, aconsejó sobre la prevención secundaria y terciaria, que se enfocan en la detección precoz y la reducción de daños, respectivamente.

La detección temprana, particularmente a través de la mamografía de tamizaje, es esencial ya que el cáncer de mama en sus fases iniciales suele ser imperceptible. Aunque el examen mamario puede sugerir un diagnóstico tardío, la mamografía es el método más efectivo y reconocido para la detección precoz del cáncer de mama en la población de riesgo promedio. 

Hay varios estudios complementarios como la ecografía mamaria, la magnificación mamográfica, la tomosíntesis y la resonancia mamaria con contraste que pueden ayudar a un diagnóstico más acertado y precoz. En la búsqueda de un tratamiento personalizado y menos agresivo, se puede mejorar significativamente la calidad de vida de las pacientes.

En conclusión, el cáncer de mama es una enfermedad prevenible y una detección temprana no solo aumenta la probabilidad de curación, sino que también reduce la morbimortalidad, logrando, en definitiva, salvar vidas.

Testimonio en primera persona

La historia de la comunicadora Vanina González es un relato conmovedor que resalta la importancia de la detección a tiempo y el impacto emocional que el cáncer de mama puede tener en las mujeres. Desde su diagnóstico hasta su recuperación, compartió su viaje personal en una jornada dedicada a la concienciación sobre esta enfermedad, y su historia es un testimonio de fortaleza y esperanza.

Todo comenzó mientras estaba amamantando a su segundo hijo. "A veces no se habla de esto del cáncer porque nos da miedo, por eso cuando una recibe ese diagnóstico dice 'chau', es sinónimo de muerte", señaló, recordando el pánico inicial que sintió.

Su situación se complicó cuando notó una anomalía en su seno y pensó erróneamente que podría ser un canal de leche obstruido. Esta falsa percepción era solo el comienzo de un largo viaje que estaría marcado por diagnósticos y tratamientos intensivos.

Al darse cuenta de la seriedad de su condición, inmediatamente se sometió a una serie de procedimientos médicos que incluyeron mamografías, biopsias y finalmente quimioterapia. Vanina reflexionó sobre esa experiencia como un "tubo sin fin", un camino tortuoso que inevitablemente afectó su salud física y emocional.

"Estuve pelada, y fue terrible porque tuve que ir a terapia. Es difícil para una mujer, porque se trata de todo lo que tiene que ver con nuestra estética, la belleza, y un poco también los mandatos", confesó, resaltando las luchas personales que enfrentó para mantener su identidad durante este proceso transformador. Las conexiones humanas jugaron un papel crucial en su camino hacia la recuperación. Se encontró rodeada de un inesperado sistema de apoyo de personas que habían pasado por situaciones similares.

"De repente comenzaron a llamarme y mandarme mensajes personas que me dijeron que pasaron por lo mismo", dijo, describiendo cómo esta red de apoyo le brindó el respaldo emocional necesario en momentos de incertidumbre. Sin embargo, la fragilidad de la vida se hizo evidente nuevamente cuando una de esas personas de apoyo falleció, incitándola a seguir adelante pero con más cuidado. El trayecto de Vanina la llevó desde Buenos Aires a intervenciones quirúrgicas que implicaron la extracción de nódulos, una experiencia que describió como "descender a un lugar", desde una perspectiva resiliente.

"Es muy duro pero hay que saber que se puede", afirmó con confianza, enfatizando la importancia de no perder la esperanza. Su travesía no solo refuerza la fe en los avances médicos, sino también en la fuerza insustituible de la familia, los amigos y el equipo médico que la acompañó.

Al final del largo túnel, también hubo gratificaciones inesperadas, como revela con una sonrisa cuando menciona con humor las prótesis que le implantaron, dándole la satisfacción de no necesitar sujetador. "Después aprendí mucho sobre la sexualidad, para aceptar al cuerpo", expresó, explicando cómo esta experiencia la llevó a redefinir la imagen de sí misma más allá de las cicatrices físicas.

Para Vanina, el proceso de recuperarse del cáncer de mama implicó más que la simple erradicación de una enfermedad; fue un camino de autoconocimiento y reafirmación del poder de la vulnerabilidad humana. Se despidió de este episodio de su vida viendo todo con "más liviandad", un recordatorio sobresaliente de que, aún en los momentos más aterradores, la fortaleza interior prevalece.

 

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