2024-09-28

A 20 años de la Masacre Escolar de Patagones: la pregunta que Juniors nunca contestó

La madre de uno de los chicos fallecidos dijo que era mentira que le hacían bullying: “No era un blanco de cargadas por parte de sus compañeros”.

El 28 de septiembre de 2004, Juniors Rafael Solich, de apenas 15 años, asesinó a balazos a tres compañeros e hirió a cinco. Fue declarado inimputable y desde entonces vive con tratamiento psiquiátrico bajo la tutela de la Justicia.

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No es un caso más en la historia de nuestro país y de nuestra región, ya que hasta el día de hoy Patagones es recordada por esta tragedia, la primera de este tipo en Latinoamérica. 

Juniors, la noche anterior le robó una pistola Browning 9 milímetros a su papá, suboficial de la Prefectura, junto a tres cargadores completos de balas. Agarró también un cuchillo de caza de uno de los cajones del modular del living y guardó todo en la mochila.

Al día siguiente, caminó las cinco cuadras que separaban su casa de la Escuela N° 202 Islas Malvinas. Todavía no había llegado el profesor de Derechos Humanos, la primera clase de cada martes, y se acomodó en la segunda fila del aula, su lugar habitual.

Observó a su alrededor y tomó la pistola cuando el reloj marcó las 7:35 horas. Sin titubear, efectuó una ráfaga de disparos con movimientos de derecha a izquierda hacia todos sus compañeros.

Tras una docena de balazas, se vació el primer cargador, y terminó con la vida de los chicos  Federico Ponce, Evangelina Miranda y Sandra Núñez. Mientras que Pablo Saldías Kloster, Rodrigo Torres, Nicolás Leonardi, Cintia Casasola y Natalia Salomón sufrieron heridas graves.

Un kiosquero conocido como “Bocha” salió corriendo hacia el aula, por el impulso mismo de salvar a los adolescentes que quedaron atrapados, y Juniors le disparó, aunque milagrosamente la bala rebotó contra una pared y luego se le trabó el arma.

Juniors la soltó, se dejó caer de rodillas al suelo y se largó a llorar.

“Para mí, todos los días son 28 de septiembre. Mi vida se detuvo ese día”, dijo a TN Marisa Santa Cruz, mamá de Federico Ponce.

Marisa, quien sigue en Carmen de Patagones, remarcó: “Estamos de pie, como cada año, poniendo en valor lo que mi hijo y sus compañeros han vivido y reforzando lo que siempre dijimos: que la masacre pudo haberse evitado”.

Cuando fue alcanzado por las balas, Federico estaba de pie: repartía los CD con música que les había grabado a algunos compañeros. “Él y yo siempre fuimos noctámbulos y él se había quedado hasta las 5 de la mañana haciendo eso. Durmió un ratito y se levantó como si nada para ir al colegio”, rememora Marisa.

“Fede era muy especial y muy amado por sus amigos y compañeros. Se iba a dormir cantando y se despertaba cantando. Así vivía”, retrata Marisa.

El paradero de Juniors se perdió desde entonces, tras ser declarado inimputable por ser menor de edad.

Juniors disparó una ráfaga sin mirar a quién y hay elementos para sospechar que habría extendido la masacre si no se le hubiera trabado el arma.

Marisa, al igual que lo hicieron varias veces los sobrevivientes, asegura que Juniors no sufría bullying: “Lo compararon con el caso de ‘Pantriste’ y no fue así. A Educación de la provincia le vino como anillo al dedo que se instalara esa cuestión. Juniors era un chico retraído, nada más. No era un blanco de cargadas por parte de sus compañeros”.

Y profundiza: “Hasta el padre, que mucha culpa tiene por haber descuidado el arma y por el maltrato que le hacía a su hijo y a su esposa, había ido a la escuela para que lo ayudaran y el gabinete no le dio bola. Lo que él quería era que Juniors dejara de juntarse con Dante Pena. Este chico solía desafiar a Juniors para que hiciera lo que hizo. Lo fue llevando hasta que finalmente lo logró”.

Marisa evoca una de las últimas charlas que tuvo con su hijo: “Unos días antes de que pasara lo que pasó, Fede me contó que el profesor de educación física les había pedido a él y a Nico (Leonardi) que integraran a Juniors al grupo. La idea, en realidad, era separarlo de Dante, a partir de un pedido especial del padre de Juniors”.

“Juniors tenía manifestaciones de violencia desde el jardín de infantes. Con Dante, además, maltrataban a sus compañeras mujeres. Hubo varias señales previas de que algo no andaba bien en él”, afirma Marisa.

Hoy, como desde hace 20 años, las familias de las víctimas y Marisa incluida se hacen el mismo interrogante: “Siempre dije que ojalá alguna vez pudiera tener a Juniors frente a mí para hacerle una sola pregunta: ¿por qué?”.

Este sábado 28 de septiembre, desde las 15:30, la comunidad escolar se unirá a los familiares y amigos de Federico, Evangelina y Sandra en el parque Piedrabuena para cerrar la conmemoración de esta fecha tan significativa, en este caso frente al Memorial ubicado en la costanera de Carmen de Patagones.

 

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