ECONOMÍA
Sigue pagando más el consumidor por cada peso que recibió el productor de alimentos
En el complejo entramado de la cadena de producción y comercialización agrícola en Argentina, la diferencia entre lo que recibe el productor primario y lo que paga el consumidor final en las góndolas se ha convertido en un tema recurrente y preocupante.
Este fenómeno, conocido como "la brecha", varía significativamente debido a factores estacionales, climáticos y económicos, lo que impacta directamente en los precios de frutas y verduras en el mercado argentino y sus dificultares.
Salvador Femenía, vocero de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), explicó en diálogo con el programa "Tocá Madera" de Radio Noticias cómo se ha comportado esta brecha en los últimos meses.
Según Femenía, “la más baja se ha registrado desde diciembre de 2022”, aunque advirtió que este descenso no se debe únicamente a una mejora en la estructura de la cadena de valor, sino también a “un problema estacional, climático y de poder adquisitivo de la gente. Todo se junta como para que la brecha se haya achicado a 3,1 veces”.
Uno de los factores más influyentes en esta dinámica es el costo de la producción agrícola. Femenía señaló que “los costos de logística, producto del aumento de combustibles y los salarios en el sector” son determinantes para los precios finales.
Además, el vocero de CAME destacó que las condiciones climáticas adversas también juegan un papel crucial: “Ha sido un invierno con fríos muy intensos y mucha nevada, lo que ha llevado a la pérdida de buena parte de la producción de verduras en provincias como Santa Fe”. Este tipo de situaciones reducen la oferta y, como consecuencia, elevan los precios en origen, afectando la capacidad de los minoristas para trasladar esos costos al consumidor.
El caso del tomate es particularmente ilustrativo. Femenía explicó que “el tomate desestacionalizado se paga mucho”, especialmente fuera de su temporada natural, lo que provoca una oferta limitada y precios elevados. Este año, “hemos tenido tomate a 7.000 o 6.000 pesos”, aunque recientemente “bajó bastante, como está apareciendo más a medida que se acerca la primavera”. Un fenómeno similar se observa con el morrón, que “en su pico extremo llegó a 8000 pesos” en la Ciudad de Buenos Aires.
La estacionalidad de ciertos productos no solo afecta los precios, sino también el comportamiento del consumidor. Femenía comentó que cuando los precios son demasiado altos, se produce “una merma en el consumo”, lo que obliga a los consumidores a buscar otras opciones más económicas. “La gente dice, bueno, este valor no lo compro o compro muy poco, y ahí se produce una caída de demanda”, explicó.
Además de los factores estacionales y climáticos, la presión fiscal sobre los productores también complica la situación. Femenía señaló que “la presión fiscal es un combo que dificulta en muchos casos la comercialización interna, ni hablar de cuestiones externas”. En este contexto, la reciente noticia sobre la baja en el precio de la soja debido al exceso de producción ha generado preocupación, dado que se esperaba que este cultivo fuera un alivio para la economía nacional.
Finalmente, Femenía subrayó que la estructura misma del mercado contribuye a la persistencia de esta brecha, especialmente en algunas frutas que requieren múltiples intermediarios antes de llegar al consumidor final. “Tenemos en algunas frutas muchos intervinientes en la cadena: productor, acopiador, cámara de frío, cámaras de empaque”, lo que añade costos adicionales a lo largo del proceso.