2024-07-28

LO NUESTRO

Buceando la historia de la Itaparica y el hallazgo que no fue

La búsqueda de restos abrió un contrapunto y un reclamo: preservar y respetar la historia, valorar el conocimiento y las tradiciones. El caso está lleno de controversias.

En el verano de 1827, la corbeta insignia del ejército brasileño, llamada  Itaparica, intentó invadir las tierras de Carmen de Patagones y Viedma. Este conflicto histórico dejó una marca indeleble en la región, y en 2016, un supuesto hallazgo de los restos del barco por parte de buzos reavivó viejas controversias.

Durante 2016, un grupo de buzos anunció el descubrimiento de los restos de la Itaparica en la costa de Viedma, lo que inicialmente fue considerado un gran hallazgo arqueológico. Sin embargo, este anuncio generó un contrapunto con varios historiadores locales, quienes han estudiado detalladamente el conflicto con Brasil y el triunfo que garantizó la soberanía de las tierras patagónicas y del Estado nacional.

Por un lado, algunos historiadores y expertos cuestionaron la novedad del hallazgo, argumentando que los restos del buque eran conocidos desde hacía décadas. Vecinos de Viedma aseguraban haber visto los restos del Itaparica hasta la década de 1970, cuando estaba hundida cerca de la Escuela Náutica provincial, entre las calles 25 de Mayo y Belgrano.

De hecho, hasta hace no mucho tiempo, existía cartelería en el parque Belgrano señalando la presencia cercana del buque insignia del imperio brasileño.

En épocas de gobiernos militares, un dirigente ordenó dinamitar lo que quedaba del Itaparica en el lecho del río, argumentando que representaba un peligro para la navegación. Sin embargo, no se realizaron esfuerzos para conservar los restos. Fue en 2016 cuando buzos que participaban en una investigación arqueológica informaron haber encontrado lo que quedaba del barco.

A pesar del entusiasmo inicial, expertos en historia local explicaron que la Itaparica, una vez capturada por las fuerzas nacionales en el combate del 7 de marzo de 1827, fue utilizada algunos años por la armada, luego como buque mercante y posteriormente como pontón flotante, hasta que se hundió definitivamente. 

La Itaparica fue la mayor embarcación de la flota brasileña que intentó invadir Carmen de Patagones desde el 28 de febrero al 7 de marzo de 1827. La más grande, la Duquesa de Goiás, había quedado encallada en la desembocadura. La Itaparica fue la última en ser capturada por las fuerzas nacionales que defendieron su posición.

El contrapunto surgió cuando se intentó informar oficialmente el hallazgo. Uno de los críticos más destacados fue el vicegobernador Pedro Pesatti, quien celebró poder "conocer imágenes que reflejen nuestra historia" pero cuestionó que "hablar de descubrimiento parece equívoco y cercano a la falacia". 

Pesatti explicó en aquel entonces, que ocupaba el mismo cargo que ocupa ahora, que "el lugar donde se encontraban los restos de la corbeta Itaparica ya había sido hallado, incluso fue señalado por vecinos de la comarca Viedma-Patagones en innumerables oportunidades. Lancheros, palistas e incluso bañistas se toparon con ellos. Hasta los años '70 podía verse con alguna bajante parte de su maderamen".

"La Itaparica era el objeto de la búsqueda y las coordenadas de su ubicación eran, cuando mucho, un secreto a voces", añadió Pesatti, señalando que hablar de descubrimiento puede resultar "prepotente y arrogante" para la memoria de la querida Emma Nozzi, quien siempre conoció el lugar exacto de los restos, e incluso para el trabajo constante del historiador Jorge Bustos, que heredó la pasión de Emma y hoy conduce de manera ejemplar el museo de Patagones.

Pesatti entonces también hizo un llamado a discutir qué hacer con el patrimonio histórico. "Las comunidades ribereñas de nuestra Comarca han respetado esos restos, al menos quienes conocieron su ubicación, e incluso los buzos que se toparon anteriormente con ellos. Pero quizá es la oportunidad de abrir la discusión para que, sin ambigüedades ni sectarismos, podamos resolver las tensiones que todo tema histórico moviliza", concluyó.

El desguace y una leyenda

Luego de que se calmaron las cosas con el imperio portugués del Brasil, los criollos empezaron a utilizar la embarcación como balsa para una alternativa de comunicación fluvial en el río Negro entre el villorrio maragato y las quintas de la margen sur.

Algunos expertos en navegación cuentan que con la aparición de Juan Manuel de Rosas en el escenario político (1829-1832/1835-1852) hubo un primer desguace en épocas que el restaurador incursionó en territorios patagónicos. Se dice que mandó a pedir los palos y que quedaron en un campo de Pedro Luro o en las inmediaciones.

El segundo caso y que la mandó a las profundidades es que como luego de la guerra no se tomaba en cuenta que se trataba de un valor histórico, la goleta fue víctima de vandalismo. Alguien retiró unas chapas que recubrian el casco y la mandó a pique en la zona mencionada

 

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