2023-07-09

Caracciolo: el apellido que la comunidad no debe olvidar nunca más

Jonathan tenía 29 años, muchos proyectos en su haber junto a su pareja y cuatro niños, tres de los cuales eran del corazón. Una bala perdida terminó con su vida y hasta hoy no hay ningún detenido.

Hoy se cumplen cuatro días de dolor, de angustia y de gritos de justicia. Jonathan Caracciolo, de apenas 29 años, en la madrugada del miércoles 5 perdió la vida tras un disparo en el pecho.

Una bala perdida que no era para él impactó en su tórax, en una balacera cuando se cerraba el martes 4, entre las calles 20 y 29 del barrio 30 de Marzo.

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Jonathan estaba en ese lugar, porque trabajó todo el día y fue a comprar pan, para mojar en el tuco con unos canelones, una cena que nunca fue y que quedó intacta arriba de la mesa.

Tras el impacto de bala, como pudo, se dirigió hasta la entrada de la casa de su novia, Angélica Riquelme, y pidió hasta el último momento que lo ayudaran, suplicó que lo salven.

Todo fue ante la desesperación de su esposa, de su nene de sólo cuatro años y de sus otros tres hijos del corazón.

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Angélica gritó auxilio a los policías de la Comisaría 38 y sólo una agente atinó a llamar a los médicos. Uno de sus hijos de 14 años le tapó la herida como pudo, sin conocimientos médicos previos, y cuando llegó el personal de salud se les cayó de la camilla.

Jonathan resistió dos horas en la sala de urgencias del hospital Artémides Zatti. A la 1:30 de la madrugada llegó la peor noticia: murió.

Desde ese momento todo es un calvario y desolación para los Caracciolo y los Riquelme. El único pedido desde las entrañas es que haya justicia, que pague quien ejecutó ese maldito disparo.

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Lamentablemente, desde la Justicia aun no se procedió a detenciones. Hubo dos medidas de dermotest a dos sospechosos y allanamientos en el radio y en el barrio Guido, pero no hay respuestas concretas.

Tampoco hay testigos, las cámaras del comercio donde fue a comprar pan no están funcionando y nadie vio nada. Si alguien vio algo, es difícil de entender cómo ha podido apoyar su cabeza en la almohada sin remordimientos.

Jonathan dejó a cuatro niños sin padre, un manojo de sueños como poder terminar la casilla en la que vivía con Angélica y fue un vecino que estuvo en el momento menos indicado, en el lugar que nunca debió estar. Fue un vecino que pudo haber sido cualquiera de la cuadra.

Toda la zona está conmovida y espera que haya novedades. En el territorio, se lo recuerda como una persona amable, generosa y siempre bien predispuesta.

Hay varios testimonios de haber ayudado a arreglar un lavarropas, de haber reparado una puerta o de trabajos de albañilería, Jonathan le hacía frente a cualquier changa que saliera.

Su único vicio eran los cigarrillos, algo que sus amigos más cercanos le decían que lo deje, porque le iba a hacer mal a su salud.

Su salud finalmente terminó por una bala perdida, una de las tantas que se escuchan en la oscuridad repetidamente y que nunca se sabe quién carga las armas, o no se quiere saber.

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La comunidad de Viedma y de Patagones no puede olvidarse nunca más de Caracciolo, un vecino que murió injustamente y que podría ser el ser más amado de cualquiera de nosotros. Caracciolo merece justicia. La Comarca merece justicia y un nunca más.

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