Abuso en Patagones: “Si le decís a tus papás los voy a agarrar con un cuchillo”
Una joven maragata vive con temor de cruzarse con su abusador, ya que no tiene un domicilio fijo y lo vio ingresar en una vivienda a pocas casas de la de ella. Según contó la víctima, cuando coinciden en algún comercio o en la calle, la mira de manera intimidante.
El abuso ocurrió en noviembre de 2022, en la casa de Carlos en Patagones, quien fue denunciado y sobre quien recayó una orden de alejamiento. Todo comenzó con un mensaje de un amigo de ella que la invitó a tomar algo. Llegaron a la vivienda del acusado y a los pocos minutos su acompañante salió a buscar un cargador de celular.
Ante esta situación, Carlos le dijo: “Ya se fue tu amigo, estamos solos”. Luego, cerró con llave. La joven rompió en llanto y suplicó que la deje ir. Justo en ese momento, sonó el teléfono y le ordenó a su rehén que se vaya a la pieza, pero luego decidió irse él a la habitación y la dejó en el comedor.
Al regresar, se sentó junto a la víctima y comenzó a tocarle una pierna, luego se bajó el pantalón y le refregó el pene por todo el cuerpo. Desesperada, la chica reaccionó y utilizó la mesa como escudo.
Para no despertar sospechas en los vecinos, para que no hubiera gritos, el abusador tomó una botella de vino y se fue a la habitación. Desde allí le dijo: “Vení así te doy lo que querés”.
“Yo estuve preso, si le decís a tus papás los voy a agarrar con un cuchillo. Soy un hombre de campo y quiero tener hijos con vos, que salgan con ojos verdes”, advirtió el captor en forma repugnante.
Pasaron varios minutos, y la víctima comenzó a escuchar ronquidos. Se acercó a la habitación, vio que el hombre se había dormido y aprovechó para escapar. Justo en ese momento su amigo estaba forzando la reja para ingresar.
Al poco tiempo, la joven caminó junto a su padre y se cruzaron al abusador, pero lejos de escapar se quedó mirándolos fijamente de modo intimidante. Además, lo vieron ingresar a una vivienda que queda a pocas casas que la suya.
El hecho ocurrió a fines de noviembre del año pasado y el caso se trasladó a la Fiscalía de Bahía Blanca. Sin embargo, la afectada aseguró que “los tiempos de la Justicia son demasiado lentos y me siento desprotegida, porque a pesar de la prohibición de acercamiento me lo sigo cruzando”.
En diálogo con este medio, dijo que habría una segunda víctima que aún no se animó a denunciarlo.