REGATA INTERNACIONAL DEL RIO NEGRO
Padre e hijo compartiendo la aventura: La historia de Martín y Kaique Campos
La regata del Rio Negro es una de las grandes competencias que tenemos, es un gran tesoro para deportistas y amantes del deporte, para turistas, para aquellos que aman y valoran el rio como un legado de la naturaleza. Pero también es una historia de superación, los laureles muchas veces se obtienen al superarse a si mismo, contra la lucha que cada uno de los mas de 200 palistas lleva dentro y muchas veces desconocemos. Es abrazarse a ese ser querido, es saber que pudiste pese a las complicaciones, pese a los temores, pese a los miedos. Es remar para uno y también para alguien más, es demostrar fortaleza y valentía de luchar contra lo impredecible, es avanzar pese a los obstáculos. Esa es la gran victoria del ser humano, que no siempre se condecora con una medalla, pero se festeja con el abrazo de quien te quiere.
Martín Campos tiene 39 años y este año representa al Náutico La Ribera. Practicante del deporte desde su juventud, muchas veces se vio resignado a no participar por cuestiones laborales. Pero este 2023 se permitió participar y junto a su compañero Martín Uentelaf buscan pelear en lo más alto de la categoría K2 Travesía B.
Su hijo Kaique, de 16 años compite en la categoría K2 Junior junto a Esteban Martínez Diaz. Y ambos comparten la emoción de vivir la aventura de La Regata. “Ellos van por delante de nosotros durante el trayecto, y cuando llegamos a la meta nos fundimos en un abrazo que me llegó al alma” relata Martín para NoticiasNet.
Martín disputó su primera regata en el año 2002 junto a Carlos Leiva y vivió al canotaje como un estilo de vida. Pero un tumor lo marginó de las competencias por un largo periodo. Luego de varias operaciones y complicaciones pudo recuperarse y volver al río, que es lo que más disfruta hacer.
“Siempre acompañé a la regata desde la orilla, junto a mi papá seguimos a Gustavo Cirillo y hoy compartir el mismo grupo de regata es un privilegio” relata emocionado el palista.
Martín y Kaique viajan por el Rio Negro intentando llegar a su Viedma natal, donde su familia, como siempre, esperará en la orilla para fundirse en el abrazo que gratifica a aquel que nunca se rindió.