Zatti tuvo que ser exhumado y declararon 46 testigos: los detalles de su canonización en la palabra de la Hermana Otal
Por Fernando Manrique
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Fotos: Eugenio Sicardi.
Cada vez falta menos para la santificación de Don Zatti y es importante destacar a las personas que han militado sin cansancio por esta causa.
Una de ellas es la Hermana Rosita Otal, quien fue secretaria del proceso de la causa Don Zatti y a sus 89 años va a tener la bendición de saber que Zatti será un nuevo Santo, el próximo 9 de octubre.
Con una lucidez que es admirable a su edad, contó durante una hora de charla varios pormenores del proceso para que Zatti sea San Zatti. En este sentido, indicó: "Yo fui secretaria de la causa desde el 12 de septiembre de 1980 hasta que terminó todo el proceso de secretaría el 25 de mayo de 1982. Todo ese tiempo trabajé en el Obispado, con el juez Monseñor Rodolfo Nolasco que era un sacerdote de Buenos Aires que estaba de Vicario en la diócesis de Viedma, el fiscal Osvaldo Francella que era un sacerdote muy remarcado en esa época. El tribunal funcionaba en la biblioteca del Obispado, era totalmente secreto y no podía entrar nadie, sólo los testigos que tenían que declarar".
Citó que los testigos que dieron su palabra acerca de la causa fueron 46, de 49 que estaban en carpeta, ya que tres murieron antes de declarar.

Una historia que pocos saben es que Zatti tuvo que ser exhumado el 8 de diciembre de 1981, y sus huesos fueron analizados por parte de los doctores Antonio Sussini (que hoy tiene un boulevard en su nombre) y Fernando Molinari.
"El Doctor Sussini tocaba los huesos, los miraba y decía qué tipo de hueso era, si una tibia, un peroné o lo que era, lo describía según el estado y se lo pasaba al Doctor Molinari. Después se lo devolvía al cajón, estuvimos toda la mañana en eso. El reconocimiento de los huesos es fundamental en una causa de beatificación y de canonización, porque quiere decir que esa persona existió y que no fue un invento", detalló.
Tiempo después pasaron los 46 testigos, algunos estaban todo un día contando todo lo que sabían acerca de Zatti, mientras que otros incluso estaban una semana entera. Todos esos relatos fueron transcriptos a mano y con la máquina de escribir por parte de la Hermana Otal y posteriormente fueron enviados a Roma.

En esos años, Rosita era profesora de Historia y Geografía en Comodoro Rivadavia (Chubut), pero dejó todo y se concentró únicamente en la causa de Don Zatti, un verdadero acto de amor y de fe para que hoy estemos hablando de la inminente santificación del vecino más bueno de todos.
"Fue todo un proceso sin descanso y muy serio porque hay que prestar juramento, yo escuché a todos los testigos, que era gente de acá que había conocido a Don Zatti", mencionó.
Testimonios sobresalientes

La Hermana Estela Larrañaga siendo muy chica vio una de las acciones de Zatti. Otan rememoró su anécdota y señaló: "Ella vio la curación que le hizo Don Zatti a su hermana Mabel por una peritonitis, sus curaciones siempre fueron muy audaces con sus manos".
"Su santidad la constataban todos, porque por ejemplo hubo un caso de una señora que lo llamó por teléfono para que busque y le lleve una receta por su esposo enfermo, esa señora tenía hijos pero en vez de que ellos fueran a buscarla él fue y siempre se mostraba sumamente paciente", puntualizó.
Agregó: "Él siempre hacía frente a lo más repulsivo, hay un hecho patente cuando trajeron a un hombre del sur, de Chubut o de Santa Cruz, todo agusanado, Zatti lo agarró, lo envolvió en una sábana, lo llevó al baño, lo lavó, le sacó todos los gusanos que tenía, lo curó y lo puso en su cama. Tenía todos esos gestos".
"Cuando las morgues estaban ocupadas y no podía entrar un cadáver, él se lo llevaba, lo ponía en su cama y él dormía en el piso o sentado en una silla, eso lo dijeron muchos testigos", añadió para darse una magnitud de la obra de gracia y la caridad de nuestro Santo.
Asimismo, precisó que entre los testigos estuvo Carlos Alberto Emery, quien ejerció como ministro de Agricultura y Ganadería en la primera presidencia de Juan Perón, entre 1947 y 1952, y como ministro de Bienestar Social en la de María Estela Martínez de Perón, en 1975. "Él estuvo una semana, conocía el nombre de Don Zatti y aprovechó a pedirle alojamiento para ver a esta persona que tenía tan fama en Viedma. Él testimonió de lunes a viernes, era un entusiasta y contó su historia".
"Él actuaba como una medicina, porque la gente lo veía tan bueno, tan amable y tan feliz y se sentía bien. Su sola presencia era como una medicina, incluso él cuando ayudaba como enfermero estaba con su rosario a mano y hacía que hasta tambalee la fe de los no creyentes. Su presencia protegía, daba fortaleza", recalcó.
"Don Zatti no cobraba nada cuando iba a las casas a poner inyecciones o a curar, era del pueblo, siempre andaba en bicicleta y era famoso por todo lo que ayudaba. En las casas donde los enfermos eran muy pobres dejaba unos pesos en algún lugar escondido y él cuando estaba con muchas deudas recibía ayuda de amigos hacendados que conocía sus obras", describió.
"Yo lo vi de espalda"
A sentir de la Hermana, la canonización de Zatti "me alegra porque la gente puede ver que hay gente buena, más en esta época de tanto descreimiento, de no creerle al gobierno ni al vecino, éste es un testimonio de que se puede ser bueno con los demás, esforzándose porque Don Zatti sonría siempre y decía 'Dios me ama'".
"A él no le importaba que lo llamaran de noche ni de día, siempre decía que tenía la obligación de ir a atender a los enfermos", apuntó.
Al tiempo que hizo referencia a que ella alcanzó a ver a Don Zatti, pero de espalda. "Yo era alumna del secundario en Bahía. En una peregrinación de Bahía a Fortín vinimos con todo el colegio en tren, pasamos la estación de Pedro Luro y bajamos para caminar 1 kilómetro y medio. La preceptora que teníamos, en 1950 que fue un año antes de la muerte de Don Zatti, nos dijo 'Ese hombre es un Santo' y señaló a Don Zatti. Él tenía un saco gris, era alto y estaba de espalda, miró hacia un costado y lo vi de perfil. Pero yo tenía 17 años y no le di mucha importancia en ese momento, después cuando escuché de su fama siempre me acordé de ese día", detalló.
Es decir, ya en vida las personas le decían Santo a Don Zatti.
Finalmente, la Hermana Otal se mostró optimista con que el Beato Ceferino Namuncurá pueda ser declarado Santo en pocos años y relató un pedido del Padre Narambuena, quien en su casa tiene dos enormes cuadros de Zatti y del nacido en Chimpay. Cuando supo que Zatti iba a ser canonizado, miró su cuadro y le pidió: "Ahora ayúdalo a Ceferino a que también sea declarado Santo".
Todo sobre el proceso
Se inició con el reconocimiento de la heroicidad de las virtudes y el Padre obispo Esteban Hesayne lo solicitó en el año 1977. En 1979 se autorizó y hasta 1982 se llevó a cabo el proceso aquí en Viedma".
Luego se elevó lo actuado a la Congregación romana, que tuvo su visto bueno en 1985 y tras ser declarado válido el Proceso de Reconocimiento, la Causa fue confiada al Relator General, que terminó su informe en junio de 1990 y el 7 de julio de 1997 Artémides Zatti fue declarado Venerable.
El 14 de abril de 1998 se estableció el Tribunal Eclesiástico en Buenos Aires para estudiar un presunto milagro, el 27 de noviembre la Congregación para las Causas de los Santos aprobó lo actuado, el 9 de marzo de 2000 ese milagro fue aceptado por los expertos, el 24 de abril de 2001 el Papa Juan Pablo II firmó el decreto de conclusión de la causa de beatificación y el 14 de abril de 2002 Artémides Zatti fue declarado Beato.
El Padre Narambuena destacó que esto tiene mucho trabajo y se logró gracias a los abundantes testimonios y a la conciencia ciudadana de que Zatti era un santo.
En cuanto al milagro que se le atribuye, contó: "Ocurrió en Filipinas con un ACV masivo. Los médicos lo desahuciaron, no había nada qué hacer, un hermano del paciente invocó a Zatti y el paciente se recuperó sin que ese ACV masivo le dejara consecuencias. Ese milagro fue estudiado en Roma, por lo tanto el que llevó a cabo el proceso del milagro fue el Postulador de Roma Padre Pierluigi Cameroni".
Zatti nació en Boretto, al norte de Italia, el 12 de octubre de 1880 en el seno de una numerosa familia campesina. Luis y Albina Vecchi eran sus padres. Como muchos italianos de esa época, la familia Zatti quiso evitar la creciente desocupación europea. Por eso, viajaron a la Argentina en 1897 y se instalaron en Bahía Blanca, lugar donde vivía un tío desde hacía un tiempo.
El 18 de febrero de 1911 Artémides Zatti hizo su profesión religiosa como Salesiano Coadjutor. Fue un enfermero y religioso salesiano, que durante cincuenta años se dedicó a la atención de los pobres y enfermos de Viedma, Río Negro. Allí dirigió el hospital “San José”, en la Patagonia argentina.