La historia de vida de Germán, el joven viedmense con el que todo vecino debería cruzarse
El mundo está cargado de historias de vida. De situaciones de resiliencia que se multiplican. Pero no hace falta irse muy lejos para toparse con ellas. Acá nomás, en Viedma, nos encontramos con Germán Dietz, un joven de 28 años al que el destino le puso obstáculos, pero eso no fue un freno para él, ni mucho menos. Sino todo lo contrario. Supo transformar eso en su principal herramienta para vivir.
Un posteo en Facebook, hablando de su bondad, de su energía, nos llevó a comunicarnos con él. Todo eso fue comprobado a lo largo de la charla. Una persona íntegra y con unos valores que no muchos tienen. Esto viene a raíz de que Germán se dedica a vender alfajores, pero no cualquier producto, sino los Capitán del Espacio, una golosina que todo amante del dulce no pude dejar de probar.
Hay un tema: no es fácil de conseguir si no vivís en Buenos Aires, si no te movés en los trenes de la gran ciudad. Pero acá lo tenés a él, que hace hasta lo imposible para adquirirlos y venderlos en la vía pública, donde ya tiene su clientela, o a través de sus redes sociales (Germán Dietz en Facebook) y hasta por teléfono, comunicándose por WhatsApp al 2920-484944. Además de que son sus favoritos, que haya una dificultad a la hora de conseguirlos lo hace más atractivo para Germán. Contó que vende muy bien y que comenzó en 2019.
“No tengo una manera detraerlos porque como te dije, no es fácil de conseguir así que me las rebusco, hasta en MercadoLibre suelo comprar. Es improvisar todo el tiempo porque no es un alfajor accesible”, comenzó en diálogo con NoticiasNet. Pero enseguida reveló su secreto: el secreto de la comercialización, porque para él no es una simple transacción.
¿De qué se trata? Él lo explica mejor que nadie: “Más que nada me gusta la parte de hablar con la gente, de sacarles una sonrisa. De hecho, en esta nota, si esto a vos te saca una sonrisa sería lindo. Lo que pasa es que uno no sabe cómo pudo haber tenido el día el otro. Y por ahí venís y un simple saludo: 'ey, ¿todo bien?, ¿cómo andas?' un simple saludo inesperado te saca una sonrisa, que es todo lo contrario a lo que pasa cuando entrar a un lugar y nadie te saluda”.
Historia de vida
Uno tiende a enojarse cuando las cosas no salen bien, cuando la vida, muchas veces, da un cachetazo. Suele ser lo más normal dentro de algo que no debería ser así. La frustración está a la vuelta de la esquina y hasta en pequeñeces. Pero hablar con Germán te cambia el panorama, te enfoca en lo que verdaderamente importa.
“Yo siempre fui ciego. Nací con 6 meses y medio. Y no la tengo tan difícil porque no es lo mismo nacer ciego que perder la vista a una edad en la que ya estás acostumbrado a un mundo de imágenes. Yo uso mucho el oído y si yo perdiera el oído diría 'guau, que es este nuevo mundo'”, dijo y contó cómo fue: “Cuando nací me pusieron en incubadora, me pasaron de oxígeno y eso me dejó sin retinas”.
—¿Estás enojado con la vida?
—No, porque eso me hizo, en parte, la persona que soy. Todo nos pasa por algo. Yo había escuchado una cosa que en coaching le dicen “reencuadre”. Por ejemplo, Paulo Coelho, antes de escribir, trabajaba en una empresa. Un día lo echan de la empresa y lo primero que piensa fue eso, que era una injusticia. Pero después se lo plantea desde otro ángulo y piensa que eso significaba que se tenía que poner a escribir. Entonces, si no lo hubieran echado, capaz que nunca hubiera escrito. La cuestión pasa por buscarle otro reencuadre a las cosas, el lado positivo a las cosas.
—¿Además de vender qué otras cosas haces?
—Hace poquito me recibí de masajista, hago masajes, me va bien. Te aseguro que funciona porque la gente vuelve.
—La gente se queja del mal estado de las veredas, ¿cómo es en tu caso?
—Las veredas, depende la zona, están en muy mal estado. Yo ahora estoy saliendo a correr con un amigo y tenés lugares hasta en los que hay pozos. Pero bueno, a la hora de caminar, te sirve el bastón para esas cosas.
—¿Vas a correr en la maratón Stilo?
—Sí, me estoy preparando para la Stilo, con este amigo que te digo me estoy preparando. Es un límite más para superar, me gustan esas cosas. Además, me gusta todo lo que es actividad física. Antes no corría, empecé ahora para esta maratón, pero pienso seguir en esto de correr.
—Perdón la ignorancia, pero, ¿cómo haces?
—Con mi amigo, vamos a la par, utilizando una especie de soga que sirve como guía.
—Te pido una reflexión de cierre
—Mi mensaje es que a cualquier persona que piense que algo la puede limitar, que con mayor o menor encuentre una dificultad, que sepa que uno siempre puede. Si uno quiere puede hacer las cosas.