José Pappático, reflejos de la vida comercial viedmense en el almacén de su memoria
El destacado periodista y escritor de Viedma Carlos Espinosa, compartió en el grupo de nostalgias colectivas "COMARCA PATAGONES -VIEDMA: UN VIAJE AL PASADO" una prominente nota acerca del Vecino Destacado José Pappático.
Se trata de un artículo de la serie de Perfiles y Postales, en nuestro diario Noticias de la Costa, publicado originalmente el 26 de febrero de 2006. Aunque pasaron 16 años, los relatos recopilados por Espinosa mantienen vigencia e interés.
Artículo completo:
José Pappático fue el segundo hijo viedmense del inmigrante itálico Domingo Papático que, en 1928, abrió un despacho de bebidas y almacén. Esta nota rescata su rica memoria, con detallada descripción de la actividad comercial de Viedma hacia fines de los años 30.
Todo lo que sigue es la propia voz de José Pappático, entre paréntesis solamente se añadieron algunas referencias para ubicar al lector contemporáneo. Este es el recorrido por el almacén de remembranzas del caracterizado vecino viedmense.
Una esquina, en 1928
Mi papá Domingo Papático puso un despacho de bebidas en 1928 en una esquina donde todavía existe el local, en Roca y Las Heras; pero en 1931 se trasladó a la esquina (norte) de Pueyrredón y Belgrano, donde siguió y actualmente sigue la actividad en manos de la familia (aunque el supermercado inaugurado en diciembre de 1980 cerró a principios del año pasado).
Durante mucho tiempo papá tuvo almacén y despacho de bebidas, que era lo que se usaba entonces, después cuando nos quedamos nosotros (los hijos) se convirtió solamente en almacén, mayorista y minorista.
Los negocios de almacén de ramos generales y acopio de frutos del país más importantes de Viedma (hacia fines de la década del 30) eran: La Barraca, de Pérez, García y Compañía, esquina de Alvaro Barros y Buenos Aires (hoy Zágari Hogar); y el de Ramón Veiguela y compañía, que tenía un local que se incendió en la cortada Maestro Aguiar, en donde funcionó en un tiempo Vialidad Provincial.
Este local se incendió, más o menos por 1939. Yo era alumno de primaria en el curso de aplicación de la Escuela Normal, sobre la calle Buenos Aires enfrente de la plaza Alsina (actual edificio municipal) y todos los chicos salimos corriendo para ver el fuego y el trabajo de los bomberos. La policía trataba de evitar que nos acercáramos mucho, porque había peligro de explosión de los tambores de combustible.
La firma Veiguela se mudó, después del incendio, y edificaron en la esquina de 25 de Mayo y Alsina, en donde ahora está el club Sol de Mayo. El salón de la esquina era el local y después seguía el depósito por toda la calle 25 de Mayo, hasta la calle Sarmiento.
Después Veiguela le vendió a un señor Landini, que puso en el local de la esquina una confitería y más tarde le vendió ese sector y el fondo por calle Alsina al club Sol de Mayo. Esto ocurrió para el año 1948 aproximadamente siendo presidente del club don Víctor Livigni. Fue una inversión muy importante teniendo en cuenta la relación entre la cantidad de habitantes de Viedma y el valor del inmueble. Otra parte de ese terreno fue comprada más tarde por el Banco de Río Negro y Neuquén para construir su edificio en la esquina d 25 de Mayo y Sarmiento (hoy sede central de la Lotería).
En esos tiempos esas casas de comercio tenían un corralón en donde ingresaban los carros que venían de la campaña trayendo leña, lana y cueros, allí mismo esa gente muchas veces acampaba uno o dos días antes de emprender la vuelta, esta vez con el carro cargado de los víveres.
Cuando empezaron los cambios
El cambio comercial de Viedma empezó cuando llegó La Anónima y puso su primer local en la esquina de Alvaro Barros y Buenos Aires (hoy el Paseo de Compras de Zágari Hogar) en donde había estado La Barraca.
La Barraca fue una firma muy importante de Viedma, tenía almacén de ramos generales, mayorista y minorista; venta de autos; representante de YPF y acopio de productos del país con un galpón que llegaba hasta la calle Gallardo. Los socios de la Barraca eran Ramiro García, Policarpo Mendaña y Bernardino Pérez, los hijos ya no siguieron en el negocio y la casa cerró.
Había cuatro panaderías en aquellos años: Galluci, en Mitre y Tucumán; Vicente Falloli, acá en la esquina de San Martín y Saavedra; Malpeli, sobre la calle Laprida a mitad de cuadra entre Saavedra y Belgrano (que siempre la tuvieron alquilada y funcionó hasta hace unos 20 años); y la de Bellini, que después se la vendió a Gentile (en Laprida y Colón).
Eran el tiempo en que todas las cosas se vendían sueltas: el jabón en barra, el azúcar en terrones, que era preferida por las amas de casa, porque decían que endulzaba más que la molida; la yerba que venía en cilindros de 25 kilos. Nosotros comprábamos las resmas del papel de estraza, que se usaba para hacer los paquetes en donde se ponían todos esos artículos sueltos.
Segundo Malpeli tenía una especie de ferretería en Alvaro Barros y Guemes (local que todavía se conserva), que se dedicaba mucho a forraje y ferretería; pero también estaba la ferretería de Daniel Campano, en la calle Alvaro Barros en donde estuvo hasta hace poco la firma de Nicolás Destefánis (ahora Valle Inferior S.A.)
En cuanto a farmacias había solamente dos, la de Atilio Guidi en la misma esquina en donde está hoy su hijo, de San Martín y Saavedra; y la de Marcos Viglione, en la calle Buenos Aires casi esquina Alvaro Barros (donde hoy está un negocio de ropa).
En materia de hoteles, por un lado el España, en la calle Buenos Aires, entre Belgrano y Saavedra, (donde más tarde estaría el residencial que llevaría los nombres de Dante y Buenos Aires, en distintos tiempos, actualmente cerrado); y el Roma, en la avenida 25 de Mayo, que todavía se conserva, con algunas modificaciones.
Había pensiones como la Florida, en calle Tucumán, que recibía sobre todo a la gente de campo; la Tolosa, en calle Garrone, cerca de Moreno, pasando el despacho de combustibles de Otto Lehner, que estaba en la esquina de 25 de Mayo y Garrone.
Hablando de combustibles. La primera vez que aterrizó un avión en Viedma (que todavía no tenía campo de aviación) el acontecimiento ocurrió en una zona a la que llamábamos el salitral. Eso quedaba entre las actuales calles Las Heras, Moreno y el boulevard Contín. En donde está el boulevard había un terraplén de defensa ante posibles crecidas de la laguna El Juncal y por allí había un terreno muy grande y plano, lleno de salitre. Allí aterrizó el avión, allá por 1934, bajó el piloto y se vino caminando hasta lo de Lehner para comprar dos latas de nafta, repuso combustible y volvió a levantar vuelo, no sabemos hacia dónde.
Las tiendas importantes eran tres: Las Novedades, de Alberto Cortés (en Belgrano y Garrone, donde ahora hay una papelería); La Pampa, de José Roda (sobre calle Colón, enfrente de la plaza Alsina), y El Indio, de José Tobi y compañía, en la esquina de Buenos Aires y Alvaro Barros (actual local de una pinturería). Una tienda más chica era de don Marcos Abrameto (padre de Jacobo Alberto) en la esquina de Guemes y Mitre, cerca de la escuela número dos.
Pero no faltaban los vendedores de tienda ambulantes, como el señor Isaac, que andaban por la calle llevando rollos de tela al hombro y una valijita llena de botones, agujas e hilos.
La lata de duraznos y la biblioteca
A la hora de rercordar alguna anécdota José nos cuenta el caso “de un cliente italiano, muy desconfiado, que llamó para quejarse porque le habíamos mandado con el pedido una lata de duraznos muy vieja, del año 1940. Fui a la casa y se aclaró la confusión: en la etiqueta el hombre había leído la dirección de la fábrica en la calle Gurruchaga 1940, de la Capital”.
“Guardo recuerdos y anécdotas de momentos muy lindos. Nuestra familia fue creciendo y se desarrolló al mismo tiempo que las familias de nuestros clientes. Cuando en diciembre de 1980 inauguramos el supermercado nosotros le hicimos homenajes a dos familias, los Yanzon y los Funes, que durante tres generaciones habían sido clientes nuestros desde 1931, cuando papá inauguró el primer negocio” agrega, con emoción.
Quedan después las referencias a su trayectoria como dirigente y político. Fue presidente de la Cámara de Comercio y del club Sol de Mayo. Radical desde la cuna, su padrino de bautismo fue el caudillo Nazario Contín, y se afilió en 1947. Pero en 1956 se sumó a la UCRI (Unión Cívica Radical Intransigente) y sigue creyendo que Arturo Frondizi “fue el mejor presidente que tuvo el país, un verdadero estadista”. Se alejó del desarrollismo en disidencia con el pacto con Perón y en 1972 se integró al Partido Provincial Rionegrino por el cual fue miembro del Consejo Municipal de Viedma entre 1973 y 1976, acompañando a Angel “Palito” Arias. Después, entre 1989 y 1991, formó parte del primer Concejo Deliberante de la capital rionegrina.
“No añoro el comercio, para mí es una etapa superada” asegura, y de su propia cosecha de experiencias opina que “ya no sirve ser autodidacta, hay que tener la preparación adecuada para afrontar nuevos desafíos”.
“Yo no seguí estudiando después de la primaria y mi papá me dijo: agarrá el caballo, atalo a la jardinera y salí a repartir, así que después de unos 15 años me di cuenta que me había quedado atrás en relación con algunos de mis compañeros. Me tuve que formar en la universidad de la calle y me nutrí en los libros, formando de a poco una biblioteca que tiene un poco de todo, pero mucho de política”.
(Nota de la serie de Perfiles y Postales, en el diario Noticias de la Cosa, autoría de Carlos Espinosa, publicada originalmente el 26 de febrero de 2006)