La emocionante historia de Octavio que se vio recompensada: “Hablamos de millones de pesos”
A través de las historias de vida se permite conocer el mundo del otro. Mirar un poco más allá. En esta oportunidad, y hablando de cuestiones que se reflejan, se pudo conocer al viedmense Octavio Torres Pereyra y a su mamá Alejandra Pereyra, trabajadora social del Hospital Zatti y del Centro de Salud del barrio Lavalle desde el año 2006.
En esta historia de sacrificio hay mucho amor y esfuerzo, y la Obra Social Provincial IPROSS es una parte importante de sus vidas, por eso vale la pena resaltarlo. Cuando muchas veces hay resquemores, no está mal resaltar las gratas noticias.
Octavio nació en la semana 25 con una parálisis cerebral como secuela de una micro prematurez extrema. Fue diagnosticado recién a los 5 años de edad, cuando pudo acceder a una atención de complejidad pediátrica y neurológica en las ciudades de Bahía Blanca y Buenos Aires.
Su mamá quiere que la sociedad sepa el valor que tiene la Obra Social para ellos y el dinero que implica para que su hijo tenga una mejor calidad de vida. “Sin IPROSS no hubiéramos podido sobrellevar la vida de mi hijo”, expresó. Una frase contundente que marca el alivió que significó para ella la ayuda recibida.
“Han provocado el crecimiento de los derechos de Octavio. Su parálisis no es evolutiva pero sí puede degenerarse y atrofiarse si no tiene las rehabilitaciones pertinentes. Por eso tiene alrededor todo un sistema de kinesiólogos, neuro ortopedista, entre otros profesionales de la Salud”, añadió Alejandra.
Por otro lado, Pereyra destacó: “El IPROSS puede dar cuenta de la cantidad de recursos que tiene que pagar para que nosotros podamos vivir. Octavio usa silla de ruedas y está con varios proyectos de rehabilitación para utilizar bastones canadienses, motivo por el que se independizaría un poco más. Ahora él precisa de ayuda para poder movilizarse, lo que implica mucho esfuerzo de nosotros como familia”.
Con mucho trabajo médico y de amor hacia Octavio, más su propia voluntad, hoy puede leer, escribir y caminar. “Cuando hablamos de complejidad y de múltiples intervenciones que precisa mi hijo o los costos por ejemplo de las sillas de ruedas, hablamos de millones de pesos. Algunos podrán pensar y decir que es un gasto enorme; para Octavio significa una mejora en su calidad de vida”, subrayó.

Actualmente, Octavio tiene 17 años y trabaja en la radio comunitaria de la ESFA, El Refugio, en Radio Encuentro y realiza colaboraciones para Radio Nacional Viedma. Le gusta leer cuentos y anhela ser periodista.
Finalmente, Alejandra reflexionó: “La discapacidad se nota, no la podés disfrazar, no la podés maquillar, no la elegís. No se puede optar ni identificarse con ella, sin embargo, es una capacidad inherente a su constitución como ser humano. Por el contrario, vivir en comunidad, significa aceptar al otro y amarlo”.